Sabina y su disco ‘500 noches para una crisis’: haciendo tiempo…

Portada del disco |500nochesparaunacrisis.com
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Hace tres semanas que se publicó el nuevo álbum en directo de Joaquín Sabina y, por el momento, funciona bien de ventas y, desde hace una, se escucha regularmente el CD por mi casa. Suena mucho: no solo porque me gusta, sino porque quería empaparme bien de él antes de escribir, al no querer fiarme de mi primera impresión.

De hecho, el primer sorbo me supo a decepción. Ya acostumbrado al disco, diversos detalles positivos lo salvan del fuego. Pero no dejo de considerar que se trata de una publicación perfectamente prescindible en la carrera del ubetense.

 

¿Hacía falta un directo ahora?

500 noches para una crisis es el sexto trabajo en directo, tercero en solitario, editado por Joaquín Sabina. Todos los anteriores tenían una razón de ser: La Mandrágora (1981) supone la fotografía de un momento único, el despegue de tres cantautores de diversa suerte conformando un despendole de ingenio y mordacidad; Joaquín Sabina y Viceversa en directo (1986) abrió las puertas del cantante al gran público, gracias a él Sabina pasó de ser un secreto a voces a convertirse en uno de los principales artistas del país –por cierto, reedición íntegra YA-; Nos sobran los motivos (2000) documentaba la primera gira del nuevo Sabina, reconvertía su repertorio eterno a su nueva voz rasgada bajo la estela del trabajo más celebrado de su carrera, el mismo que ahora revisita; Dos pájaros de un tiro (2007) es la comunión festiva de dos artistas que han conformado buena parte de la memoria generacional de los hispanohablantes; y con Serrat & Sabina en el Luna Park (2012), aunque inferior al anterior, ambos cantantes saldaban una deuda de gratitud con Argentina, que tanto los ama.

Aquel trabajo en vivo era, hasta ahora, el último de Sabina. Los parroquianos esperamos la grabación de un nuevo álbum que se lleva anunciando desde la primavera de 2014, pero el de Úbeda se descolgó con dos recopilaciones oficiales, algo inédito en su carrera, y ahora otro nuevo disco en directo.

¿Era necesario? En el presente, muchos artistas de larga trayectoria recrean en directo un antiguo trabajo, celebrando con nostalgia viejos laureles. Sabina copia la iniciativa y elige el muy celebrado 19 días y 500 noches (1999). Lo hace porque, en su opinión, la mayoría del disco ha soportado el paso del tiempo. Vale la excusa, pero ¿no son igual de atemporales las canciones de Yo, mí, me, contigo (1996), por ejemplo? Es verdad que 19 días y 500 noches es un parteaguas artístico y vital de la trayectoria de Sabina, pero aquella gira de presentación es con mucha diferencia la más documentada de su carrera: además de ponerse a la venta un CD doble de aquellos conciertos, el ya citado Nos sobran los motivos, también se han publicado 3 (¡tres!) DVDs con diferentes actuaciones de aquel tour. Quince años después, ¿por qué publicar otra vez lo mismo? Solo se me ocurren dos razones: la primera, la de hacer tiempo ante un disco de nuevas canciones que se demora más de lo planeado. La segunda, el disco es mero merchandising de su gira actual, y sirve tanto como promoción previa al concierto como souvenir a la postre. No encuentro otras explicaciones, porque ¿qué tenía de especial esta gira para documentarla en detrimento de otras tantas suyas, pasadas y futuras?

 

Repertorio que hace trampa al solitario

Si se trataba de regrabar 19 días y 500 noches, el orden de las canciones está alterado. No solo eso, faltan dos canciones en el espectáculo: “De purísima y oro”, que se incluye como bonus track grabada en la prueba de sonido, y “Como te digo una co te digo la o” (sin contar que el disco está grabado en Argentina, donde 19 días y 500 noches se publicó con dos canciones diferentes: “Nos sobran los motivos” y “La Biblia y el calefón”). Las innumerables referencias de “Como te digo una co te digo la o” a la situación política española de 1999 han provocado la caducidad de su letra, si bien algunos chivatos indican que comenzó la gira en Chile antes de ser sustituida por “Más de cien mentiras”. “De purísima y oro” es una joya de encaje trufada de modas y modismos de la autárquica posguerra española, de ahí que se deduzca la incomprensión de la letra en Sudamérica. Son pues ausencias coherentes, pero desarbolan el propósito del show.

Cartel de la gira | 500nochesparaunacrisis.com
Cartel de la gira | 500nochesparaunacrisis.com

En cuanto al resto del repertorio, escarba de un modo predecible en los álbumes de la década de 1990. Un lote de canciones que, por su trascendencia, ya han aparecido en uno (o más) discos en directo previos. Las únicas excepciones son “La canción de las noches perdidas”, que la canta la corista; y el fragmento de “La canción de los buenos borrachos”, cantada a capela por toda la banda. Persiste el olvido generalizado de sus canciones más recientes, las posteriores a Nos sobran los motivos. En este caso, solo 2 de 26 se han publicado en el siglo XXI: la magnífica “Peces de ciudad” y un tema inédito: “Ese no soy yo”, que después comentaremos. En otras ciudades se incluyeron canciones inesperadas (“Mater España”, “Violetas para Violeta”), e incluso en otro de los conciertos en Luna Park se interpretó “You/Tú” a dúo con Noa, cuya inclusión hubiera muy interesante. Resumiendo, solo 9 de 26 canciones no habían sido publicadas previamente en directo, y tres de ellas no las canta Sabina. Conclusión: repertorio predecible.

 

Relecturas desfondadas

Hay cosas positivas en 500 noches para una crisis. En primer lugar, Sabina cuenta con músicos de primer nivel que es, además, su “equipo médico habitual”, en algunos casos desde hace décadas: Pancho Varona, eterno escudero de Sabina; el legendario Antonio García de Diego; Jaime Asúa, un buen guitarrista cuya aportación al rock español, en mi opinión, no está reconocida como se merece; el muy reputado Pedro Barceló a la batería; la corista Mara Barros y el multiinstrumentista Josemi Sagaste, recientemente incorporado.

En segundo lugar, aunque ya hayamos dicho que el repertorio sea en buena parte predecible y que Sabina “apuesta al caballo ganador” regrabando su mejor pero también más mascado repertorio, ¡ojo! no olvidemos que un buen puñado de piezas están consideradas por derecho obras maestras de la canción en castellano. Y algunos momentos brillan, como los destellos santaneros de “Ahora que…”, o un cierto recuerdo a Krahe y a Mandrágora en “Pero qué hermosas eran”, pero ambas canciones se hacen largas a la escucha. La voz solista de los músicos en cinco canciones es un gesto de generosidad que no suma ni resta.

¿Qué colocamos pues en el debe? Muchas canciones suenan ralentizadas. Como si al haberlas fermentado el tiempo, la pátina de madurez que las cubre se torna falta de emoción. Aunque las canciones sean estupendas, estén bien interpretadas y el público esté entregado, en el disco falta esa magia que los flamencos llaman “duende” y que es tan difícil de explicar. El momento vital actual de Sabina es muy diferente al de la composición y grabación de 19 días y 500 noches, “último disco de juventud” en palabras del andaluz, y sorprendentemente, se termina transmitiendo.

Fotografía promocional de la gira | 500nochesparaunacrisis.com
Fotografía promocional de la gira | 500nochesparaunacrisis.com

También se palpa es que el concierto editado, el sexto bolo en el Luna Park de Buenos Aires, no suena trascendente o extraordinario por ningún motivo. Parece que había que grabar uno cualquiera de la gira para publicarse y por azar le ha tocado a este. Por último, la adaptación del “It ain’t me, babe” de Dylan, cantada con sorprendente desgana, también tira de oficio y aunque no estaría mal para cualquier otro cantante, no está a la altura de Sabina, una vez que ya sabemos lo que su creatividad es capaz de ofrecer. “Ese no soy yo” no aguanta comparación con las letras de 19 días y 500 noches, retocadas durante jornadas maratonianas en busca de un verso mejor, sin darse fácilmente por satisfecho. Mientras que la letra de Dylan es simple pero sincera, Sabina la torna artificial introduciendo formas poéticas que, en esta canción, no vienen al caso.

Aunque la presentación del disco es cuidada, la portada no aguanta comparación con el cartel elegido para la gira. La foto de la contra es aún más desafortunada, parece sacada de una película de Tod Browning. Es preferible el DVD a los CDs, ya que por lo menos te permite visionar el directo. En definitiva, este disco impulsará probablemente la gira de Sabina y servirá para hacer tiempo de cara a la publicación de las canciones nuevas. Con inquietud seguimos esperando.

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