“It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)”: metidos en el cubo de basura de Bob Dylan

Bob Dylan haciendo vaya usted a saber qué en Filadelfia en 1964 | elpais.com
Bob Dylan haciendo vaya usted a saber qué en Filadelfia en 1964 | elpais.com

Un soneto mandaba hacer Violante a Lope y yo, burla burlando también, tengo que sacar unas palabras sobre una canción y no sé muy bien cómo va a acabar todo. En los dos últimos días me he visto mirando atentamente a unas imágenes sobre un tipo que intentó hacer una ciencia de hurgar en la basura de Bob Dylan -en mi repaso periódico y habitual de dementes se encuentran este tipo de cosas. Venido arriba porque le estaban grabando, se intentaba meter en el cubo afanosamente, como cumbre de su oda al despropósito, y se quejaba de que no cabía con una sonrisa que le delataba como alguien que no se estaba creyendo su propio número. A. J. Weberman, el chalupa en cuestión, consiguió incluso hablar con Dylan por teléfono en unas conversaciones que llegaron hasta convertirse en un disco, titulado como Bob Dylan vs. A. J. Weberman.

A. J. Weberman en el cubo de basura de Bob Dylan
A. J. Weberman en el cubo de basura de Bob Dylan

Me vinieron dos cosas a la cabeza a raíz de estar leyendo sobre la historia del viejo chalado de Weberman que espero que acaben hilando al final de todo esto con lo que realmente debería estar contando aquí. La primera es que, al ver al pobre lunático ahora -porque sube vídeos a internet, parece que no hay nadie que no lo haga en este mundo-, viejo, apurando su frágil fama desde hace cuarenta años y viendo a Dylan, viejo, apurando su aura desde hace cuarenta años, pensé que el tiempo no respeta el carisma de los músicos, pero tampoco el de los chalados y eso sí que es un drama. La segunda es que, al ver aquel crecido psicópata comentando la basura que iba sacando de los cubos, me parecía injusto otorgar a cualquiera de los que escuchamos la música de Dylan mayor categoría moral que a aquel estudioso de la basura, quizá él solo hace su labor de manera más evidente. Cada vez que escuchamos un disco, buscamos una foto o escribimos unas líneas sobre alguien nos estamos metiendo un poco en su cubo de basura, de hecho, para mí, estar metido en el cubo de basura de Bob Dylan es una alegoría del mundo. Las elecciones de Andalucía, el Barça – Madrid, la peineta de Varoufakis: meterse en el cubo de basura del Bob Dylan de cada uno. Es más, incluso el propio Dylan lo único que ha vendido durante años es meterse en su propio cubo de basura y, de vez en cuando, en el que tiene la basura de todos, por eso me gusta Bringing It All Back Home, porque el cubo de basura de la música folk tiene desde ese momento a un tipo de pelo rizado durmiendo dentro.

Mi canción favorita de Bob Dylan es “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)” -incluida en Bringing It All Back Home– porque, creo, que soy consciente de que estoy de basura hasta las orejas, aunque, de todas maneras ahí está siempre “Mr. Tambourine Man” para el que crea que está salvado. Me fascina el ritmo que tiene, parece que no concuerdan en absoluto unas cosas con otras, como si fuera todo una tontería muy inconexa que no acaba nunca; si estás pendiente de la música se te olvida el tipo hablando y, si escuchas a un tipo que lo que hace es declamar más que cantar, llegas a dudar de que haya alguien tocando la guitarra por ahí detrás. Como si alguien hubiera rebuscado en la basura de los Everly Brothers y del riff de una canción intrascendente hubiera salido una rueda de engranaje que encaja de verdad, como un resto de folk clásico que en vez de ser mandado con los desperdicios en el disco de la transición al eléctrico se queda para los que no les da pudor rebuscar, una vez están sumergidos en la mugre.

Sería de locos no admitir que estamos locos.

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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