‘Bringing It All Back Home’, o cómo dinamitó Bob Dylan los cimientos del folk

Portada de 'Bringing it all back home' | bobdylan.com
Portada de ‘Bringing it all back home’ | bobdylan.com

Bob Dylan aulló en 1965 que no quería seguir haciendo canción protesta. Por los siglos de los siglos. “Es una vergüenza el modo / en que me hace fregar el suelo (…) te dicen, “canta” mientras trabajas / como un esclavo y ya estoy harto”. Un estribillo inconfundible, rabioso y certero decretaba, entre el edicto y el epitafio, el fin de una época y la apertura de una nueva, la del Mercurio: “Nunca más voy a trabajar en la granja de Maggie”.

Cuando Dylan grabó Bringing It All Back Home no había cumplido aún los 25 años, y ya tenía cuatro discos –tres, brillantes- a sus espaldas. El cantautor era seguido por miles de feligreses, sobre todo, jóvenes, universitarios y de izquierdas, quienes encontraban en piezas como “Blowin’ in the Wind” o “The Times They’re-A-Changin’” proclamas mesiánicas, laicas y revolucionarias. Pretendiéndolo o no, el artista se convirtió en el becerro de oro de la progresía. Harto de esta tropa, en su anterior disco, Another Side of Bob Dylan (1964), el músico de Duluth dio mayor protagonismo a las canciones de amor, como “To Ramona” o “It ain’t me, babe”.

Su siguiente movimiento fue aún más brusco.

“Prefiero escuchar a Jimmy Reed o a Howlin’ Wolf, tío, o a los Beatles o a Françoise Hardy, que a cualquier cantante protesta… Aunque no los haya escuchado a todos ellos. Pero a los que he escuchado… Se da esta vacuidad total que es como decir: ‘Juntemos las manos y todo irá divinamente’”.

(Entrevista de Paul J. Robbins, L.A. Free Press, marzo de 1965)

En enero de 1965, Bob Dylan y su productor, Tom Wilson, reunieron en el estudio de grabación a una banda de rock&roll. Registraron dieciséis canciones; descartaron seis. “No sigas a los líderes”, “nunca más voy a trabajar en la granja de Maggie”, “incluso el presidente de Estados Unidos, a veces, tiene que estar desnudo”: el músico cambiaba su discurso (político) habitual por uno más individualista, cínico y divertido. Había guiños, por no decir tics, al amor y a la droga. Y, ya puesto, aliñaba todos estos ingredientes con guitarras eléctricas.

Para Miguel Ángel Hernando (Lichis), la electrificación de Dylan “era cuestión de tiempo”: “Sabe que el fondo de sus canciones es rock y que la actitud de Guthrie –cantautor de izquierdas venerado por BD- también. Él se rockeriza y el rock se poetiza”.

En opinión de Igor Paskual, con la publicación de Bringing…, “Dylan dejó de ser percibido como un artista folk y entró definitivamente en los terrenos del rock amplio, es decir, ya pasa a formar parte del mercado pop en todo su sentido”. Sin embargo, el guitarrista considera que, desde un punto de vista musical más genérico, el cambio no fue tan revolucionario: “No creo que entre  “Subterranean Homesick Blues” y “You can’t catch me” o “Too much monkey business” de Chuck Berry haya tanta diferencia, excepto por el léxico. Otro paso que es importante es “You’ve got to hide your love away” de los Beatles que, aunque se edita en agosto en el álbum Help, ya la habían grabado en febrero. Es decir, es Lennon haciendo de Bob Bylan con un resultado fabuloso”. “No es tan importante para el curso de la música de esos años que Dylan se electrificase, aunque insisto, sí lo fue para su carrera. Fue más importante sino que los Beatles escuchasen a Dylan, eso me parece más rompedor y, además, motivó que Dylan quisiera electrificarse”, agrega.

La importancia del léxico. Dylan se inspiraba en poetas como Rimbaud o Allen Ginsberg, el actor W. C. Fields o el cantautor Charlie Rich –“la familia trapecista del circo”, decía- para construir un nuevo mensaje.

“No voy a decirles que soy el luchador de la gran causa ni el amor universal o el gran geniecillo o lo que sea. Porque no lo soy, tío. ¿Para qué confundirles?”

(Entrevista de Paul J. Robbins, L.A. Free Press, marzo de 1965)

El filólogo José Antonio Soto nos dice: “En Bringing… hay imágenes surrealistas, escritura automática, grandes aforismos, símbolos, inesperadas asociaciones de ideas y brillantes juegos de palabras; en definitiva, una poética que hasta ese momento nunca había sido utilizada en un disco de rock. Influido por Ginsberg, por William Blake, por la Biblia, entre otros, Dylan inventa un lenguaje nuevo, suyo, muy diferente al utilizado en trabajos anteriores”. “Esto supuso –añade- que el rock, estilo musical en el que las letras nunca habían salido de los cuatro tópicos de siempre, se intelectualizara, se volviera un género mucho más serio y culto”.

Fotograma del videoclip "Subterranean Homesicl Blues" | Imagen de vídeo
Fotograma del videoclip “Subterranean Homesicl Blues” | Imagen de vídeo

La revolución indigestó a más de uno. Los hooligans de la ortodoxia, los que se proclamaron más papistas que el papa, recibieron como una bofetada las nuevas canciones. Dice Lichis: “Los cambios en la carrera de los músicos son siempre mal recibidos y, sólo después de un tiempo largo, todo vuelve a su sitio”. El periodista Diego Manrique afirma: “Se trataba de la actitud de Dylan y su rechazo de la canción política. Rompía una cierta unanimidad y muchos corrieron a apedrear al hereje. Eran militantes de izquierda que rechazaron el cambio de temática y lenguaje. Si hubiera seguido haciendo canción política con banda de rock, hubiera colado sin tanta polémica”.

Pese a algunos ladridos, el disco fue muy bien recibido por la crítica y a nivel comercial, alcanzando el primer puesto en la lista de discos más vendidos del Reino Unido, y el sexto en la lista Billboard 200. Además, fue certificado como disco de platino por la RIAA, al superar el millón de copias vendidas.

Aún así, los folkies más conservadores se la tenían guardada a Dylan y, cuatro meses después de que publicara Bringing… -y un mes después de que lanzara el sencillo “Like a Rolling Stone”, casi nada-, estos desataron una tormenta de abucheos… que el cantautor supo aprovechar muy bien para alimentar su leyenda.

25 de julio de 1965. Festival de Folk de Newport (Rhode Island). Portando una Fender Stratocaster, Dylan actúa junto a una banda de rock. Arranca con “Maggie’s Farm” y continúa con “Like a Rolling Stone”. Bien sea por la calidad del sonido –excusa de los folkies-, bien por el nuevo barniz de las canciones, el público estalla y abuchea. El cantautor Pete Seeger, consagrado y rojo, buscó un hacha para “cortar los cables”. “No se entendía la letra. Yo estaba frenético”, declaró en el documental No Direction Home, de Scorsese. Dylan, enfurecido, abandona el escenario. Al rato vuelve para cantar en acústico “It’s All Over Now, Baby Blue” y “Mr. Tambourine Man”. Entonces, el público sí que responde de un modo favorable.

Dice Paskual sobre la accidentada participación de Dylan en Newport: “Las quejas parece que son por el poco tiempo que toca o por el deficiente sonido. Quizá Dylan sí creyera realmente que le silbaban por eso. De hecho, muy pronto se corrió la voz del supuesto fracaso en Newport y en los siguientes conciertos es posible que le abuchearan condicionados por ese rumor”. “Pero Dylan –añade- y, sobre todo, su manager, Albert Grosmann, supieron construir su carrera a base de golpes publicitarios muy buenos; un año después aprovecharían un terrible accidente en moto que le llevó a dejar el directo durante ocho años. Ahora se sabe que no fue tan grave, pero eso contribuyó a construir el mito. ¿Qué mito? Pues el del personaje que sigue sus propias reglas, el que hace lo que quiere, el tipo misterioso y huidizo que vive para su arte, vamos, todos los clichés del artista romántico. Nada nuevo bajo el sol. Y en Newport ocurrió eso lo mismo. Aprovechó esos abucheos del público por otros motivos para vender su imagen de cantante enfrentado al mundo, luchando contra viento y marea por su obra. Mentira”.

Una gran colección de canciones

Bringing… está compuesto por once canciones. El autor dividió el álbum en dos partes, según el estilo que utilizaba en las piezas. Así, la cara A contenía las canciones con banda de rock; la cara B, las que estaban grabadas en acústico. Se nota que es un trabajo de transición, siendo el menos eléctrico de la “Trilogía del Mercurio” –llamada así por el propio Dylan porque el sonido fluía como el citado mineral, y formada por Bringing…, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde-, aunque los temas con banda de rock sí que son los más agresivos de esta colección de discos, por decirlo de algún modo.

El disco arranca con “Subterranean Homesick Blues”, eléctrica, cáustica, llena de cuchillos:

“Mejor aléjate de esos
que llevan una manguera de fuego,
mantén limpia la nariz,
guarda la ropa de calle,
no necesitas al hombre del tiempo
para saber por dónde sopla el viento”.

En “She Belongs to Me”, Dylan alaba a una mujer inigualable, a “una artista” que “no mira atrás”; “Maggie’s Farm” es una bofetada a los hooligans ortodoxos; “Love Minus Zero/No Limit”, un canto a un amor puro y un tanto siniestro –“Mi amor es como un cuervo / con un ala rota en mi ventana”. En “Outlaw Blues”, “On the Road Again” y “Bob Dylan’s 115th Dream”, el cantautor se desmelena, gasta agresividad, surrealismo y mala leche. Qué decir de “Mr. Tambourine Man”, tan bella, tan química y, aparentemente, tan inocente. “Gates of Eden” e “It’s Alright Ma (I’m Only Bleeding)” son canciones que podrían estudiarse en cualquier facultad de Filosofía, e “It’s All Over Now, Baby Blue”, una deliciosa pieza sobre una ruptura, quizá también con segundas:

“Deja atrás tus escalones,
hay algo que te llama,
olvida los muertos que has dejado,
ellos no te seguirán”.

Cuenta José Soto que, al publicar Bringing…, “Dylan ya no es el joven seguidor de Woddy Guthrie, sino justo el hombre que está cambiando el curso de la música popular desde las formas más tradicionales hacia un nuevo concepto, hacia un género que es indiscutiblemente propio y genuino”. Sirva este texto para celebrar el 50 aniversario de este enorme disco, uno de los más importantes, sin duda, de la historia de la música contemporánea.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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