Jorge Alonso: Nick Cave & The Bad Seeds, más allá de Dios y la droga

Jorge Alonso | Fotografía facilitada por el autor
Jorge Alonso | Fotografía facilitada por el autor

Entrevisto al escritor Jorge Alonso (Gijón, 1977) en el Café del Real, un local bohemio, con jazz sonando de fondo, tostas de jamón a tres euros y vistas a una plaza dedicada a una reina casquivana. Conversamos sobre su última obra, Nick Cave & The Bad Seeds: Compartiendo las semillas (66 rpm Edicions, 2014), una completísima biografía en español del cantante australiano y -muy importante la conjunción copulativa- su banda.

 

P: Antes de nada, me ha llamado mucho la atención que seas profesor de un “Aula de Música Pop Rock” en la Universidad de Oviedo. ¿Cómo se forja ese proyecto?

R: El vicerrector es un chaval al que le gusta mucho la música. Es doctor en Filosofía, y decía que era un escándalo que se estudiara en la universidad arte, literatura, etcétera, y la música rock, por el hecho de ser cultura popular, estuviera alejada del ámbito académico. Él pretendía no subir un peldaño la música popular, sino al revés: bajar el ámbito académico al ras de la música popular. En ese Aula de Música Pop Rock, en la que he colaborado en varios cursos, el primero que se hizo fue sobre Nick Cave. El subtítulo del libro, “Compartiendo las semillas”, viene de ese curso.

P: ¿Están infravalorados el pop o el rock en el mundo académico?

R: En España está infravalorada la música popular, está tomada como si no fuera una de las bellas artes, que es lo que es, en realidad. Y genera muchísimo interés. El Aula de Música de Pop Rock de la Universidad de Oviedo se llena siempre. Se queda gente fuera siempre.

P: Escuchas a Cave por primera vez con 15 años, pero te adentras en su mundo varios años después. ¿Cómo siembra las semillas en un tipo tan joven?

R: Creo que no es un tipo al que se pueda llegar con 14 ó 15 años sin más. Las referencias que tiene y las cosas de las que habla no son fácilmente asimilables. Lo conocí viendo la MTV, cuando la MTV ponía música, hace mil años. No me compré un disco hasta 6 ó 7 años después. Seguí su carrera a través de vídeos, y en el momento en que me atrapa es un directo en el 98, en el Doctor Music, cuando se hacía en Lleida. Estaba presentando un ‘grandes éxitos’, el primer disco suyo que escuché.

Portada del libro | 66 rpm
Portada del libro | 66 rpm

P: Al principio iba a ser un cancionero. ¿Por qué cambias el rumbo del libro?

R: La idea era traducir las letras de Cave. Y ya. Ya es bastante (risas). Empecé a hacerlo. Pero me dí cuenta de que había discos, como The Boatman’s Call, en el que las letras quedaban cojas sin explicar de dónde vienen. No puedes explicar “Into my arms” o “Far from me” sin contar la situación personal de Cave. En ese momento, se estaba separando de su primera mujer y estaba sobreviviendo a un romance muy breve o muy intenso con PJ Harvey. O no puedes explicar las letras de los 80 sin decir que estaba en Berlín chutándose heroína o metiéndose speed prácticamente todo el rato. Al final, el contexto se ha comido a las letras.

P: ¿Cómo se traduce a un tipo que escribe con el tesauro?

R: Cuando no escribe con el tesauro escribe con un diccionario del siglo XIX o más atrás. Tuve la suerte de contar con una amiga que es traductora. Es muy jodido. Conociendo bien el contexto se puede sacar mejor lo que quiere decir. Por otro lado, empecé a estudiar inglés cuando era un chavalín. Hace falta inglés de verdad, no el que pones en el currículum. Los giros que utiliza son bastante jodidos. No hay que olvidar que es australiano. En Australia se han quedado palabras como encapsuladas en el tiempo, y en Inglaterra y en EEUU no se usan, pero en Australia sí… También es cierto que, en España, me parece que se traduce bastante mal, que la gente se ciñe a lo literal, y eso no funciona en la música popular, que está llena de giros y de guiños. En sus letras también hay muchos cultismos.

P: ¿Ha sido fácil con la industria que rodea a Cave?

R: No (risas). Todos los contactos con Mute, su sello, fueron a través de correo electrónico. Fue jodido. A él no le interesa gran cosa lo que interesan sobre él. Y a su sello, que se pusiera en contacto un español, diciendo que iba a escribir sobre él… Pensarían: “Me parece muy bien, mejor que drogarte” (risas). Cuando dije lo de las letras… él es muy celoso con ellas, y hasta que le dije lo del traductor jurado, fue jodido. Y el tema de las fotos es una locura. Son carísimas. Hay mil permisos: no sólo las tiene él. Hay que hablar con el autor de la foto, y este tiene una agencia… En ese sentido, Cave fue muy generoso: las letras están cedidas. No se lleva cacho por esto. Y cuando hablé con el sello, lo primero que me dijeron fue: “No vas a tener contacto con Cave ni con ningún Bad Seed. ¿Te vale?”. Dije que sí, y para adelante.

P: ¿Y cómo se consigue tener una banda “autorizada” de versiones de Cave?

R: No es una cover band que se disfraza. Es un homenaje, con mucho respeto y cariño. Nace de ese curso de la Universidad de Oviedo. En Gijón hay unos músicos estupendos: Nacho Vegas, o la gente de León Benavente, Igor Paskual… Nace por darte el gustazo de tocar un tema que te gusta mucho. Pero Cave, a través de este contacto que teníamos en Mute, cuando lo hicimos la primera vez no pasó nada; pero al contar que nos habían salido bolos, el tipo me mandó un correo diciéndome que no se me olvidara especificar a la SGAE las canciones de Cave que tocábamos para que le pagaran. La madre que te parió (risas).

P: Dices en una parte del libro: “No se hacen canciones gracias a las drogas. Se hacen con las drogas e, incluso, pese a las drogas”. ¿En qué medida influyen en la obra de Cave?

R: La heroína y el speed eran sus drogas fetiche en los 80, aunque también hay mucho humo. Hay que recordar que este tío se instala en Berlín en la Guerra Fría. El Berlín Oeste, el capitalista, daba muchas facilidades a los músicos. Daban un carné de artista que significaba casa gratis y ayudas. Entonces, tenía mucho dinero. En el caso de Cave, se nota en el aire opresivo de sus canciones. Son asfixiantes, quieren agobiarte. Nunca estuvo tan jodido como para dejar de currar. Un yonki no escribe, no puede componer en condiciones, con esa frecuencia y así de bien. Yo soy muy fan de Antonio Vega. En él vas notando cómo va espaciando los discos y menguando la calidad en el tiempo. En el caso de Cave nunca pasó. El hecho de consumir le vino bien por oposición: cuando se vio obligado por primera vez a tocar sin meterse nada, y vio que podía hacerlo bien sin ello… sus mejores discos vienen a partir de ahí.

P: Como yonki era un poco pardillo.

R: Su enfado con los periodistas viene de una entrevista que le hicieron en Londres en el 80 y poquito. Se fue al baño y se chutó. La periodista hizo su trabajo. Igual carga un poco las tintas cuando titula “Un hombre llamado caballo”, y a él le sentó fatal. Era muy torpe. Una de las primeras veces que fue a Nueva York y se fue a pillar a un barrio de negros. Además de que le atracaron, por gilipollas, le detuvieron: la Policía vio a dos blanquitos en ese barrio, y pensó: “de turismo, no están”(risas).

P: ¿Cómo abordamos su visión religiosa? Encuentro demasiados bandazos espirituales, por decirlo de algún modo. Ahora creo, ahora no, ahora creo de tal forma, ahora de esta otra…

R: Nosotros vivimos en la Europa católica, apostólica y romana. A nosotros, un cura nos interpreta la Biblia y nos dice cómo interpretarla. Él viene de una cultura protestante, en la que cada uno interpreta la Biblia a su manera. Cave llega a la Biblia siendo un chavalín y le fascina. Queda prendado primero del Antiguo Testamento y, luego, con la figura de Jesús. Aparte, él va desarrollando sus historias. Él es creyente, no pertenece a ninguna iglesia, pero es creyente. Llega un momento en que funde la religión con las canciones de amor. Dice que toda canción de amor habla de Dios, o sale Dios en algún momento. Él tiene sus reservas, no le gusta la institución, pero mantiene una relación muy intensa con la religión católica, la Biblia o la figura del Diablo. Y la maneja muy bien: este tío cita de memoria la Biblia. A nosotros se nos puede escapar, y nos parece raro que se hable de Dios en el rock. Hace unos años, la revista Mojo le dedicó una portada en la que ponía: “Dios, heroína y el resto”.

P: ¿Y la figura de Jesús?

R: Él decía que la figura de Jesús no le gustaba, que era un soso de la hostia. A él le molaba el Antiguo Testimonio, con los muertos, el pueblo elegido, etcétera. Él leyó el Evangelio según San Marcos. Se lo recomendaron porque era breve, y luego lo prologó. Aparece un Jesús menos hijo de Dios y más humano, y es el que más le gusta a él.

P: El título de la obra es “Nick Cave & The Bad Seeds”, remarcando la importancia de su banda. ¿En qué medida afectan las presencias y ausencias de gente como Blixa Bargeld, Mick Harvey o Warren Ellis?

R: El libro no es una biografía de Nick Cave; de ser una biografía, es de Cave y Bad Seeds, de la banda. En el momento en que sale Blixa Bargeld, por ejemplo, el sonido de la banda cambia completamente. Se va el toque berlinés, de vanguardia. Blixa no mete más de 5 ó 6 acordes, pero los que mete, los mete muy bien. Y el caso de Mick Harvey es aún más sangrante. De hecho, si algo bueno tiene el último disco de Nick Cave & The Bad Seeds es que no parece Nick Cave & The Bad Seeds. El sonido de Push the Sky Away no tiene nada que ver, porque Harvey, que era el 80% del sonido de la banda no está. Ahora, al mando está Warren Ellis, quien tira de loops… es otra cosa. También se nota mucho cuando se intercambian posiciones en las percusiones y la batería Wydler y SclavunosSiempre se echa de menos al que se va. Blixa fue la primera gran ausencia, pero ese hueco hace que los Bad Seeds graben un disco doble, que es una puta obra maestra. Con Blixa no se hubiera grabado. Hay canciones pop. Si le das una acústica y haces “Breathless”, a Blixa lo matas. Ese hueco lo aprovecha el resto de Bad Seeds, sobre todo, Mick Harvey, y se nota muchísimo. Y cuando Warren Ellis va subiendo galones, desemboca en la marcha de Harvey. Cada formación de los Bad Seeds tiene un sonido concreto.

P: Pese a sus mutaciones, conforman una de las mejores bandas del mundo.

R: Para mí, los Bad Seeds están al nivel de la E-Street Band o los Crazy Horse de Neil Young. Sin los Bad Seeds, Cave hubiera sacado un disco o dos, y fuera. No hubiera salido de Australia. Sobre todo, sin Mick Harvey: era el currante, el que tenía los pies en el suelo, el que no se drogaba. Al llegar a Londres, es el primero que empieza a currar, en un supermercado. Cave no, quería ser un artista, y no trabajó hasta que empezó a pasar hambre.

P: Con la película 20.000 días en la Tierra, tu libro, los conciertos… No voy a decir que en España vivamos una “nickcavemanía”, pero ¿es más popular Nick Cave ahora que hace quince años?

R: Nunca ha estado tan visible Nick Cave en España como lo está ahora. A partir del doble lo traen a Benicassim. Por cierto, a él no le hizo ni puta gracia, porque no fue cabeza de cartel. Esa noche fueron Oassis. Ahora, con la película, está llegando a muchísima más gente de lo que los fans con galones con Nick Cave hubiéramos podido imaginar. Ahora, cada vez que viene llena. Las entradas se agotaron en seguida, los precios son carísimas…

P: ¿Qué esperas de los próximos conciertos? Se anuncia como Nick Cave, sin más.

R: Le he visto en este formato. Normalmente viene con un par de Bad Seeds. Es muy recomendable. Evidentemente, no tiene la potencia que tiene con todos los Bad Seeds en directo, pero es un tío que se maneja extraordinariamente bien en la distancia corta, en la relación íntima. Parece que está tocando sólo para ti. Además, odia a la prensa, pero quiere mucho a sus fans, es muy educado. Y en este tipo de formatos anima a la gente a que le pregunte cosas, establece una conexión muy íntima con el público. Lo vi en Barcelona en ese formato. Tenía una taza de te. Un tipo le preguntó qué tenía en la taza. Él respondió con sorna: “Crack. ¿Quieres un poco? Hay un tipo vendiendo en la calle”. Es todo perfecto, excepto el precio (risas).

P: ¿Sobre qué otro artista escribirías un libro?

R: Ahora estoy trabajando en una novela, por desintoxicarme del ensayo y la documentación. Pero en este sentido, me gustaría hacerlo con PJ Harvey o The Waterboys. PJ Harvey es una tía con mucho que decir.

Jorge Alonso, durante una actuación | Fotografía facilitada por el autor
Jorge Alonso, durante una actuación | Fotografía facilitada por el autor

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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