‘El Fin de la Comedia’, con Ignatius Farray: la comedia es el nuevo rock ‘n roll

El fin de la Comedia (Ilustración de Joaquín Reyes)

“La comedia salvó mi vida” grita un tipo de tupida barba sin camiseta sin que, en apariencia, venga mucho a cuento. A nadie le sorprende -en primera instancia porque ya nada tiene capacidad de sorpresa- pues han hecho de ese rostro algo familiar. Ignatius Farray parece saberlo, pero no actúa como si le importarse demasiado, es más, está dispuesto a reírse de ello sin hacer muchas cuentas, a sacar un rédito de todas esas historias de complacencia del público y de ese desmadre cotidiano y rutinario que es la comedia para una persona cuyo trabajo es tratar de hacerla.

Yo le descubriría por las mismas razones que casi todo el mundo, como aquel tipo que hacía de Loco de las coles en La Hora Chanante, sin darle más importancia porque, sin coles, parecía estar genuinamente loco. También recuerdo haber rechazado ver una actuación suya en Salamanca, hace ya mucho tiempo, diciendo: “no necesito que nadie me hable del coño de Leonor Watling“, y probablemente no lo necesitaba, uno va teniendo sus prioridades y las mías, aunque igual de extrañas, no eran tan concretas. Pero Ignatius no es solo eso, un cómico con aires grotescos y grosero con un gorro de cumpleaños en la cabeza, Ignatius es más Allen Ginsberg que el Loco de las coles, es un cantante de karaoke borracho riéndose de un Bisbal asustado en una esquina implorando misericordia.

El Fin de la Comedia es una reivindicación de cómicos valientes en el fondo, en la forma es un acierto certero en la búsqueda del dial correcto por parte de los sintonizadores Farray, Esteban y Navarro. Tiene ese formato tan agradecido del falso documental o mockumentary, que hace al público partícipe y no mero espectador de la acción cinematográfica, así, nos sumergimos en la vida de cómico de Ignatius a través de lo que rodea en su vida de ciudadano, siendo esto quizá la primera broma, pues, la gente difícilmente suele atribuirle cualidades de persona a cualquier personaje televisivo, más siendo uno tan peculiar como Ignatius Farray. Con un toque tierno e incluso dramático, pasarán ante nosotros la sospecha que detrás del animal hay persona, que detrás de una lamida pezonera en una actuación hay algún tipo de mensaje.

Mi intención con el uso de este tono, de esta redacción, aunque no lo parezca, no es hacer una crítica (qué asco) para que ustedes sepan lo que es bueno o malo, es más, ustedes, con el concepto de ustedes como público en general, me dan exactamente igual (incluso les hablo de usted). Mi intención es alabar el buen gusto, una oda a las cosas bien hechas que rara vez se encuentran, El Fin de la Comedia es una de esas cosas bien hechas que son frágiles porque el mundo televisivo tritura todo a su paso, es una de esas cosas que merece la pena ver, y por la que merece la pena perder un poquito de tiempo para escribir. ¡Por la comedia alternativa!

¡La comedia salvará sus vidas!

¡La comedia es el nuevo rock ‘n roll!

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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