‘Antología desordenada’, de Serrat: 50 años de emociones y sentimientos

Joan Manuel Serrat | jmserrat.com
Joan Manuel Serrat | jmserrat.com

De Serrat se ha dicho de todo, bueno y malo. Pero todas las cosas positivas que sobre él se han dicho son verdaderas. Siempre que se realiza una encuesta sobre cuál es uno de los mejores artistas de la música española, independientemente de quién la haga, Serrat se cuela entre los primeros. Cuando programas de televisión o revistas especializadas preguntan por la mejor canción de la historia de este país, “Mediterráneo” se alza el primer puesto o, como mínimo, aparece en el podio; y otras canciones suyas ocupan puestos inferiores. Lo mismo pasa con su LP Mediterráneo (1971): se repite sistemáticamente al repasar los álbumes imprescindibles de nuestra música. Por otro lado, no conozco artista de canción popular en castellano que tenga tantos discos tributos en el mercado como él. Recientemente se acaba de publicar Serrat encanta (2014), una caja de 10 CDs que recopila varios de estos tributos… y no incluye todos los que existen. Las medallas, doctorados honoris causa y homenajes de la profesión son innumerables. Continuamente se escriben nuevos libros, estudios, cancioneros, tesis doctorales sobre su obra a ambos lados del Atlántico. Y es que Serrat no es un cantautor más, sino probablemente el mayor hacedor de memoria sentimental colectiva e intergeneracional que ha tenido la música en castellano en el siglo XX. El reconocimiento es siempre unánime. Solo Joaquín Sabina, tan diferente y tan complementario, puede rivalizar con él en este sentido, pero el andaluz anduvo el camino cuando el catalán ya lo tenía recorrido desde mucho tiempo atrás y estaba de vuelta. Por eso Sabina cantó “yo de joven quisiera ser como él”.

El 18 de febrero de 1965, exactamente hoy se cumplen 50 años, comenzó su carrera musical actuando en un programa matinal de Radio Barcelona. Serrat estudiaba peritaje agrícola y comenzó a cantar para ligar. Lo hacía en catalán, su lengua paterna, la lengua del barrio, el idioma incómodo para el franquismo. Puntal de la llamada Nova Cançó, se integra en Els Setze Jutges, una especie de colectivo musical que reivindica el catalán. Serrat es el primero de los jueces con aspiraciones de profesionalizar su música y labrarse una carrera de futuro. En 1967 consigue su primer nº 1, “Cançó de matinada”, que es asimismo el primer nº 1 en las listas españolas de una canción en catalán. Este mismo año comienza a componer en su idioma materno, y en 1968 es estigmatizado precisamente por los idiomas: mientras que su órdago de interpretar “La, la, la” en catalán el Festival de Eurovisión le llevará al silenciamiento oficial y a las pitadas de los nacionalistas españoles intransigentes, muchos nacionalistas catalanes igual de intransigentes que los otros critican vehementente sus canciones en castellano. Es una historia conocida, amigos: traidor para unos y otros, Serrat aprende que será la libertad la que debe hacer bandera con su obra, no solo en el aspecto idiomático, sino en todos los aspectos cotidianos en que es coartada. “Para la libertad, sangro, lucho, pervivo”. Serrat siempre ha sido muy sutil, y así se cuelan temas incómodos en sus letras, reflejando la pluralidad de aristas en la vida cotidiana en sus canciones: espitas sobre la eliminación momentánea de las clases sociales (“Fiesta”), la liberación sexual (“Conillet de vellut”, “Poco antes de que den las diez”), la miserable situación del campesinado (“Manuel”), la infidelidad (“Los debutantes”), o musicalizando a poetas incómodos para el franquismo.

Si, con la cantidad de zancadillas y vetos oficiales que hubo de sufrir, Serrat no cayó en el ostracismo fue porque la inmensa calidad de su obra, por encima de la mayoría de sus coetáneos, se atornilló en el sentimiento colectivo: culto y popular, elaborado y sencillo, delicadas radiografías de las pequeñas cosas cotidianas, retratos sociológicos, evocaciones nostálgicas, cálidas postales de amor. La gente sintió como propias unas canciones que solo se radiaban en las emisoras privadas, y Serrat no dejaba de trabajar, componiendo, grabando y recorriendo de punta a punta tanto España como Latinoamérica, donde lo aman con fervor. La capacidad lírico-musical que Serrat desplegó en su etapa en Zafiro-Novola (1968-1974) es deslumbrante, una de las cimas artísticas de la música en castellano, de difícil parangón en trabajos ajenos, e incluso propios. Solo su etapa en Edigsa, coincidente en el tiempo (1965-1977) la iguala, pero es relativamente poco conocida por encontrarse cantada en catalán, algo que yo no comprendo: Per al meu amic (1973) está en todos los sentidos al mismo nivel que La paloma (1969).

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Portada del disco

El compromiso sociopolítico adquirido por Serrat, ya convertido en un símbolo como se explica en la película El símbolo y el cuate (Francesc Relea, 2013), le obliga a exiliarse en México durante once meses tras realizar unas declaraciones contra la sanguinaria dictadura franquista. En aquel tiempo, según el propio Serrat, “las musas se extraviaron”. Cierto es que los álbumes de esta etapa no están a la altura de los anteriores, pero incluso en el menos inspirado de sus trabajos se encuentra como mínimo una canción ante la que es irresistible quitarse el sombrero. Una vez restituida la democracia en España, Serrat se alinea públicamente con el PSOE, pero sus discos son ahora prohibidos por las dictaduras latinoamericanas. Desarrolla ahora una serie de álbumes que son verdaderos manuales de urbanidad y respeto democrático, con letras que, según Fernando Neira (Lesende, Neira, 2006:170) “recurrían menos al lirismo y la metáfora, pero su temática llana e ingeniosa creó adicción”. Pertenece a esta “edad de plata” de su carrera álbumes como En tránsito (1981) o Cada loco con su tema (1983). Como curiosidad, Serrat fue el primer artista español del que se publicó un bootleg, el LP pirata “Serrat en directo, verano del 83”, más conocido como Serrat al Grec. En aquellos años, con Ricard Miralles como arreglista y productor musical desde 1969, en sus directos se cuelan sonoridades layetanas (Serrat contó con “Kitflus” y con miembros de Barcelona Traction en varias giras) mientras que sus álbumes se recargaban progresivamente de ampulosos y elaborados ropajes orquestales. Tras un resbalón de crítica, que no de público, como fue Bienaventurados (1987), se introducen nuevos productores (Josep María Bardagi, Josep Mas “Kitflus”), que modifican sonoridades pero no conceptos. Miralles regresa a la música de Serrat con el nuevo siglo, transformado ya en su inseparable escudero.

Así han ido pasando los años y Serrat se ha convertido en alguien por encima del bien y del mal. Su público se ha ido renovando década tras década: las canciones pasan de padres a hijos, de hijos a nietos, y todos las sienten con la misma emoción e intensidad. Sus particulares e inconfundibles vibratos son parodiados por humoristas. Como acertadamente dice Vicente Fabuel en un artículo:

“Férreo dueño de una trayectoria musical coherente y perfectamente calculada (igualmente podría decirse que por momentos conservadora, excesivamente prudente y sin un solo sobresalto creativo) desde su primer disco EP editado en 1965 hasta el último trabajo […] el éxito jamás ha dejado de sonreírle”

Con más de 40 álbumes publicados, en agradecimiento a la vida, para conmemorar sus bodas de oro con la música, se publicó Antología desordenada (2014), cuyo lanzamiento se adelantó para que coincidiera con la campaña de navidad, pues es el momento del año en el que actualmente se compran más discos.

Antología desordenada

La celebración de su carrera es, precisamente, lo que impulsa la publicación de este disco. Se trata de un descomunal Papito: 50 canciones -33 en castellano, 16 en catalán y 1 en portugués-, 31 de ellas interpretadas a dúo, 202 minutos de música distribuidos en 4 CDs. Con un completísimo y muy cuidado libreto de 104 páginas, de presentación exquisita, que incluye un largo texto biográfico escrito por el propio Serrat, además de la letra de todas las canciones, detalles sobre músicos, arreglistas, colaboradores, etcétera. En él hace un repaso en primera persona de las experiencias que más le han marcado como artista y como ser humano, y recuerda a amigos y compañeros de viaje, con ese sentido humanista y generoso que le caracteriza.

El proyecto lleva coleando desde el año pasado, y ha sido modificado en su cocina. En un primer momento iba a titularse “Trencadís”, en referencia a las teselas de los mosaicos gaudianos. Aunque se compraron dominios de internet, la idea se desechó. Se anunció asimismo la publicación de tres álbumes para 2015 (uno de canciones nuevas en castellano, otro de canciones nuevas en catalán, un tercero en directo), pero el estajanovismo se reservó finalmente para regrabar antiguas canciones. Algunas ideas, como enumerar cada canción para que fueran votadas por los fans en la web y añadir así las 10 con mayor puntuación a la gira, fueron también descartadas. Por último, tampoco aparece el “La, la, la” cantado en alemán que Serrat anunció socarronamente en una entrevista para El País.

En su lugar, las 50 canciones escogidas abarcan toda su carrera. Este es uno de los aciertos del disco: todas las épocas están representadas de manera homogénea, y evita así olvidar etapas menos recordadas o sobrecargar el disco con sus canciones más célebres. En este cuádruple CD faltan canciones, pero no sobra ninguna. Quien quiera escuchar las mismas canciones de siempre, que se compre 24 Páginas inolvidables (1993). Pero quien no pasó de aquellos tiempos seguramente ignore que Sombras de la China (1998) o (2006) se encuentran entre sus obras mayúsculas o que “Es caprichoso el azar” (2002) o “Hijo de la luz y de la sombra” (2009) son dos de las canciones más bellas que ha grabado el catalán en toda su carrera.

En cuanto a los dúos, todos los artistas parecen conscientes de la responsabilidad que tienen entre manos, pero todos intentan más o menos llevar a su terreno las canciones. Los más originales hayan sido Calle 13, que han reescrito sus versos en “Algo personal”, quizá sea lo más atrevido que se ha visto en un álbum de Serrat en décadas. Los hay desde los de la generación de Serrat, sus amigos de toda la vida, hasta los novísimos Pablo Alborán o Silvia Pérez Cruz; de numerosas nacionalidades, incluidos artistas que no son conocidos en España como Paquita la del Barrio o algunos de los integrantes de una Resaca Sudaca creada ex-profeso para cantar “Fiesta”. Algunas de las lecturas se hacen flamencas, quizá debido a los artistas con los que hace los dúos (“El meu carrer”, “Romance de Curro el Palmo”, “Mediterráneo”). Rubén Blades transforma en una salsa “Para la libertad” y Les Luthiers incorporan sus peculiares instrumentos en “Las malas compañías”. Salvo Miguel Ríos, se echan en falta artistas de la escena rock, pero es que Serrat ha bebido de las fuentes de la canción francesa, de la copla, del bolero, del tango.

No todas las canciones han sido grabadas para la ocasión, ya que un buen puñado de dúos se rescatan de otros discos, bien porque el artista falleció (Mercedes Sosa) o bien porque, según dice Serrat en el libreto, “una nueva grabación de estos temas no iba a aportar nada a las preexistentes”. Aunque la nota de prensa dice que son 11 las canciones que conservan sus registros originales, hay 8 canciones más que mantienen los arreglos de sus discos de procedencia, habiéndose regrabado exclusivamente la pista de voz. Por cierto, Serrat canta con ganas y emoción en el disco: ahora tierno, ahora ampuloso, ahora grave, ahora pícaro.

El trabajo ha sido fuertemente promocionado, incluyendo un especial en elpais.com y un programa de TVE emitido en Nochebuena. El próximo martes 24 comienza en Montevideo una larguísima gira de promoción, que se extenderá, según los conciertos por el momento confirmados, por Uruguay, Argentina, Chile, Andorra, España, Francia y Reino Unido, con posibilidad de ampliarse a 7 países más en otoño. El legado musical de Serrat a la música es un tesoro, y poder seguir disfrutando de él, así como saber que todavía quedan páginas por escribir, es un regalo que no tiene precio.

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Un comentario sobre “‘Antología desordenada’, de Serrat: 50 años de emociones y sentimientos

  • el 20 febrero, 2015 a las 2:53 pm
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    Un trabajo muy bueno, te felicito.
    Un abrazo…

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