‘Las consecuencias’, de Bunbury: un dulce viaje por el lado más desolador de las relaciones humanas

Portada del disco | enriquebunbury.com
Portada del disco | enriquebunbury.com

El vocablo español “lustro” viene, según el DRAE, del latín lustrum, que quiere decir “limpio, puro”. Las consecuencias, el sexto álbum de estudio de Bunbury, cumple este lunes un lustro. Sin duda, estamos ante su trabajo más doliente, esquelético, intimista, privado (?) y, volviendo a la etimología -casual- del aniversario, limpio y puro.

Las consecuencias fue un negativo de su predecesor, Hellville de luxe: frente al espectáculo, el “aquí estoy yo” y la explosión de Hellville, en el disco que nos ocupa reina lo acústico, la mala leche sutil y la implosión. “¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? / También de vez en cuando está bien / asustar un poco”. En esos versos se resume, de un modo perfecto, pesimista y, quizás, socarrón, el ecosistema musical del trabajo: un páramo desértico tan desolador como delicioso.

Ojo, quienes piensen que estamos ante un trabajo depresivo y/o autobiográfico se equivocan. A diferencia del Blood on the tracks de Bob Dylan, Las consecuencias no nace fruto de un desengaño, una frustración o una ruptura amorosa. Lo que pretende Bunbury es explorar las cloacas de las relaciones humanas sin recurrir al tremendismo, optando por una (presunta) desnudez, por las estructuras sencillas, huyendo de cualquier tipo de barroquismo.

El disco arranca con “Las consecuencias (Asustar un poco)”, una canción sin atisbo de esperanza, cruda y nihilista. “Ella me dijo que no” orbita en torno a un amor perdido e irrecuperable. Tras este doble zarpazo doloroso y profundo, Bunbury nos da un respiro con la bellísima y poética “El boxeador”, para después sumergirnos en los avernos más profundos versionando a Jeanette: “Frente a frente”, interpretada en el disco junto a Miren Iza, de Tulsa. El cóver se ha convertido en una canción imprescindible en los set-lists del músico:

21 de octubre” es una postal de ese paisaje que nace cuando quiebra un “amor rendido a sus pies”. “Lo que más te gusto de mí” suena perfecta en esas discusiones -con tu, no tardando, futura expareja- que no conducen a ningún sitio. “Los habitantes” es una pieza poderosa, la más agresiva -musicalmente hablando, digo- del disco. En “Es hora de hablar” palpita una poesía desoladora y hermosísima. “De todo el mundo” es un tema de esos que se apellidan “himno”, una pieza maravillosa y emocionante, quizá la más personal del trabajo:

Oficialmente, el disco finaliza con “Nunca se convence del todo a nadie de nada”: “Y empiece / como empiece / todo acaba / siendo menos / de lo que / yo esperaba”, reza su estribillo, como cerrando el círculo temático del trabajo. Mas, voilà, como bonus track encontramos “Los amantes”, un dulce cargado de veneno. Y así concluye Bunbury Las consecuencias, su guía musical y subjetiva por el Hades de las relaciones humanas. Una joya de ébano infernal e imprescindible.

Feliz lustro.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Un comentario sobre “‘Las consecuencias’, de Bunbury: un dulce viaje por el lado más desolador de las relaciones humanas

  • el 18 febrero, 2015 a las 2:24 am
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    Lo de bunbury es fantástico una GRAN DISCOGRAFÍA pero he escuchado de qué bunbury tiene música inédita y muy buena pero olvidada por qué ¿no volver a tocar esas canciones? GRACIAS

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