‘Corazones de acero’: la guerra te transforma

Cartel de la película
Cartel de la película

El guionista de Training Day, David Ayer, cambia los thrillers policíacos por el cine bélico con un descarnado film sobre los primeros compases de la invasión de los aliados a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial de grandísima factura técnica y con un gran elenco de actores, en el que destaca Brad Pitt.

Corazones de acero (en adelante Fury, que es su título original) nos cuenta la experiencia de cinco de soldados de la división acorazada estadounidense a bordo de un tanque apodado “Fury” durante los primeros meses de 1945 en los que los aliados tomaban Alemania pueblo a pueblo. “Chacal” (Brad Pitt) es el jefe del pelotón, un curtido soldado de la Segunda Guerra Mundial que muestra cicatrices tanto por fuera como por dentro. Junto él han estado durante los tres últimos años “Biblia” (Shia LaBeouf), un tipo de fuertes convicciones religiosas propenso a recitar fragmentos del libro del que toma su alias; “Gordo” (Michael Peña), un mexicano que alivia con sentido del humor la situación en la que se encuentran junto a “Rata”  (Jon Bernthal), un soldado algo sonado y cruel pero con corazón el fondo.

Al principio de la película descubriremos que el quinto miembro y amigo murió en batalla y que será sustituido por un joven llamado Norman (Logan Lerman), quien pasará de mecanografiar a adentrarse de lleno en una guerra cruel en la irá aprendiendo (por las malas, porque por las buenas nunca aprendemos las personas) que sus cuestiones morales y éticas no tienen cabida allí pues si dudas, si tienes remordimientos y compasión acabas con un tiro en el cráneo (con suerte). Y es que si Fury en España se llama como lo hace es porque a través de Norman veremos que en la guerra, si quieres sobrevivir, no hay más remedio que endurecer el corazón hasta convertirlo en acero, como el tanque en el que montan, que es al tiempo su mecanismo de combate y su hogar.

Mientras se produce esa curva de transformación en Norman, la misma por la que tuvo que pasar el resto del pelotón, somos testigos de los horrores de la guerra de una forma tan explícita como, en mi opinión, gratuita. Es evidente que una película bélica ha de ser cruda pero la forma como lo hace David Ayer a veces da la sensación de ser más de una película gore que de una película seria. Se nota que quiere contentar a esos adolescentes a los que les encanta ver escenas de sangre y mutilaciones. No obstante, es muy interesante que haga hincapié en la demencia a la que llegó Hitler con tal de ganar la guerra, llegando a mandar a niños y niñas al frente o colgándolos y humillándolos en caso de negarse.

Como en toda película bélica que se precie no faltan las batallas, que en este caso están protagonizadas por los carros de combate. Y hay que decir que son espectaculares, mención especial al enfrentamiento contra el Tiger alemán. Los planos, el sonido, todo está a un altísimo nivel así que, a costa de no poder disfrutar de las voces originales, merece la pena escoger un cine bien equipado para poder disfrutar de la experiencia. Personalmente me hubiera gustado un mejor equilibrio entre acción y diálogo pues tenemos un par de momentos que roban mucho tiempo: la escena con las alemanas (aunque es muy significativa) y la batalla final. Ello no hace que el ritmo decaiga, ni que se muestre poco o mal de lo que nos quiere hablar la película, ni que no nos permita conocer a los tripulantes del “Fury”: soldados que distan mucho de ser héroes, ya que David Ayer es un guionista competente.

Estamos ante una notable película bélica, con una gran dirección y una gran labor actoral por parte de los cinco protagonistas, sobre todo la de Brad Pitt, sobre el que recae la tarea de mostrar cómo la guerra te cambia y lo que has de luchar para que tras dicha cambio no pierdas la humanidad, la cordura, ni la fe. Sin embargo, no deja de caer en los tópicos estadounidenses en lo que a la Segunda Guerra Mundial y los nazis se refiere, ni carece de cierta vocación de panfleto publicitario del ejército estadounidense (por más que desmitifique su figura) y de la religión, ni innova en ningún aspecto el género bélico. Fury no se convertirá en un clásico pero sí en un excelente complemento para el resto de películas que tratan tan explotado conflicto.

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