¿Por qué narices participaron Los Chunguitos en ‘Gran Hermano VIP’?

Juan y José Salazar, Los Chunguitos, en el momento de ser expulsados de 'Gran Hermano VIP' | Telecinco
Juan y José Salazar, Los Chunguitos, en el momento de ser expulsados de ‘Gran Hermano VIP’ | Telecinco

Apenas una semana después de que comenzara el concurso Gran Hermano VIP, Juan y José Salazar han sido expulsados por la empresa del programa. En unos pocos días, las cámaras los ha retratado como dos seres racistas y homófobos, que además se vanaglorian de abandonar un perro en una gasolinera. Aunque hayan pedido perdón por sus comentarios homófobos -algo imprescindible, pero insuficiente para limpiar su nombre-, por el momento queda la sensación de que Los Chunguitos son artistas que dejan que desear en el terreno personal, y no sé hasta qué punto el asunto empañará una carrera musical que otrora había despertado admiración y cariño popular. Este asunto suscita algunas reflexiones: ¿qué ha motivado a unos músicos con más de 40 años de trayectoria a participar en un reality de semejante calaña?

Es conveniente recordar quiénes son los Chunguitos. Coetáneos en estilo musical y época a Los Chichos, también en temática: una rumba suburbial pero descarnada, cargada de verdad, panóptico de los barrios obreros, la etnia gitana y su problemática (drogas, paro, delincuencia), retratos cercanos que conectan con el público: algunos artículos hablan de 25 millones de discos vendidos a lo largo de su carrera y sus canciones aparecen en varias películas de temática quinqui como son Perros callejeros II (José Antonio de la Loma, 1979) o ¡Deprisa, deprisa! (Carlos Saura, 1981). Un artículo de Juan Puchades recuerda una leyenda urbana: el afamado locutor de la BBC John Peel viene a España espoleado por los cantos de sirena de la Movida Madrileña, pero al escuchar a los artistas emergentes, sus discos le resultan indiferentes. Hasta que se encuentra con los trabajos de Los Chunguitos, que les sorprende gratamente y son aireados en su prestigioso programa. Como siempre sucede en este país, el reconocimiento internacional cambia la concepción de lo autóctono, y la familia Salazar es admitida entonces entre la postmodernidad: presentan su trabajo en la “Edad de oro” de Paloma Chamorro y Alaska participa en su disco en directo Vive a tu manera (1988).

Con semejante pasado, ¿era necesario que expusieran sus miserias en este tipo de programas televisivos? Por algún motivo que no identifico, tal vez porque juegan en otra liga, algunos artistas anglosajones de fama mundial que han visto su vida expuesta en este tipo de productos catódicos no han sufrido el desgaste predecible en este país, y pienso los casos de Ozzy Osbourne o Gene Simmons. Dentro del rock duro, en España hemos visto recientemente al gran Fortu Sánchez saltando en trampolín. ¿Hacia qué intereses promocionales van enfocadas esta clase de apariciones? Si así pretendía darse a conocer en otras esferas, el fracaso es clamoroso: el disco debú de Fortu en solitario, publicado hace apenas unos meses, ha sido absolutamente ignorado fuera del circuito heavy.

2- Hermosa cubierta de su LP Recuerdo de Enrique (1983), dedicado al fallecido miembro de la banda Enrique Salazar. Álbum, como otros de la banda, nunca reeditado en CD | Todocoleccion.net
2- Hermosa cubierta de su LP Recuerdo de Enrique (1983), dedicado al fallecido miembro de la banda Enrique Salazar. Álbum, como otros de la banda, nunca reeditado en CD | Todocoleccion.net

Por no alejarnos demasiado de Los Chunguitos, su carrera hace tiempo que flaqueó en popularidad, sobre todo tras reconvertirse en dúo. Momento que coincidió con la práctica desaparición de los programas musicales de la televisión, por lo menos a las horas en la que la gente la ve. Aún con sus defectos, en la década de 1990 todavía existía “Séptimo de caballería” o “Música sí”. Pero entonces llegó la segmentación de público y la tabla rasa de las radiofórmulas, dedicadas a acabar con cualquier género musical que no fuera la canción melódica, el pop poco elaborado cantado a lo flamenquito, el bakalao y sus derivados, el reggaetón, las imitaciones de Madonna o Beyoncé. “Operación Triunfo” terminó por devastar el panorama, pero su guerra siguió una política de tierra quemada: como el caballo de Atila, no volvió a crecer la hierba, y de esto hace ya casi quince años. El panorama es hoy tan desolador que, por primera vez desde que existe, el rock no es la música con la que se identifica el grueso de la juventud actual. Pero aquello también arrasó con los músicos que llevaban décadas en la brecha, los viejos laureles amarillean en el olvido, despreciados por la edad –como si el arte musical tuviera que circunscribirse exclusivamente a la juventud- los músicos de siempre son marginados. Este es el caso de Los Chunguitos, que desembocan por participar, en un primer momento, en Tu cara me suena (Antena 3). Aquel todavía era un programa de canciones en el que, junto a famosetes de diversa procedencia, también participaban otros profesionales de la canción como Francisco, Melody o José Manuel Soto. Por cierto, y no lo pregunto con sorna sino con desconocimiento, ¿qué clase de revistas musicales leen los seguidores de tales cantantes, quiénes son los prescriptores literario-musicales entre los fans de los citados, existe alguien que analice, estudie y critique la obra de estos cantantes con cariño pero también con objetividad? Encarrilados en este circuito, antes o después habrían de vender su alma al diablo por un plato de lentejas, un diablo que viene de Italia y se llama Mediaset. Ahora en Gran Hermano se codeaban con personajes faranduleros del corazón y otras vísceras, algunos creados por la misma cadena. Todo lo contrario a un hipotético programa sobre composición y ejecución musical, lo esperable por su pasado y trayectoria. ¿Se merecían Los Chunguitos mezclarse entre esta fauna?

Con la música apartada de la televisión, el enfoque erróneo por mantener la fama ha conducido a un realitiy que, en el caso concreto de Los Chunguitos, se les ha vuelto en su contra al mostrar rechazables conductas trogloditas. Quizá en otro país esta faz hubiera seguido siendo desconocida ante el público, y el dúo hubiera podido continuar su carrera musical sin necesidad de exponer su intimidad a golpe de talonario.

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