‘Confesiones íntimas de un santo pecador’: Nick Cave, en 30 años de entrevistas

Portada del libro | globalrhythmpress.com
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Nick Cave es un profesional del Arte. Madruga, se pone un traje como quien se pone un mono de trabajo y marcha a su oficina, un local alquilado en el que tiene montañas de libros, un piano y una máquina de escribir. Allí es donde alumbra –o aborta- sus canciones, donde se refugia del resto del mundo. Cumplida la jornada laboral, regresa a casa y ejerce como cabeza de familia. Su mujer, la modelo Susie Bick, dice que es un padrazo y un marido tierno.

Nick Cave. Confesiones íntimas de un santo pecador (Global Rhytm, 2012) es una antología de entrevistas al autor de canciones como “Jubilee Street” o “Red Right Hand” recopiladas por el periodista Mat Snow. A través de veinte conversaciones, y en la medida en la que el artista se abre más/menos, comprobamos cómo el adolescente australiano que soñaba con ir a los conciertos que se hacían en Inglaterra a finales de los 70/principios de los 80 se convirtió, a lo largo de su trayectoria, en un compositor brillante, respetado y mítico.

Los textos con los que arranca Confesiones íntimas… parecen sacados de un libro de Irvine Welsh o de Bukowski. El Cave de Birthday Party y de los primeros discos con Bad Seeds es un tipo brutal, un yonki descarado que, o bien concede entrevistas bajo los efectos de un colocón profundo, babeo incluido, o bien las termina, literalmente, a hostias con el entrevistador. En general, quizá se junte el hambre con las ganas de comer: por un lado, los periodistas se centran en la faceta violenta, maldita y toxicómana de Cave, descuidando la artística; por otro, Cave entiende que los periodistas son sus enemigos, plantea las entrevistas como un enfrentamiento, y sus respuestas destilan rencor y desconfianza.

La apertura se produce a finales de los ochenta, con las primeras desintoxicaciones y, especialmente, a partir de 1997, tras la publicación de The Boatman’s Call. Encontramos a un Cave más amable, receptivo, conversador, íntimo y, a veces, contradictorio (en una entrevista asegura que la cantautora Tori Amos se cosió lentejuelas en su vello púbico; en otra posterior, lo desmiente con fiereza). Las entrevistas están mejor planteadas, son más profundas, y nos ofrecen una conjunción equilibrada de la biografía y la obra de Cave, con sus filias y sus fobias, sus miedos y sus certezas, sus ídolos (Johnny Cash, Bob Dylan, Leonard Cohen) y sus parias (“Cuando estoy al lado de un estéreo preguntándole al grupo ‘¿qué coño es esta BASURA?’, la respuesta siempre es Red Hot Chili Peppers”) o su –en mi opinión- complicadísima espiritualidad:

“Soy creyente, pero mi sistema de creencias está tan plagado de dudas que apenas es un sistema de creencias siquiera; por eso lo considero una fortaleza, en lugar de un defecto”.

Sin embargo, creo que el principal valor del libro es que demuestra a Cave como un artista integral, perfeccionista y constante. Cuando trabaja, el mundo exterior no existe. Por ejemplo, cuenta que se encontraba en un estudio de Berlín cuando se produjo la caída del muro. Su (ex) guitarrista Blixa Bargeld acudió sobresaltado a contarle la noticia. Cave reaccionó mandándolo a la mierda y reprochándole que interrumpiera su trabajo.

En este sentido, sobresalen:

  • La conversación que mantuvo en 2005 con la escritora Debbie Kruger, titulada “Habla el cancionista”, en la que el australiano explica cómo compone, de dónde saca las ideas, por qué nacieron determinadas canciones, y
  • Las entrevistas con el periodista Phil Sutcliffe (“Nick Cave a palo seco (primera parte)”, “Nick Cave a palo seco (segunda parte)”, en las que, además de realizar un completo repaso a su biografía y a su trayectoria artística –el más amplio en todo el libro, quizás-, también se tratan temas inéditos en el resto de la publicación, como el grupo Grinderman (formado por Cave y Warren Ellis al margen de Bad Seeds) o su concepción puramente literaria (a raíz de la publicación de la segunda novela de Cave, La muerte de Bunny Munro).

Al terminar el libro, he tenido la sensación de que Nick Cave es un tipo que me caería bien, con el que me gustaría tomar una copa, con el que me reiría. Confesiones íntimas… se complementa de maravilla con 20.000 días en la Tierra, la película dirigida por Iain Forsyth y Jane Pollard. Quizá sean los dos acercamientos más fiables a la biografía y a la obra de Cave: no hay terceros, es él mismo quien nos habla de sus adicciones, sus manías y sus canciones.

Para terminar, un consejo: si alguna vez tienen la suerte de entrevistar a Cave, no lo comparen con un vampiro o un anticristo. Lo detesta.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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