‘La verdadera historia de Frank Zappa’: sexo, más sexo y rock’n’roll

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Portada del libro | Malpaso

De niño Frank Zappa quería ser científico. Una vez provocó un incendio en la escuela al explotar un bote de mayonesa lleno de combustible de cohetes, lo que le costó la expulsión del colegio. Con este episodio, el mundo perdía para siempre un químico, pero ganaba uno de los músicos más auténticos del siglo XX, al que ahora tenemos la posibilidad de acercarnos en La verdadera historia de Frank Zappa (Malpaso, 2014). Ayudado por el escritor Peter Occhiogrosso, Zappa revisita su pasado de manera irónica, burlona y nihilista. Tratándose de Zappa no podría ser diferente.

Ya en la introducción, Zappa deja claro que “no me apetece escribir un libro (…). Me parece bien que todavía se escriban libros, pero a mí me dan sueño.” A partir de ahí, en los diferentes capítulos, Zappa carga contra todo lo que representa el poder y el orden: la política, la religión, la familia, la escuela, la policía, los sindicatos, las discográficas o la justicia. Sobre esta última, hay dos episodios en los que nos cuenta sus diversos problemas con la ley, pues fue acusado, en más de una ocasión, de pornografía por sus letras. En un juicio en Inglaterra en 1975, cuya transcripción figura en el libro, le vemos con su conocida genialidad verbal, confundiendo al juez:

Juez – ¿Qué es una groupie?

Zappa – Una groupie es una chica a la que le gustan las personas que están en grupos de rock and roll. Le gustan mucho.

Juez – ¿Qué es lo que le gusta mucho?

Zappa – Le gustan mucho “los miembros” de la banda.

Abogado de defensa – ¿Cómo una especie de fan, como los de fútbol?

Zappa – Sólo de “los miembros”.

Sin perder el tono de burla, también nos habla de sus hijos y matrimonios. (“Hablamos de trabajo cuando es necesario, pero el resto del tiempo no nos dirigimos la palabra”, dice de su relación con Gail, su segunda esposa). Pero, particularmente,  lo que más llama la atención es ver su faceta como empresario. Nos explica los entresijos del business, desde el proceso de creación musical, ensayos, grabaciones, distribución, hasta las giras, todo ello permeado por un tema bastante constante en el libro: el dinero. Un músico como él tuvo que autofinanciarse durante toda la vida por distintas razones: en primer lugar, porque nadie apostaba por su obra, y en segundo, porque eso le daba total libertad a la hora de elegir con quién y cómo trabajar y ser el dueño absoluto de lo que creaba. De esa manera, no era cuestionado sobre sus conceptos artísticos. Contrataba músicos, les entregaba la partitura, ensayaban y esperaba que ellos tocasen exactamente lo que él había ideado. Y como empresario afirma no tener amigos: “Cualquiera que sea ‘jefe’ de un negocio no llega a tener ‘amigos’, sino empleados y/o conocidos”.

Igualmente, arremete duramente contra las drogas, revela su obsesión por la música de Edgar Varèse, cuenta bizarras anécdotas sexuales de las giras, curiosas historias de integrantes de The Mothers of Invention, Jimi Hendrix, Simon & Garfunkel. Frank Zappa se ríe de todos, empezando por sí mismo, y eso le da, al igual que en su producción artística, la libertad de hacer y decir lo que quiera. En la ya citada introducción advertía: “Os aviso de que este libro no intenta ser una especie de historia oral ‘completa’. Su única finalidad es entretener”. Y entretiene.

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