The Boxer Rebellion se estrena en Madrid con un concierto ejemplar

Tres han sido los puntos de España elegidos por The Boxer Rebellion para presentar su último disco Promises durante su gira otoñal Europa: Madrid, Murcia y Barcelona. Su primera parada ha sido en la sala Independance Club de la capital el sábado 25 con una actuación que entusiasmó tanto a sus conocedores como a sus nuevos descubridores.

En torno a las diez y veinte de la noche salían al escenario Nathan Nicholson (vocalista y guitarrista), Andrew Smith (guitarrista), Adam Harrison (bajista) y Piers Hewitt (batería). La banda británica se presentaban por primera vez en Madrid en solitario, a pesar de ser de tener diez años de carrera y cuatro álbumes de estudio a sus espaldas. A pesar de ello también contaron con un público reducido (varios de los cuales esperaron hasta esa noche para hacerse con su entrada) pero, eso sí, variado, entregado y participativo.

La casi hora y media de concierto dio comienzo con “The Gospel of Goro Adachi”, una acertadísima elección para una noche plagada de gente que sin conocerles había ido a verles animada por amigos o familiares, pues mostró las dos vertientes de la obra de esta banda de rock alternativo: la pausada y emotiva durante toda la canción y la enérgica con ese largo y frenético final con el que tanto les gusta experimentar en sus directos. Para que no decayera el ánimo, y tras un tímido “hola” por parte de Nathan, continuaron con “Take me back”.

20141025_231902Tras ello pasaron a temas más sentimentales como “Fragile” y “Keep moving”. Destacaron “Diamonds” y “New York”, en cuyos finales Nathan alentó a los asistentes a cantar junto a él sus estribillos, en el caso de “New York”, sustituyendo el nombre de la ciudad estadounidense por Madrid, aunque no quedó tan bien como a él le hubiera gustado y no pudo evitar reírse. No obstante el momento más solemne de la noche fue, como no podía ser de otra manera, con la melancólica “Caught by the light”. “Always” y “The runner” se encargaron de que el ánimo del público no decayera en ningún momento, de que no decayera el de los miembros del grupo se encargaron las copas que tomaron entre canción y canción.

Tras poco más de una hora de actuación los miembros del grupo dieron por concluido el concierto (por menos de 20 euros no parecía del todo un mal trato) y abandonaron el escenario, sin embargo, como viene siendo habitual, no era más que una farsa y al cabo de unos minutos volvieron. Unas cuantas voces, entre ellas la del que aquí escribe, reclamamos una de sus mejores canciones “No harm”. No tuvimos que pedirlo mucho, pues fue precisamente ese tema con el que retomaron la actuación. Tras acabar Nathan volvió a alentar al público a cantar a capela el estribillo de la canción. Con eso provocaron en mi lo que provocó aquel al que cantaba Isabel Pantoja: que se me enamorara el alma.

20141025_224018Pusieron fin a su actuación como la empezaron: por todo lo alto, merced a la rabiosa “Watermelon” y la decisión de Nathan de bajar a dejarse los pulmones (y también parte de un diente como se vería más tarde una foto que él mismo publicaría en la página de Facebook del grupo) con los “Inside! Outside!” de la canción. El público respendió durante todo el concierto con unos cada vez más eufóricos aplausos gracias al repertorio escogido por la banda, que si bien dio más prioridad como es lógico a Promises, no se olvidó de sus obras anteriores: The cold still, Union y Exits, pero que inexplicablemente nunca cuenta con la maravillosa “Losing you” que está incluida en la magnífica banda sonora del videojuego Batman: Arkham City y cuyo estribillo también es perfecto para cantar a capela con el público; también gracias a la simpatía y la cautivante voz de Nathan y a la entrega del resto de la banda, de entre los cuales destacaría la labor en la batería por parte de Piers, y de Adam en lo que al bajo se refiere.

Salas como la Independance Club son las más apropiadas para el estilo de música de esta banda (aunque bien merecían una mayor afluencia de gente), además su acústica a pesar de sus reducidas dimensiones fue más que buena, aunque como suele ser frecuente el volumen de los instrumentos estaba más alto que el de los micrófonos y no siempre se oían las voces tan bien como debían. Ello no empañó en absoluto las grandes sensaciones que transmitieron el grupo durante todo el concierto. Un concierto inovidable y sin fisuras que maravilló a todos por igual. La primera vez de The Boxer Rebellion en Madrid no ha podido dejar mejor sabor de boca.

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