Rodrigo Amarante a galope

Amarante, de concierto en Madrid
Amarante, de concierto en Madrid

“Si hesitas entre dos adjetivos, tira ambos y utiliza el sustantivo”. Ese consejo del poeta Carlos Drummond de Andrade parece haber calado hondo en el músico brasileño Rodrigo Amarante, a juzgar por su primer disco en solitario, Cavalo (‘Caballo’). La portada del álbum, sin ningún arte gráfico, sólo una página en blanco con los nombres y las letras de las canciones, ya revela la estética minimalista del proyecto, que se mantiene, como es obvio, también en las composiciones. Las letras hablan, en su mayoría, de la lejanía –sea espacial (“Nada em vão”) o temporal (“Tardei”)–, de la imposibilidad de comunicarse en otro idioma (“Mon nom”), de la soledad y de la saudade (la hermosísima “Irene”). En Cavalo, los espacios vacíos experimentados en el exilio son transformados en música. Eso sí, música desnuda de adjetivos.

El punto en el que el músico se encuentra se entiende si tenemos en cuenta su trayectoria artística. Después de cuatro discos publicados en una década de éxitos y de conquistar a una multitud de fanes, su primer grupo, Los Hermanos, decidió entrar en receso en 2007. A partir de ahí, Amarante se dedicó a proyectos con la Orquestra Imperial, con Little Joy (junto con Fabrizio Moretti, de The Strokes y Binki Shapiro), además de contribuir con diversos artistas.

Portada de 'Cavalo'
Portada de ‘Cavalo’

A pedido de Devendra Banhart, se fue a vivir a Los Angeles, EEUU, por una pequeña temporada, pero el exilio se extendió por seis años, período en el que el artista experimentó la posibilidad de alejarse de su patria, de su lengua y, como no, de sí mismo. Fue cuando el viaje se convirtió en musa; el silencio, en espacio de creación; y la soledad, en un caballo con el que lidiar. “Me enamoré por el espacio, por la distancia, y me puse a ver el doble que me mira desde el exterior, que refleja la visión que yo llamo mía, vehículo y cómplice inventado del cual yo también soy un canal, al que yo llamo Cavalo”, dice Amarante en una carta abierta sobre su disco. El caballo es su doble, su personalidad desdoblada en el vehículo con el que comunicar desde el silencio y desde la distancia.

El resultado de ese proceso lo pudimos comprobar en La Charada Club, en Madrid, a finales de septiembre: al igual que el disco, el concierto fue intimista, delicado y cálido. Sin ningún acompañante, Amarante se subió al escenario cargando una guitarra acústica blanca, y arrancó declarando: “Je suis l’étranger”. Durante un poco más de una hora, cantó en cuatro idiomas (portugués, inglés, francés y español), y encantó al público con su perfección técnica y vocal y con su carisma. Casi todas las canciones figuraban en Cavalo, pero hizo algunas concesiones: “Tuyo”, una canción inédita en español, “Pode ser”, que compuso para la Orquestra Imperial, “Unfucktheworld”, cover de Angel Olsen, y encerró el concierto con “Evaporar”, de su época en Little Joy, no sin antes avisar “Toco una más y luego nos vamos de copas”. Ovacionado al final del concierto, se bajó por entre el público para acceder a la calle. Cuando los espectadores salieron justo detrás de él, Rodrigo Amarante y su caballo ya habían galopado hacia otros parajes.

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