‘Modo avión’: Lichis, al otro lado del espejo

Portada de 'Modo avión'
Portada de ‘Modo avión’

Es muy difícil enfrentarse a realizar la reseña de un disco como Modo avión, el último trabajo de Lichis. Por un lado, porque quizá es de los discos que más años llevo esperando, puesto que lo considero una continuación del trabajo suyo que más me gustó (Hotel Lichis) y que, se dice pronto, data del año 2005.

Por otra parte, la dificultad reside en que éste disco se trata de un salto al vacío y una vuelta de tuerca, un destino diferente al que uno esperaba encontrar en los discos de La Cabra Mecánica llenos de palmitas, guitarras flamencas, metáforas mezcladas con gastronomía, melancolía disfrazada de jaleosa alegría canalla y fiesta eterna… Aquí uno se encuentra todo lo contrario: sobriedad, rock americano y letras en las que la melancolía está vestida de melancolía y no porta ningún disfraz.

 

Una mirada al pasado

 

Miguel Ángel Hernando, Lichis para sus fans y Miguelito para sus amigos, durante quince años fue La Cabra Mecánica, uno de los pocos grupos que sobrevivió a mi adolescencia y que a día de hoy me sigue erizando la piel con sus canciones, y sí, fue él: no había nadie más detrás de ello salvo sus compañeros ocasionales en cada disco o gira. Lo malo de La Cabra Mecánica es que pegó su pelotazo particular con un disco, Vestidos De Domingo, que estaba destinado a despegar y que sin embargo estaba cortando al 90% por el mismo patrón: la rumba canalla. Atrás quedaba un primer disco, Cuando Me Suenan Las Tripas (1997), cargado de mestizaje y música experimental o el delirante Cabrón (1999), sin duda su disco de culto y al que más tiempo he dedicado a re-descubrir en cada escucha.

Desde Vestidos De Domingo, decía, La Cabra Mecánica quedó bordada con la etiqueta de la rumba, el cachondeo y el son canalla y seguramente fue algo merecido, pues es lo que más se respira en el disco. Si a eso le sumamos que la gente, en general y acortando por comodidad llamaba al grupo directamente “La Cabra” la cosa coge un enfoque más hortera y barrial. Por otro lado pienso que era totalmente necesario un disco con tantos colores vivos y que te transporta (al menos a mi lo sigue haciendo) al eterno verano del 2001 ¿quién no sigue cantando borracho en los garitos el “tú que eres tan guapa y tan lista, tu que te mereces un príncipe, un dentista…”?.

El siguiente disco de estudio, Hotel Lichis, ya anticipaba cambios. De entrada su título hacía intuir que uno se disponía a profundizar en unas letras más personales y con menos careta verbenera de lo que había conocido en “Vestidos De Domingo”. Canciones viscerales, desquitándose del tono festivo de “Felicidad” o “La lista de la compra” y llegando a un sonido más dylaniano en algunas ocasiones (“Gracias por nada” es buena muestra de ello) o a la oscuridad de Tom Waits (como en el caso de “Pinocho”), sin dejarse un solo palo de la música popular habitual sin tocar en el disco.

Después vino un recopilatorio con dos canciones nuevas , “Valientes” y “Carne de canción”, y una colección de viejos éxitos regrabados y tomas inéditas de conciertos. Gira con Fito y Fitipaldis y ¡adiós a La Cabra Mecánica!

 

A día de hoy

 

De repente y como quién ya nada espera, a comienzos de este año Lichis aterriza en Facebook y, en un principio atendiendo amigablemente a los pocos contactos fanáticos que se iban percatando de su presencia (ahora roza los 4000), anuncia la llegada de un disco, una llegada que se ha dilatado hasta esta semana en la que aparecía en las tiendas Modo Avión, una colección de 10 canciones nuevas en las que descubrimos a Lichis después de “El Lichis” (que es como todos le hemos conocido al frente de La Cabra Mecánica).

Hacer memoria es sencillo, retratar el presente es lo complicado, por eso mismo ahora me llegan las dificultades, cuando me paro para hablar de Modo Avión, el primer disco de Lichis. Y si, suena a primer disco, suena a ilusión, suena a miedo, suena a novedad… Y en general suena raro. Pero así es como nos suena siempre lo distinto cuando nos paramos a descubrirlo: raro.

Lo primero que hay que hacer no es ponerse en “modo avión” sino desconectarse por completo del pasado antes de darle al Play. Una vez listos, ¡a volar!

Reconozco que, a mi juicio, no hubiese puesto de single la canción “Horas de vuelo”, pues aunque no es una mala canción es la que menos me gusta de todo el disco. Sin embargo la temática general del disco si gira entorno del “Modo Avión” y de las “Horas de vuelo” como metáfora al escape y al cambio, con lo cual tenía esa cabida como canción promocional, pero por más que la destripo de arriba a abajo no llega a decirme nada, salvo algunas frases muy brillantes por lo demás y por el momento me parece un inventario de cosas que no me quedan claras. Esto es lo difícil, dar la opinión negativa, pero ¿dorar la píldora acaso ha sido algo que haya forjado a los mejores músicos?

El comienzo del disco ya coloca al oyente en situación con “Casi rock and roll”, que recuerda en cierto modo al Calamaro de “El Día Mundial de la Mujer”, esa entrada directa sin dejarte pensar que avecinarán los primeros acordes y unas letras que te dejan intuir que Lichis llega con ganas pero también con cierta rabia poética que necesitaba expulsar. El resultado tras la escucha es bueno: quieres seguir escuchándolo y eso es lo más importante en la primera canción de un disco.

A partir de la segunda canción, “Salir a asustar”, el disco va cogiendo la forma, el avión ya ha pasado del despegue al ascenso. Comienza el sonido americano, las guitarras acústicas limpias y brillantes y las letras del barrio más centradas en las amistades que en el wild side aunque nadie dice que no puedan ir de la mano. Solo Lichis o los presentes saben por qué asustaban cuando salían pero esta canción no asusta, te deja con ganas de más, y eso es una constante en el disco entero, ya que apenas sobrepasa la media hora de duración.

Mi parte favorita del disco llega casi en el ecuador del mismo. “Tinkywinky”, la canción cuyo título me provocó ganas de no escucharla jamás y sin embargo es la que más me ha gustado y la que no me puedo quitar de la cabeza. Una canción que suena a rabia (en todo el disco denota un poco este término), pero vestida de esmoquin y elegancia. Una historia de carne y hueso, de hombre y mujer, de desamor después del amor. Lo que nos gusta a todos. Ver que hasta los que más admiramos y encumbramos se dejan las neuronas pensando en la hija de puta que nos ha toreado. La artista de Tinkywinky debía ser una buena joyita por lo que he oído (en la canción, por supuesto).

Otros dos temas destacables e imprescindibles del disco son “Tan felices” y “Tics raros”. La primera es una canción de aspecto amigable, suena a pop, suena original y tiene ese punto hortera que tienen mis canciones favoritas y que no sabría describir bien. Sobretodo suena sincera y está más despojada de términos poéticos y de frases enrevesadas al estilo Quique González que otros temas del disco. Eso mismo le sucede a “Tics raros”, directo, con sonido rotundo y con una ejecución vocal que vuelve a recordar al Tom Waits más blusera y una armónica acompañando que el propio Lichis podría definir como “maníaco depresivo a lo Bob Dylan”.

El culmen del disco te transporta hacia un salón de madrugada presidido por un televisión encendida, soledad y vacío. Quizá una de las canciones cuyos arreglos más me han gustado, “Televisión de madrugada”. Y para poner el punto y final, el amigo Miguelito nos regala “Enemigos”, una pieza en la que se desmarca de la brillante y completa producción de los temas anteriores para confeccionar un clima de soledad dramática en dónde lo que más brilla es su rasgada voz acompañada de un piano. “Por favor, para esta mierda, estoy dónde querías” sentencian los primeros versos de la canción.

Lichis, en directo
Lichis, en directo

Una vez desgranadas las que considero piezas fundamentales del disco toca el paso más difícil: la opinión general del álbum.

No hay duda: es un buen disco. Lo esencial para darse cuenta de ello es que cuando termina uno de escucharlo las primeras veces enseguida siente el gusanillo de volver a dar al Play. Quizá lo que menos me guste es la irregularidad de los textos, algunos son brillantes y otros (pocos, quizá dos) me parecen demasiado sencillos para Lichis pero a la vez directos y sinceros, con lo cual contrarresta la gravedad del asunto.

Otro de los detalles a los que aún no he terminado de acostumbrarme es el nuevo modo de cantar de Lichis, en La Cabra Mecánica tenía su estilo de darle matices distintos a versos concretos pero siempre con mucha naturalidad, en esta nueva aventura la voz parece muy forzada a sonar distinta, demasiado parecida al tono nasal de Dylan. No suena mal, por supuesto que no, pero demasiado distinto. Supongo que todo será acostumbrarme.

¿Es un cambio forzado y radical lo de Lichis? No lo creo, un cambio forzado conlleva poco espacio temporal, este parece premeditado, macerado y reposado. Lo que si es un denominador común en todas las canciones es el escape, el cambio, el viaje y, en definitiva, el vuelo como concepto del álbum.

Yo, personalmente, estoy deseando terminar este texto para volver a escucharlo una vez más, así que desde Acordes Modernos os recomendamos totalmente prestar atención a este nuevo trabajo y sobretodo hacerlo con visión hacia adelante, no aferrándose al pasado, porque si algo queda claro de Modo Avión es que Lichis, como en su canción, es un auténtico valiente y se ha atrevido a volar.

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comments

Un comentario sobre “‘Modo avión’: Lichis, al otro lado del espejo

  • el 22 octubre, 2014 a las 6:06 am
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    “Carne de canción” Tenía 3 canciones nuevas, se ha pasado “Yayo Yaya”.

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