20 años de ‘Pulp Fiction’: una obra en la que todo es parte de todo

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Cartel de la película

Yo me he dedicado mucho a destripar pelis con los años. Al final, he comprendido que cuando me dicen: “cuenta, cuenta…” no quieren decir: “cuéntamela de pe a pa que me la sopla”. Me tomo la licencia de llenar de spoilers este artículo porque, al fin y al cabo, Pulp Fiction cumple veinte años y si no has tenido el más mínimo interés en verla hasta ahora, te mereces todo lo que te pase.

Quentin Tarantino me tenía ganado. Como todos a los que nos cogió el estreno en plena adolescencia –digo adolescencia de pueblo-, ir a verla era lo más cerca de la capital que íbamos a estar en años. Por un lado, tenía nombre de espadachín de pasado oscuro en la corte de Luis XVI, que para mí era lo principal. En ese sentido, tengo ese instinto muy mediterráneo de fiarme de los nombres. Decían los griegos, y yo lo creo aún a pie juntillas, que los nombres son importantes porque deciden nuestro destino. Mirad Platón, seguro que un día un amigo suyo se lo llevó a tomar una cerveza, le puso la mano en el hombro y mirándolo fijamente a los ojos le susurró que, con ese nombre, no iba para comediógrafo, que igual filósofo… o detective. Ese día Platón seguro que descubrió dos cosas que no sabía, que iba para filósofo y ¡qué ojazos tenía su amigo!

Por cojones tenía que molar cualquier cosa que hiciese un tipo que había sido dependiente de videoclub y que se llamaba así. La película, primero me dejó a cuadros –yo siempre con los dobles sentidos, porque como son escenas desordenadas que sólo encajan en tu cabeza, pues…-, luego, conforme en mi cabeza encontraba una coartada coherente para no pedir el dinero de vuelta por el fallo de racord de Travolta -ahora vivo, ahora muerto, ahora vivo-, me pareció que había visto lo más molón que unos ojos humanos podrían contemplar. La ignorancia es atrevida, me habían ganado con un juego de malabares resultón, pero tonto en el fondo.

Obviamente, todavía estaba a mucha distancia en el tiempo de saber lo que era la fragmentación, o sospechar que iba a ser el elemento central de ese folklore cultureta que se ha venido llamando postmodernidad. En gran parte, culpa del espadachín, eso se lo reconozco.

Al día siguiente era lunes, yo iba a clase como el rey del mundo, en mi universo era el más molón de todo el bachillerato. Comencé a dejar caer, como quien no quiere la cosa: “¿Oye, has visto ya Pulp Fiction?”…

Era jodidamente imposible. En el cine estábamos quince gatos y ninguno de aquellos losers. Me había fijado.

Y lo que iba a ser el día perfecto para mí, de golpe, se convirtió en un día memorable y agridulce: la chica que me gustaba entonces se acercó con cara de “¿Tú también la has visto?” y fue muy guaaaaaaay hablar con ella, hasta que, por alargar y echando mano de un algo que había leído no sé dónde como de pasada, dije que Tarantino salía en la película.

¿Ah, si? ¿Quién es?

… … … El señor Lobo

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Efectivamente, yo le había puesto a mi héroe el espadachín la cara de Harvey Keitel. Luego supe que era el friqui en bata que les deja limpiar el coche en su garaje… y no quise hablar más con la chica aquella, sobre todo por miedo a que sacase el tema del falso positivo tarantiniano y se me cayese, literalmente, la cara de la timidez y la vergüenza. Hay casos de desprendimiento facial en la adolescencia.

Luego lo dejé estar, nada de Tarantino en un tiempo, material volátil. Mejor en casa, decírmelo todo a mí mismo y sobre todo, rememorar ese momento con la sala completamente a oscuras en la que salen dos raterillos toxicómanos explicando que el golpe perfecto no eran las licorerías judías, sino los restaurantes familiares y cómo en el momento en que Pumpkin saca la pistola y grita esa chulada de:

“Everybody be cool! This is a robbery!”

…y Honey Bunny remacha:

“Any of you fucking pricks move, and I’ll execute every motherfuckin’ last one of you!”

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Dick Dale and The Del-Tones arrancan muchos decibelios por encima de lo que pudieses esperar con la versión de “Misirlou

Lo más genial de las pelis de Tarantino es que la música es parte del relato, si no, al dato.

Salto.

Escena de Travolta y Samuel L. Jackson, esa en la que empieza a hablar de hamburguesas y luego del Chevrolet de Travolta, del arañazo, de la violencia, de la ejecución de un samoano, de un masaje y de que un masaje en los pies no puede ser erótico o si, según.

Pulp Fiction

Primer destello: La hamburguesa del Gran Cajuna que muerde Samuel L. Jackson antes de que se líe gorda, que nos recuerda al samoano hecho picadillo en el suelo, muy elíptico, pero muy gráfico: el hombre es el lobo del hombre. Sale a colación la relación con su pareja vegetariana. La comida. La carne.

Salto.

Escena en que Travolta va a recoger a Uma Thurman a casa de Marcellus Wallace. Él entra, no hay nadie, y ella, desde un micrófono le dice que pase y se sirva algo de beber con una voz tremendamente sexy. La cámara cambia a los pies, esos mismos que se rumorea que masajeó el samoano muerto, esos mismos que para Travolta son el principio del sexo. Nueva forma elíptica de crear la tensión de todo el metraje que pasan juntos, nunca mencionado, pero tenso de sexualidad y peligro: Eros y Tánatos. El personaje de Uma tiene una escabrosísima tendencia a estar siempre descalza, lo que representa la sombra que sobrevuela a Travolta. Vamos, que el tiroteo del que se libran en la casa de los camellos, no es más que un ligero retraso de su último suspiro.

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¿Rizamos el rizo? Vuelven drogados y borrachos, ella pone música para seguir bailando, ¿qué canción?

Nada más y nada menos, fetichismo y minoría de edad: guiño a Lolita. Travolta tiene un atisbo de lo cerca que le está volando la muerte cuando pide ir al baño con la excusa de mear y planea su fuga antes de que pase algo grave. Pues pasa que todo ha sido un McGuffin de Tarantino para este momento: Travolta se queda con la excusa en la boca, Uma está convulsionándose en las últimas por una sobredosis de la cocaína que compró para inyectarse.

Salto.

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Christopher Walken nos presenta a Bruce Willis y su motivación, un reloj que su padre llevó metido en el culo. Elemento en común del arco: el culo. Recordad que Travolta muere porque está cagando y que Willis salva a Marcellus la vida, pero no lo salva de… sí, sodomía.

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Sexo y boxeo. Willis es un perdedor gigantesco que se la va a jugar al jefezuelo de un mal barrio de L. A. que sólo le ha pedido que pierda una vez más.

Si todos recordáis bien, la cosa se complica cuando, a la vuelta, su novia se ha olvidado el puto reloj que estaba en el puto cangurito y debe volver a recuperarlo, ni pensar en largarse sin él. Al encender el coche, suenan los Statler Brothers

…que Butch conoce y canturrea. Butch es del sur, de Texas y ha mamado esa canción. Es una reconciliación Padre/Hijo después de la ordalía del reloj y en semejante estado de paz con la memoria de su padre, jamás podría sospechar que sus problemas están a punto de empezar en el mismo paso de cebra en que se ha detenido.

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Salto.

Continúa la historia de Travolta y Samuel que se ha cortado en el punto en que tirotean al tío que sale del baño con el pistolón. Lo curioso es que ya sabemos qué va a pasar con Travolta después, que muere solo, con lo que el interés de la historia es saber cómo desaparece Samuel del argumento. Después de disparar a la cabeza al chico negro y limpiar la guarrada del coche en el garaje de Tarantino con la ayuda del señor Lobo, van a desayunar y unos putos yonquis no tienen otra idea que atracar el restaurante donde se están dando un descanso los asesinos.

El acto de conversión a la no violencia de Samuel L. Jackson es memorable, rehace sus actos, uno por uno, pero invertidos, dialogo a punta de pistola, calma frente a rabia, y lo remata con los versículos, completamente inventados aunque él cree que son sacados de la biblia y descubre que muy freudianamente, se ha estado repitiendo la verdad que quiere oír sin notarlo. Que el hombre es un lobo para el hombre y que todo lo que sube baja.

Se cierra el tercer círculo de la película, como una cebolla, con la idea de que es mejor no vengarse ni joder al prójimo, Samuel se levanta, sale y tiene su discreta “ride into the sunset”.

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