‘El símbolo y el cuate’ y ‘Esencial’: diseccionamos los últimos recopilatorios de Joaquín Sabina

Joaquín Sabina
Joaquín Sabina

A mediados de año, Sabina dejó caer en algunas entrevistas que probablemente publicaría trabajo nuevo de cara a la campaña de Navidad, y nuevo material no le falta, porque alguna versión de Dylan anda cantando en los bises de la gira que actualmente lleva a cabo. Aunque imagino que algún tipo de artefacto comercial se han de inventar en próximos días de cara a rascar los bolsillos de sus seguidores “en fechas tan entrañables” (y Sabina en este aspecto es una especie de gallina de huevos de oro, ahora decidido a explotar su nombre, convertido en su propia marca, mediante libros peregrinos conformados por entrevistas, su correspondencia, sus dibujos, e incluso agendas) la falta de noticias respecto a una novedad discográfica, a estas alturas del año, nos hace pensar el próximo disco se retrasa al año que viene. Eso no significa que 2014 haya sido un año en blanco en lo que a lanzamientos discográficos se refiere, ya que a lo largo de la primavera Sony puso a la venta dos nuevos trabajos con su nombre. Aunque desiguales en concepción, ambos tienen en común la falta de canciones nuevas: recalientan el repertorio de discos anteriores. Y esto es reseñable, puesto que se trata de una operación comercial a la que, hasta el momento, el artista siempre se había negado.

 

Un poco de historiografía

 

Una serie de problemas con las mezclas retrasa a 1984 la publicación de Ruleta rusa (CBS, 1983), tercer trabajo de estudio –y cuarto de su carrera- de Joaquín Sabina. Los arreglos del disco desagradan al ubetense, que al final consigue remezclar varias, pero no todas, de las canciones del disco. La relación con la discográfica que había publicado sus dos trabajos anteriores llega a punto muerto, y posteriormente solo publicará un sencillo más con la canción Dos mejor que uno” (1984), toda una rareza en su discografía porque jamás se ha reeditado en formato alguno.

De manera paralela, la discográfica CBS (que aglutina también otros sellos como Columbia o Epic) es adquirida por el conglomerado multiempresarial japonés Sony. Los cambios en la política empresarial que la absorción conlleva conducen a la salida de otros artistas de la compañía: a Sabina le siguen, entre otros, Mecano, Víctor Manuel y Ana Belén; y todos ellos recalarán en la discográfica Ariola. Esta es asimismo absorbida por otro gigante empresarial multisectorial alemán Berthelsmann, que unificará diferentes sellos bajo la marca BMG.

La política de Sony con todos sus artistas prófugos es la misma: preparar un disco recopilatorio de cada artista sin su consentimiento y hacer coincidir su lanzamiento con el primer trabajo en la nueva compañía, a fin de confundir al comprador con dos discos nuevos en el mercado, y disminuir las ventas del que es verdaderamente el nuevo trabajo. Una jugarreta, por otra parte, bastante común entre discográficas. Sabina no es una excepción, y junto a Juez y parte (Ariola, 1985) aparece en las tiendas Pongamos que hablo de Madrid y todos sus éxitos (CBS, 1985), nutrido a partes iguales por canciones extraídas de Malas compañías (CBS, 1981) y Ruleta rusa (CBS, 1983), los únicos trabajos de estudio los cuáles Sony era poseedora de los derechos –también poseía los de La Mandrágora (CBS, 1981), que apenas ha sido explotado a este efecto-. La estratosférica fama que Sabina alcanza a partir de su doble LP En directo (Ariola, 1986) y siguientes, hace que Sony encadene nuevos recopilatorios insustanciales: se publican así Eh, Sabina y otros grandes éxitos (Epic, 1986) –durante décadas, el único disco que incluía la canción “Viejo blues de la soledad”-, Mucho Sabina (Epic, 1990), Querido Sabina (Epic, 1993) y un sinfín de casetes “versiones originales” y CDs “serie estelar” destinados a stands de ferias, bares y gasolineras –en argot discográfico, serie económica-. Todos comparten un pésimo gusto en sus portadas y la misma veintena de canciones explotadas hasta el hastío. Uno de tantos recopilatorios, este editado por Sony Argentina, Todos hablan de ti (2003), suele aparecer en Internet como parte de la discografía oficial. Es una errata: Sabina siempre ha abominado, y con razón, de todos ellos.

Galería de recopilatorios

Pero hete aquí que la discográfica de Sabina y la que publica los recopilatorios se fusionan en 2005. Hasta ese momento, el único trabajo de Sabina que podía considerarse recopilatorio, entre comillas, era Diario de un peatón (BMG, 2003): un disco doble que reeditaba en su primer CD su anterior trabajo, Dímelo en la calle (BMG, 2002) y añadía en el segundo CD una serie de rarezas, maquetas y descartes inéditos. Pero el hecho de que ahora todo el catálogo del cantautor –a excepción del denostado primer elepé- se encuentre unificado bajo la misma discográfica propicia la publicación de dos cajas antológicas: Punto… 1980-1990 (SonyBMG, 2006) …Y seguido 1992-2005 (SonyBMG, 2006). Las dos conformadas por 7 CDs y 1 DVD, de presentación muy cuidada, que reeditan en conjunto casi toda su obra hasta la fecha añadiendo a cada pack un CD de rarezas y un DVD de actuaciones como señuelo para el comprador. Una nueva caja con todos sus discos -excepto los compartidos- reeditados en vinilo, incluso aquellos que no aparecieron originalmente en este formato, se publica en 2008.

Poco tiempo después, Bertelsmann desinvierte su parte de la compañía y SonyBMG pasa a denominarse simplemente Sony Music. Paradoja: Sabina ha vuelto a la disquera de la que se fue sin moverse de la compañía en la que estaba. Y con él todo su catálogo. En 2012, a imitación de la serie de recopilatorios “The Essential” que Sony publica de sus artistas extranjeros, la filial española editará unos similares “Esencial”, y en la primera entrega ya se anuncia el Esencial Joaquín Sabina. Es el primer recopilatorio que recorre toda la carrera de Sabina. Sin embargo, el cantautor paraliza su publicación… por el momento.

 

El símbolo y el cuate

 

Portada de 'El símbolo y el cuate'
Portada de ‘El símbolo y el cuate’

El regreso de Serrat y Sabina en comunión artístico-musical, tras el éxito monumental de la gira y el disco Dos pájaros de un tiro (SonyBMG, 2007) cristaliza con la grabación de un disco compuesto y grabado a dúo, La orquesta del Titánic (Sony, 2012) y la gira “Dos pájaros contraatacan”, de la cual se publicará un nuevo combo CD-DVD en directo, Serrat & Sabina en el Luna Park (Sony, 2012). La gira, que recorre toda América Latina –además de España y, controvertidamente, Israel- supone una ocasión para el realizador Francesc Relea de filmar un documental.

El trabajo audiovisual, estrenado en 2013 con el título de El símbolo y el cuate, acumula tal cantidad de intenciones que por fuerza resulta un batiburrillo. En teoría el filme busca analizar el impacto que tanto la obra como la personalidad de los dos cantautores ha tenido en las sociedades de Argentina, Chile, Perú, Uruguay y México; así como la reciprocidad de estas culturas en las composiciones, y el devenir vital, de cada artista. En este aspecto, resulta sobrecogedor el saludo de Serrat al pueblo chileno en el momento del referéndum que echó al dictador Pinochet en 1988, o los recuerdos de Sabina respecto a la Gran Marcha al DF del Subcomandante Marcos en 2001. Cada tema ya da de por sí para un documental propio (de hecho ya existía uno que hablaba exclusivamente de la conexión de Serrat con Chile), por lo que entremezclarlo también con el proceso de composición y grabación del disco conjunto, los interines de la gira, el encuentro de los cantantes con músicos, amigos y admirados (se agradece enormemente la participación de Eduardo Galeano), todo ello condensado en apenas hora y media, solo puede conllevar a la superficialidad. Casi diríase que es un reportaje alargado sobre demasiados aspectos abordados por encima.

Sony publica el documental en primavera, en un pulcro y bien presentado combo CD-DVD, aunque no se sabe bien qué es lo que se compra y qué es lo que se regala. Se anuncia el CD como banda sonora de la película, y todas las canciones aparecen en ella. Pero hay más canciones en la película que no salen en el CD, y las que sí salen, en muchos casos no coinciden las versiones. Esto se debe a que se ha recurrido a lo fácil: extraer las canciones de discos ya publicados y conformar un recopilatorio al uso, en lugar de buscar maquetas, demos, descartes o tomas en directo inéditas (que sí se usan en el documental) y que hubieran hecho el CD mínimamente interesante. Solo la versión de “Mediterráneo” no existía en CD, pero ya estaba editada en un DVD previamente.

En cuanto a la selección, las canciones de Sabina y Serrat se entremezclan cual si fuera de una única carrera, y además se alternan indistintamente tomas en estudio y en directo, pero nunca inéditas. Hay 5 canciones cantadas al alimón y las demás pistas se reparten en solitario por igual, 6 a 6, hasta conformar un total de 17. Al tratarse de un recopilatorio temático –canciones que vinculan a los autores con Latinoamérica-, el resultado hubiera sido tan difuso que se han tenido que incluir algunos grandes éxitos de ambos (“19 dias y 500 noches”, “Mediterráneo”, “Cantares / Y nos dieron las diez”) para poder hacer comercial la operación, algunas cantadas a dúo para que la gente no olvide que el disco es conjunto. Esto se refuerza mediante un par de canciones recientes compuestas y cantadas por ambos (“Maldito blues” y “Acuérdate de mí”, la primera en estudio y la segunda en directo en decisión ¿aleatoria?).

Sobre las que aporta Sabina en solitario, estas sí tienen vinculación directa con sus vivencias latinoamericanas (Lima, Buenos Aires, Ciudad de México), y todas pertenecen a su “etapa ronca”, mostrando una cierta unidad estilística. Ahora bien, respecto a Serrat, hay hasta 4 canciones extraídas de su irregular disco Tarrés/Serrat. Cansiones (BMG, 2000), aquel en que versionaba grandes clásicos de la canción sudamericana, ignorando la existencia de material propio de implicación emocional con el continente. El sur también existe (Ariola, 1985), sin ir más lejos. Además, hubiera sido la ocasión perfecta para sacar de la clandestinidad y editar al fin “La montonera” (1976), aunque al parecer es el propio autor quien se niega a hacerlo. Para hacer más errática la selección, se encadenan tomas en directo grabadas con cerca 30 años de diferencia.

Aunque la promoción de la discográfica se limitó a un par de notas de prensa (ya existía previamente una web oficial sobre el documental), Serrat y Sabina aparecieron en el programa Versión española (TVE, 27 de mayo de 2014) para hablar sobre la película y darle al disco la pátina de lanzamiento oficial. El recopilatorio entra directamente al nº 3 de la lista de Promusicae, lo que no está mal para ser un producto recalentado, pero al contrario que la mayoría de trabajos de Serrat y Sabina, este todavía no ha alcanzado el Disco de Oro. Si bien a Serrat el trabajo le sirvió para anticipar una nueva compilación de próxima aparición, muy cuidada y trabajada, que incluye muchos dúos regrabados, Antología desordenada (Sony, 2014) y con la que anticipa unos meses la celebración de sus bodas de oro con la música, a Sabina el recopilatorio sirvió para crear precedente.

 

Esencial Joaquín Sabina

 

Esencial Sabina CD
Portada de ‘Esencial’

Y es que una vez publicado El símbolo y el cuate, ya no parece haber inconveniente para publicar el tan anhelado por la discográfica Esencial Joaquín Sabina. Así, el proyecto se descongela, se modifican tanto el tracklist como la portada y el primer recopilatorio que abarca toda la carrera de Sabina se pone a la venta apenas un mes después que el recopilatorio compartido con Serrat.

Formalmente, comparte las características de los otros títulos de la serie: presentado en caja de bordes redondeados propias de los SACD, pero con los dos CDs colocados uno sobre otro de manera bastante incómoda, un par de fotos tanto en el interior como en la portada, un libreto mínimo –apenas una hoja, con la información de los títulos-, y un color que dé unidad estilística al trabajo. En este caso se opta por el ocre, acorde a las fotos que acompañan –pertenecientes a las sesiones de Vinagre y rosas (Sony, 2009)- y que retoma las presentaciones tristonas, en colores apagados, de los últimos discos del ubetense.

El desorden de las canciones, colocadas como en los demás títulos de la colección “Esencial” siguiendo un criterio no cronológico, supone con diferencia el mayor defecto del disco. Chirría en grado sumo que a “Tiramisú de limón” (2009), con un Sabina más ronco que nunca, le siga la voz límpida de “Caballo de cartón” (1983). Este aspecto debía haberse cuidado en un cantante cuya voz, se nota a la simple escucha, se ha ido agravando disco a disco.

En cuanto a la selección, es verdad que incluye prácticamente todos los grandes éxitos de Sabina, aunque adolece olvidos imperdonables (“Pacto entre caballeros”, “La del pirata cojo”, “Peor para el sol”) y también se añaden otros temas menos conocidos, claramente de relleno. Discos como Mentiras piadosas (Ariola, 1990), que fue alabado por la crítica argentina pero desdeñado por la crítica española, o Esta boca es mía (BMG, 1994), se encuentran sobrerrepresentados con 5 canciones; mientras que Hotel dulce hotel (Ariola, 1987) o Física y química (BMG, 1992), obras culmen tanto en crítica como en ventas en la carrera del cantautor, apenas aportan 2 canciones cada uno. Tampoco se entiende bien que a Dímelo en la calle (BMG, 2002) le represente “La canción más hermosa del mundo”, que no fue ni el single principal (“69 punto G”) ni la canción con mayor trascendencia posterior (“Peces de ciudad”) que incluía aquel disco. Llama también la atención la sobreabundancia de baladas y medios tiempos, como si se reivindicara la vertiente pop del cantante –solo rota por momentos con “El caso de la rubia platino” o “Ruido- que nada tiene que ver con la heterogeneidad musical, a veces mareo estilístico, de que hacen gala tantos discos de Sabina. Por último, un apunte que invita a la reflexión: de las 34 canciones que incluye el doble CD, ninguna inédita, solo tres (“La canción más hermosa del mundo”, “Pájaros de Portugal” y “Tiramisú de limón”) pertenecen a discos publicados en lo que llevamos de siglo XXI. ¿La trascendencia de sus más recientes composiciones queda lejos de glorias pasadas?

Publicado de tapadillo junto a otros títulos de la colección “Esencial” (Mocedades, María del Mar Bonet, Ana y Víctor, Mónica Naranjo, María Dolores Pradera, a sumar a la quincena que ya existía), el recopilatorio de Sabina no tuvo ningún tipo de promoción, como si artista y discográfica desearan mantenerlo en secreto. Apenas existen reseñas del disco en Internet, más allá de Mikel Erentxun recomendando el disco. De no ser porque las tiendas, tanto físicas como virtuales, lo han colocado en lugares bien visibles y prominentes, la compilación hubiera pasado prácticamente inadvertida. Por este motivo, el disco apenas llegó al puesto 18 en la lista de los más vendidos –el puesto más bajo de un disco de Sabina en décadas- y en los puestos intermedios de la lista se mantiene desde entonces. Quizá si hubiese puesto más mimo e implicación por todas las partes en un proyecto de estas características, ahora que al fin se hace tras tantos años sin querer hacerlo, otro gallo nos habría cantado.

Canciones Esencial Sabina

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Un comentario sobre “‘El símbolo y el cuate’ y ‘Esencial’: diseccionamos los últimos recopilatorios de Joaquín Sabina

  • el 17 octubre, 2014 a las 6:48 pm
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    Por suerte o por desgracia nunca me compré un disco de Sabina. Bastante se le escuchaba en los bares. Solo eso fue suficiente para aprenderme sus canciones, cosa que agradezco enormemente. Pienso que si ahora se ha “vendido” es que quizá lo necesite. Él verá. Yo se lo perdono, al muy canalla. Bastante tiene ya con sus achaques.
    Muy buen análisis del tema, Fabio. Un saludo

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