Beau Soir en el Café Central: siete siglos de música en clave de jazz

Prittwitz, Álvarez y Salvador: los miembros de Beau Soir
Prittwitz, Álvarez y Salvador: los miembros de Beau Soir

Arrancaron su ciclo de conciertos este lunes y finalizan este domingo 12 de octubre. Su hábitat semanal, el Café Central, es un ecosistema que corre peligro de extinción, un lugar con historia y clase que, desgraciadamente, podría estar viviendo sus últimos días/semanas de existencia. El grupo se llama Beau Soir, como la canción de Debussy, y está formado por la soprano Isabel Álvarez, el pianista Iñaki Salvador y el saxofonista, clarinetista, flautista, en definitiva, maestro de los vientos, Andreas Prittwitz. Los he disfrutado en directo, en la noche de este miércoles. Si tuviera que definirlos con una sola palabra, emplearía el término “artistas”, en el sentido más radical del vocablo.

Jazz, ragtime, efectismo, improvisación. MonteverdiBachDebussy -por partida doble- o Monteverdi. Siete siglos de música en el repertorio. Beau Soir interpreta piezas medievales, del Barroco o, incluso, de películas de Disney, les da el toque adecuado de maquillaje y, entonces, las hace suyas. “Las canciones son un formato vivo -explica Salvador-, pequeñas píldoras en que poesía y música se fusionan. ¿Por qué da miedo tocar la música de siglos atrás? Las canciones del siglo XV o XVI también deben vivir”.

Se agradece la existencia de grupos como Beau Soir porque acercan al café, al público más profano, canciones que nos quedan muy lejos, que suelen ser especies comunes en la ópera y en los teatros reales, hábitats que a muchos nos quedan demasiado lejos -sobre todo, económicamente. Antes he dicho que Álvarez, Salvador y Prittwitz son artistas. En el concierto de este miércoles -imagino que en el resto también- han mostrado grandes dosis de ritmo, elegancia, clase y brillo. Qué bien canta la soprano, qué bien tocan sus acompañantes. El respetable aplaudió no aplaudió por cortesía, sino por rendición. Daba igual que la canción no hubiera terminado: en más de una ocasión, el público se rindió a los solos de clarinete, saxo o flauta de Andreas -un músico al que considero genial, y perdón por, quizás, el exceso de subjetividad, desde hace muchos años.

Finalmente, mencionar el runrún que había en el Central sobre su posible cierre. Una señora, a mi lado: “Venía caminando por Gran Vía desde Plaza de España. Y no he hecho más que encontrarme con bares de franquicias, chinos y tiendas de regalos”. Y, en su despedida, Iñaki Salvador -quien también ejerció de maestro de ceremonias-: “El Central pasa por horas complicadas, como toda la cultura de este país. El Central es un sitio muy importante. Sería una verdadera barbaridad si este local dejase de tener estas actividades”.

Así pues, si me permiten, termino con un consejo: vayan al Central, a sus conciertos y, por supuesto, si lo desean, acudan a uno de Beau Soir. Es un gustazo para los oídos escucharlos.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies