‘20.000 días en la Tierra’: el mejor retrato cinematográfico que podría tener Nick Cave

Cartel de la película
Cartel de la película

A Nick Cave, en España, no lo conoce (casi) ni Dios. Me ha costado digerirlo. No sé si les pasa a ustedes, pero cuando yo venero a algún escritor o a algún músico, en seguida creo que me voy a topar con feligreses suyos cada media hora, en cada esquina. Con personas que amen y conozcan tanto o más que yo la obra de ese artista en cuestión. “A las diez voy a los cines Golem, al pase de prensa de 20.000 días en la Tierra, la película que protagoniza Cave”, pregonaba yo a mis amigos o compañeros, en plan fan locaza; estos, a su vez, preguntaban: “¿Y ese tío quién es?”.

No sé si Iain Forsyth y Jane Pollard, quienes dirigen el film, pretenden con su cinta responder a esa cuestión. Menos aún Nick Cave, quien firma el guión junto a los directores. 20.000 días en la Tierra es una especie de falso documental que recrea un (posible) día cualquiera en la vida del músico australiano. No estamos ante un documental al uso ni, mucho menos, ante un reality. Narrativamente me recuerda a Crónicas Vol. 1 de Bob Dylan: todas las aportaciones biográficas, todas las sentencias y reflexiones se lanzan con el objetivo de ayudar a entender cómo se formó el artista, por qué es así, y cómo trabaja.

“La composición y la actuación, para mí, son un modo para sacar al monstruo a la superficie” (Nick Cave)

“A finales del siglo XX dejé de ser humano”, dice en off nada más empezar la película mientras, en la imagen, un despertador le invita con la violencia pertinente a abandonar el lecho que comparte con su esposa, Susie. Así arranca el ficticio día 20.000 en la vida del australiano. Una jornada en la que escribe, visita al psicoanalista Darian Leader, ensaya junto a los Bad Seeds, conversa con Warren Ellis, prueba e interpreta canciones y, mientras conduce, recibe las visitas fantasmales de Kylie Minogue o el actor Ray Winstone.

Cave emplea un discurso (aparentemente, al menos) auténtico, real, creíble. Recuerda a su padre leyéndole Lolita, enseñándole las aliteraciones, y volviéndose “diferente”, convirtiéndose “en algo más grande”. Confiesa su miedo más terrible: “Perder la memoria. La memoria es lo que nos define, es como el alma”. Rememora sus días de yonqui, cuando antes de ir a pillar a Portobello Road, “lo primero que hacía era ir a misa”. También destripa su modo de componer –“El contrapunto es la clave”, cuenta, y poco después expone un maravilloso y atroz ejemplo en el que mete, en una habitación, a un niño, a un psicópata mongolo y a un payaso-, lo que supone para él crear una canción, cuándo estas tienen interés y cuándo dejan de tenerlo: “Al fin y al cabo, no me interesa lo que entiendo bien”.

Finalmente, señalar que la película está muy bien regada con canciones de su último disco de estudio, Push the Sky Away, y en la que destaca una interpretación en el estudio de “Higgs Boson Blues”, y una en directo de “Jubilee Street”, intensa, brutal, agresiva, que invita a acudir de forma urgente a un concierto del australiano –cosa que, quien les escribe, hará el año que viene.

Acudan a ver la película. Se estrena el 7 de noviembre. Si son feligreses de Cave, la cinta hará que se les caiga la baba; si no, les ayudará a (empezar a) descubrir a un músico brillante que juega en la liga de los Dylan, Waits o Bowie aunque, lamentablemente, en España no sea tan (re)conocido.

Warren Ellis y Nick Cave conversan en un momento de la película
Warren Ellis y Nick Cave conversan en un momento de la película

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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