‘Torrente 5’: una distopía sobre España brillante… y terrorífica

Cartel de 'Torrente 5'
Cartel de ‘Torrente 5’

Entre OrwellKennedy Toole, entre el chiste de El Roto y la columna de Antonio Lucas, más unas cuantas dosis -notables, pero no tan empalagosas como en entregas anteriores- de humor zafio, obsceno, facilón y, sí, efectivo, se encuentra Torrente 5, la última película escrita, dirigida y protagonizada por Santiago Segura.

La España que esculpe Torrente 5 es un Estado fallido gobernado por Mariano Rajoy y en el que el jefe de la oposición es Pablo Iglesias. En 2018 somos el quinto país en el mundo con mayor tasa de trabajo infantil. Los niños pringan hacinados, en condiciones miserables, y transmiten enfermedades. La edad de jubilación está en torno a los 70 años. Hay quienes, a modo de burros, transportan a turistas de un lado a otro, tirando literalmente de un carro, por un salario ínfimo. El IVA está en niveles de ochomiles. Cataluña es un país independiente que juega, junto a Argentina, la final del Mundial de Fútbol. Eurovegas fue construido gracias a unos familiares de Esperanza Aguirre que hicieron unos chanchullos, entre otros, con algunos implicados en el caso Palau. Las masas se acumulan en las puertas de las cárceles pidiendo entrar: en ellas, al menos, tienen un plato de comida que llevarse a la boca. Ninguna otra película reciente del cine español ha llevado la sátira sociológica tan lejos, de una manera tan cruda, dolorosa y precisa. Virgencita, que Segura no acierte.

En este contexto se enmarca un Torrente tradicional. O sea: vil, guarro, maleducado, racista, despreciable. El expolicía abandona la cárcel y se desploma al ver cómo la España para la que él ha trabajado, o como se diga, ya no existe. De ahí que decida atracar un casino, trabaje para el personaje que encarna Alec Baldwin, y reclute a su mejor equipo de colaboradores de toda la saga: a los habituales Cañita Brava o Barragán se le suma un -nobleza obliga decirlo- Fernando Esteso entrañable; un Carlos Areces que encarna al subnormal -así, tal cual- más divertido y desquiciante que he visto en mis 25 añitos de vida; un Florentino Fernández que también interpreta a un tipo con pocas luces, y si bien no es tan sórdido como el personaje de Areces, también provoca la carcajada en más de una ocasión, y un Jesulín de Ubrique que cumple y con creces en su personaje de viceayudante del detective.

Escribo viceayudante porque en Torrente 5 el escudero oficial del expolicía es Julián López. Interpreta a Cuco, el joven yonki que acompañó a Torrente en Marbella. Acudí al cine con un dilema: por un lado, el manchego es uno de mis humoristas españoles favoritos: me río con sus monólogos, con sus personajes -como Vicentín, El Hombre Asqueroso o Juan Antonio El Bocas-, etcétera; por otra parte, el Cuco de Gabino Diego fue el ayudante que más me gustó de toda la saga. Resultado de la ecuación: no añoré al Cuco de Diego; el de López, si bien no es tan icónico, me gustó muchísimo. Verlo buscar restos de cocaína en un retrete no tiene precio.

En definitiva, que Torrente 5 está muy bien. Los talibanes de lo políticamente correcto dirán que es una mierda, pero ya estamos vacunados contra esa gente que camina por la calle con pinzas en la nariz y hierve los preservativos. Además, el film culmina con una canción de Sabina, una chirigota torrentiana que sabe mucho a “Semos diferentes”. No le pude pedir más a la cosa. Gracias a Santiago Segura por el gran rato. Y que vivan los segovianos.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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