“Oh, my Lord”, de Nick Cave, y el temor irracional a Dios

Nick Cave & The Bad Seeds, en una imagen promocional de 'No more shall we part'
Nick Cave & The Bad Seeds, en una imagen promocional de ‘No more shall we part’

Nos educaron en el temor a Dios. A muchos de los que integran/integramos mi generación. Si haces las cosas mal, recibirás tu castigo; si las haces bien, tu recompensa. Lo primero, en los dos mundos; lo segundo siempre quedó lejos del terrenal. Principios: piedad, justicia y misericordia. Qué dos deidades tan diferentes la del Antiguo y la del Nuevo Testamento. Me quedé con el segundo; Yavé, o como se escriba, siempre me dio miedo. “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia”, dice Cristo, “porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Pórtate bien, que serás premiado en la otra vida. “Alegraos y regocijaos -continúa-, porque vuestra recompensa será grande en los cielos”.

Mientras tanto, en la Tierra, permanecemos en un casting que finaliza con la muerte. Nick Cave canta en “Oh, my Lord”, pieza incluida en No more shall we part (2001) desesperado, como pidiendo clemencia:

¡Oh Señor! ¡Oh Señor Mío!
¡Oh Señor!
¿Cómo te he ofendido?
Estréchame entre tus tiernos brazos.
¡Oh Señor! ¡Oh Señor!
¡Oh Señor Mío!

El australiano se confiesa ateo, aunque tal y como declaró en la presentación de su última película, 20.000 Days On Earth: “En mis composiciones, bueno, algún tipo de ser como ese -Dios- existe. Alguien está llevando la puntuación, digamos”. No more shall we part es un disco con un gran cargamento teológico, publicado tras superar una fuerte adicción a la heroína y al alcohol. “Oh, my Lord” es, quizás, la pieza más suplicante de ese trabajo, una herida en carne viva en el alma -pongamos que se llama alma- de Cave.

Balada cruda, que aumenta en intensidad conforme avanza. El piano del arranque pasa a un segundo plano cuando irrumpen unas guitarras agresivas y una batería revolucionaria. El protagonista de la canción, un tipo con esposa e hijos, tiene premoniciones/intuiciones que le producen pavor: la Espada de Damocles colgando sobre su madre, o la Lanza del Destino atravesando su cuerpo. Se siente perdido, busca un rumbo, se arrepiente de algo, aunque no sabe muy bien de qué: ese “¿Cómo te he ofendido?” del estribillo sabe a humillación, pero también a desconocimiento.

“Sé consciente de las oraciones que haces, / reza mucho, pero reza con cuidado, / porque las lágrimas que estás llorando ahora / son sólo tus oraciones respondidas”, aconseja Cave en el tramo final de la canción. Disfruten de esta obra de arte hermosa, desesperada y doliente.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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