“Jubilee Street”, de Nick Cave: la trascendencia a través de la degradación

Fotograma del videoclip de "Jubilee Street"
Fotograma del videoclip de “Jubilee Street”

Hablábamos ayer de esa canción que hipnotiza, que te empuja por un túnel carrolliano que comunica con un nuevo mundo, y ese nuevo mundo que te gusta, y en el que decides quedarte durante una temporada ilimitada, casi hasta la saturación, y esta, cuando llega, no lo hace de forma violenta, no hay rechazo ni huida, sino una asimilación -más o menos completa- que concluye con un: “Sí, ahora estoy saciado”.

Nick Cave me secuestró con una canción reciente: “Jubilee Street”, el cuarto tema de su último disco de estudio con The Bad Seeds, Push the Sky Away (2013). La calle del Jubileo. Una pieza que envuelve. Es extraño: cuando la escuché por primera vez, tuve la sensación de atravesar una puerta nebulosa, translúcida; sin embargo, cuando el australiano empieza a cantar, el mundo, su mundo, el mundo de esa canción, es tan limpio, tan claro, tan impactante. Y tan inquietante.

Dice Cave en una entrevista concedida a Rolling Stone sobre “Jubilee Street”:

Es una pequeña malvada historia, pero es una canción sobre la trascendencia, y lo que en realidad funciona de la canción es la fea historia humana. Pero a través de la degradación se llega a un estado de trascendencia, y a través de la humillación el personaje llega al éxtasis y se convierte en un ente espiritual.

Los instrumentos de cuerda, el coro suave, como de ánimas, el punteo constante, y una melodía que va ganando intensidad y dramatismo conforme avanza la canción. La letra arranca con la presentación de “una chica llamada Bee”, que “tenía amor en el estómago, un dolor pequeño, / y diez toneladas de catástrofe en una cadena de 60 libras”. En la agenda de esta prostituta sólo aparece el nombre de un tipo, de un hombre corriente, padre de familia, aburrido, gris, un tipo que sólo es capaz de ser feliz contratando los servicios exclusivos de la joven meretriz.

Al final, la sucia solemnidad va in crescendo, y alcanza el culmen cuando Cave pone en boca del personaje que canta en primera persona unos versos brutales:

Debería haber practicado lo que predico.
Estos días voy al centro con mi corbata y mi traje,
tengo un feto atado a una correa.
Ahora estoy solo, más allá de las recriminaciones,
las cortinas cerradas, los muebles tirados.
Me estoy transformando, vibrando.
Soy un embrión alimentándose de oxígeno oscuro*.
Brillando, volando, mírame ahora.

Así pues, brillen. Vuelen. Y escuchen y miren el videoclip, que tampoco tiene desperdicio.

*Verso que aparece en la transcripción de la letra, pero que Cave no canta.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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