El día que amaneció sin Víctor Jara

Imagen de Víctor Jara, asesinado en 1973 en el Estadio Chile, que en 2004 pasó a llamarse Estadio Víctor Jara.

Normalmente los días de aniversarios y cumpleaños son motivo de celebración o esparcimiento y mi caso no constituye ninguna excepción. Recuerdo que, cuando era muy pequeño, solía jugar en la parte de atrás del taller de mi padre, que asustaba un poco, todo lleno de herramientas  puntiagudas, esquirlas metálicas, polvo, filos aún por sacar, ruedas de afilar y la oscuridad intermitente de un halógeno viejo.

En alguna parte de aquel lugar, símbolo de una profesión familiar que yo nunca he ejercido (hasta la fecha), había una foto de mi abuelo, que había muerto pocos meses después de que yo naciera. Siempre me entristecía mirar aquel rostro, supongo que un niño puede afrontar mejor la pérdida si alguna vez ha sido consciente de haberlo tenido. Para recuperar el ánimo corría hacia el calendario y buscaba el día de mi cumpleaños: 17 de septiembre: San Roberto Belarmino (que, dicho sea de paso, era un cabrón de cuidado).

Desde entonces siempre ha sido motivo de paz para mí pensar en ese día y de un tiempo a esta parte he intentado escribir siempre que llega esa fecha, algunas líneas sobre mí y sobre algo que pasara aquel día en cualquier otro año, para tejer un regalito para mí mismo. Lo cierto es que siempre me es difícil encontrar algún hecho relevante porque, al parecer, es uno de los días más aburridos de la historia, pero es aquí donde me encuentro a Víctor Jara.

No soy una persona que llore mucho, sin ánimo de querer demostrar nada, ni reivindicar ningún ideal rancio sobre la masculinidad, pero es así. Sin embargo, hay miles de ocasiones en que el revolver de sensaciones es de tal magnitud que me quedo al borde del llanto. Uno de esos momentos en los que estoy a punto del quiebro, cuando casi me rompo por completo es el momento en que mis oídos alcanzan las notas de “Te recuerdo Amanda“. En dos minutos quedo destrozado. Desde el día que Jara escribiera la canción hasta hoy, habrán aparecido por la faz de la tierra millones de Manueles y de Amandas, millones de obreros, millones de personas desgarradas por el amor, que diría Ian Curtis, caminando por esa calle mojada de lágrimas, tan cerca de un abrazo que no se completa, la canción retrata un espíritu humano que nunca puede morir. Pero Víctor sí lo hizo.

Lo atraparon el 12 de septiembre de 1973, un día después del golpe de Pinochet, mientras estaba en la Universidad Técnica del Estado (sita en Santiago de Chile), donde se disponía a poner en práctica el único pecado que le pudieron achacar aquellos militares lobotomizados: cantar. Junto con otros muchos fue conducido al Estadio Chile donde se organizó un improvisado campo de prisioneros, entre los cuales no pasó desapercibido. Fue sometido a múltiples torturas hasta que el 16 de septiembre, después de recibir un disparo en la cabeza que no lo mató, murió a causa de cuarenta y cuatro impactos de bala.

Como dije antes, nunca parece pasar nada el mismo día 17, nada que celebrar, nada que conmemorar, nada por lo que ponerse triste, pero Víctor Jara me ha ayudado a abrir los ojos, a huir de lo obvio. Cierto es que es el día 16 en el que aquel asesinato horrible se perpetró, pero solo mataron la carne, fue realmente lo que pasó al día siguiente, el silencio de su ausencia, lo que avergonzará a aquellos que, directa o indirectamente, apretaron el gatillo contra el chileno. El día 17 fue el primero en el que salió un sol sin Víctor Jara. Otro día 17 de septiembre, muchos años después, mi madre tuvo a bien parirme; para mí este día siempre significó vida, felicidad y alivio y, para el resto, desde el año 1973, solo fue el día triste después de la muerte de un hombre, de un hombre bueno.

Se me hace muy triste que nadie recuerde que el día más triste es el día más triste por ser el 17 de septiembre, el mismo día que nací yo, el primer día sin Víctor Jara.

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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