“¡Atletas, bajen del escenario!”: una historia del gran Peret

Pedrito

Ni “Yo soy tu padre”, ni “Alégrame el día”. Si Constantino Romero será recordado por muchos es por esta frase. La dijo en la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos de Barcelona ’92. En ese concierto tocaban Los Manolos acompañando a Peret. Eran los primeros juegos olímpicos del país, y era impensable que Peret no se marcase el “Gitana Hechicera”.

Esta canción, más conocida por su estribillo -“Barcelona es poderosa […]”- puso como motos al equipo olímpico español, que la bailaba como si no hubiese mañana (piensa en atletas, entrenados en saltos y zancadas y movimientos de cintura capaces de romperte el espinazo… bailando como locos y cantando “¡marabú!”). Los deportistas hicieron una conga multitudinaria y finalmente invadieron el escenario desde el que cantaban los artistas. Por supuesto, seguían saltando, y el escenario empezaba a parecer una cama elástica. La estructura no estaba preparada para ese nivel de estrés y era cuestión de segundos que cediese y ensartase en un amasijo de hierros tubulares y de bordes serrados a la flor y nata del deporte mundial. Por eso, Constantino Romero con la voz apenas templada, ruega desde la megafonía: “¡Atletes, baixin de l’scenari; Atletas, bajen del escenario!”

(Es el trozo de un reportaje de la TV local de Barcelona BTV, está en catalán, pero las imágenes hablan por sí solas)

Eso da una idea de lo que Peret ha representado para una España que sigue buscando su identidad en otros sonidos, otros símbolos, unas señales distintas de una bandera en la que anidó un aguilucho y la dejó toda cagada y guarra. Parece que la rumba catalana, esa renovación de un cante de vuelta, toca las cuerdas de lo que Nietzsche llamó el Volkgeist (el carácter de un pueblo), entre la sal, la risa y el sol, combinado al que Peret le puso una gotita de rocanrol para mover más a gusto las caderas.

Esa nueva rumba viene de un cante de vuelta popular entre marineros y poco más, por eso no podía nacer en otro sitio que el Somorrostro, un barrio de chabolas que ocupaba lo que es hoy Ciutat Vella y Sant Martí (Poblenou). Limitado por el barrio de la Barceloneta, antiguo barrio de pescadores y el Raval (el Arrabal). Marineros y gente de mala vida se juntaban en los garitos del Raval a beber y bailar la noche entera y allí, en algún sitio sin concretar, se cantó la primera rumba, rumba como la conocemos. Por cierto, el Somorrostro dejó de existir allá por los ’60, cuando fue arrasado por excavadoras a causa de una visita de Franco, y los gitanos, dispersos al extrarradio.

(A su manera, reivindicaba la opresión del régimen sobre la etnia gitana, quizá su denuncia era elíptica, como en esta letra, pero contundente: lo mataron por gitano.)

https://www.youtube.com/watch?v=NvXdRw_c7qk

Las comunidades gitanas de Barcelona son las más antiguas de España. Desde su llegada se han organizado en comunidades, sitas tradicionalmente en los núcleos de Hostafrancs, Gracia y Poble Nou, aunque los intereses urbanísticos de la ciudad los han desplazado a lugares de extrarradio como El Carmelo y La Mina, donde se junta cierto desamparo social con una muy sentida injusticia distributiva.

Como curiosidad, la mayor parte eran quincalleros, chatarreros, trabajo tradicionalmente caló (la información, ampliada, está en Gargoris y Hadbiris de Sanchez Dragó) que consistía en recoger piezas de metal de la basura para repararla y revenderla, de este oficio viene la expresión “quinqui”. Así que ya os podéis imaginar lo que pasó unos años después con los hijos de aquellos expulsados.

(Aquí una canción casi ye-yé en con base de rumba-catalana.)

https://www.youtube.com/watch?v=r6qfAou2YQ8

Los gitanos de Barcelona, hablo de los de Hostafrancs, una de las últimas comunidades gitanas centenarias, están integrados y son catalanes, como se dice, “de debò’”, auténticos. Yo, que no vivo tan lejos, los oigo hablar catalán con ese trotecillo gitano y me tienen que cerrar la boca cuando me los cruzo. Cosa rarísima estos gitanos catalanes, que pueden ser tan bien y tanto ambas cosas.

Peret, cuyo nombre era Pedro Pubill Garraf (el diminutivo de Pedro, Pedrito, en catalán es Peret, de Pere), también supo ser ambas cosas: gitano y roquero. Cogió un cante popular y sin ninguna reverencia lo trajo a oídos nuevos, demasiado predispuestos y quizá cansados de la sopa boba y los bailes de tarde de domingo al son de una banda de pueblo. Quizá a España le pasó eso que no le pasó a otros, que supo revitalizar una tradición que siempre ha pecado de impetuosa, instintiva, ingobernable y tozuda, una tradición en una eterna adolescencia.

(En el ‘74 Peret representó a España en Eurovisión, consiguió un puesto muy discreto, pero en los meses posteriores arrasó en buena parte de Europa, llegando a estar número 1 en Holanda.)

https://www.youtube.com/watch?v=4jb-K_jJP3Y

Cuentan por internet que, casi sin comerlo ni beberlo, en las discotecas, junto a los grupos ingleses del momento, colaban algún tema de Peret y que la gente lo bailaba entusiasmada. No había una percepción distinta, la misma renovación. Visto desde aquí, desde el día de la muerte de Peret, es un estilo que ha envejecido en su guitarra, que todavía tiene tirón porque es simpático y desenfadado, pero que entregó el relevo hace algunos años. Unos dicen que a Bordón 4, pero ¿quién los recuerda? Seguro que no. Otros dicen que a Manu Chao y Macaco… y esto me lo creo más.

(No porque sean especialmente destacadas en el contexto musical actual, pero sí porque representan muy bien la presencia de la comunidad gitana en Barcelona, en este grupo vemos la enorme herencia y la vigencia de Peret en la música. Aquí añaden instrumentos de cuerda en clave jazz y swing que no desentonan con la estructura rítmica de la rumba.)

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies