La gran noche de Loquillo en Las Vistillas: sobredosis de rock, actitud y talento

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Loquillo, durante el concierto en Las Vistillas

Pablo Iglesias, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Rosa Díez y derivados desconocen la fortuna de la que gozan al no tener a Loquillo como competidor político directo.

Me explico. Tengo 25 años, he ido a unos cuantos conciertos, y he disfrutado, entre otros, del directo de Bob Dylan, de Leonard Cohen, de Extremoduro o, más reciente e intensamente, de Bunbury. Todos han sido grandes shows, emocionantes y memorables. En todos he visto a sus admiradores disfrutar y enloquecer. Lo de Loquillo en la noche del domingo en Las Vistillas ha sido diferente: al cantante catalán le sigue -perdón por la cursilería- una especie de halo, de aura, que invita no solo a cantar y escuchar el mensaje de sus canciones, sino a vivirlo, a ponerlo en práctica. Loquillo incita, indirectamente, a seguir un modo de vida. Sus seguidores lo idolatran, gritan “Loco” en repetidas ocasiones, y parece que están a la espera de una orden que nunca llega. Y nunca llegará: el encanto del artista reside, precisamente, en eso: se limita a ser un artista, pero uno de verdad. Aún así, el Loco suelta dos dardos: uno, cuando presenta la banda, al llegar su turno, dice: “De Barcelona. Sumamos, no restamos” -seguro que nadie ha hecho tanto daño desde Madrid al nacionalismo catalán como el Loco esta noche-; dos, mientras canta “Rock&roll star”, disparando al ministro Montoro -sin nombrarlo- y maldiciendo el 21% del IVA.

Las Vistillas olían a cerveza, a chorizo, a pollo frito, a sobacos y a cigarritos de la risa. Loquillo arrancó con media hora de retraso. Actuaba en Madrid, ‘su’ Madrid. Se puso la gorra de chulapo “por derecho”. Según dijo: “Sólo Dios sabe cuánto amo a esta ciudad“. El catalán se adueñó del escenario, hizo malabares con el pie de micro, bailó, posó, conquistó al respetable. En “Carne para Linda”, bajó de la plataforma y cantó literalmente junto a su público. El repertorio fue generoso e intensamente rockero. El Loco alternó canciones nuevas, antiguas e incluso versiones -guiño explícito a Burning incluido, al interpretar “Qué hace una chica como tú en un sitio como este”-. Sonaron, entre otras, “Rock and roll actitud”, “La nave de los locos”, “Cruzando el paraíso”, “El hombre de negro” o “Cadillac solitario”. Un guión bien hilado, con discurso, muy poderoso.

Luego está el asunto de su banda. Loquillo cuenta con un escuadrón de guerreros. Sus músicos juegan al ataque, alternan posiciones en el escenario, se sitúan siempre en la primera línea. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con unos guitarristas como esta noche: Josu García, Jaime Stinus -este domingo cumplía años- e Igor Paskual conforman, casi con total seguridad, el mejor escuadrón guitarrero del rock español en la actualidad. Funcionan como un organismo pluricelular. No se solapan. Todos cumplen una función indispensable, disfrutan en el escenario y lo transmiten con sinceridad. A estos tres mosqueteros se le suma Alfonso Alcalá, quien se lució, especialmente, en la introducción de “La mataré”; Santi Comet, a los teclados, y Laurent Castagnet, a la batería.

En fin, solo dar las gracias a Loquillo y a su banda por poner un broche de oro con el mejor rock a unas fiestas que fueron pregonadas por Pitingo.

Y donde se pueda poner un tupé, que se quite una coleta.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

2 comentarios sobre “La gran noche de Loquillo en Las Vistillas: sobredosis de rock, actitud y talento

  • el 18 agosto, 2014 a las 10:08 am
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    Me ha encantado tu crónica, me hizo revivir el conciertazo que viví en Salinas a penas hace 36 horas.

    En el Club Náutico de Salinas olía a gomina, bimba y lola y quinceañeras rubias con sueños de surfista. A priori una banda de rock no lo tenía nada fácil, pero el talento y las tablas que mostraron en el escenario todos: Loquillo, Igor, Josu, Jaime, Alfonso, Santi… todos, hicieron que en 10 minutos el público estuviera entregado a una experiencia que les sacaba a miles de kilometros de su rutina diaria.

    La banda hace mas grande al mito, que conoce su oficio tras años y años de trabajarlo.

    Todos de sobresaliente, Jaime Stinus con mención de honor, la veteranía es un grado y el viejo rockero sabe llevar con austera discrección el liderazgo de una banda de grandes.

    Soy un mal guitarrista que se gana la vida con las finanzas, pero que disfruta de su LesPaul a diario, y un loco enamorado de Salinas, pero intuyo que el concierto en Las Vistillas, en mi Madrid natal, debió ser histórico. Madrid tiene eso que hace de sus noches algo único.

    Gracias de nuevo por tu crónica!!!

  • el 18 agosto, 2014 a las 12:08 pm
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    Gracias a ti, Manuel. Un abrazo.

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