El cruel arpegio de la demencia: la sombra de Jack el Destripador en la música

El asesinato de Camden Town, o ¿Qué vamos a hacer por el alquiler?, óleo sobre lienzo de Walter Richard Sickert (1860-1942, Germany)
“El asesinato de Camden Town, o ¿Qué vamos a hacer por el alquiler?” de Walter Richard Sickert, quien fue acusado de ser Jack el destripador.

Los crímenes de Whitechapel en 1888 (Londres) perpetrados por el que la prensa de la época bautizó como Jack the Ripper (Jack el destripador) han quedado marcados inevitablemente en la historia para la posteridad, no solo por el grado de crueldad mostrado por el asesino, cuya obra es digna del mismo mal encarnado, sino en gran medida porque la identidad de este Satán sanguinario nunca se supo y, salvo sorpresa de última hora, nunca se sabrá a ciencia cierta.

La sombra del cuchillo de Jack es alargada y después de más de un siglo de los asesinatos, se ha creado toda una cultura alrededor de la figura del asesino más famoso, junto a Charles Manson, de todos los tiempos. Aparte de contar con una “ciencia propia”, la ripperología (ripperology en inglés, perdón por traducir), que trata de dirimir la identidad de Jack como auténticos detectives de cine (cada cual gasta el tiempo como puede) y con una legión de personas dispuesta a regocijarse en el morbo intrínseco al crimen misterioso, Jack el destripador ha dejado una profunda huella en la cultura popular, inspirando películas, libros y, lo que más nos interesa a nosotros, multitud de obras musicales.

Los primeros usos del destripador para la música aparecen en la ópera de principios del siglo XX, lo que seguramente ayuda a asentar el ambiente tétrico y el aura de oscuridad que siempre acompaña a la imagen mental que se crea del asesino serial. Como la ópera es un tema que se ha tocado poco en Acordes Modernos y como yo no tengo mucha idea, será mejor que pasemos a algo que nos sea más familiar y hablemos de uno de los capos de la guitarra eléctrica: Link Wray. Wray es una de esas vacas sagradas que revolucionaron la forma de tocar la guitarra y que sirvió de sustento para todos los músicos que vinieron tras él y que adoptaron sus ideas y técnicas hasta que a día de hoy parezca que todo nació inventado. Archiconocido es su éxitoso ‘Rumble’, que forma un binomio perfecto, destacado en la sala de trofeos de los iconos de la cultura popular, con la película de Quentin Tarantino, Pulp Fiction. No tan famoso, pero igual de representativo (e igual de cinematográfico, pues aparece en Desperado de Robert Rodríguez) es su pieza ‘Jack the Ripper’, con un guitarreo de cuando la distorsión no era tan habitual y que nos traslada a ese rock surfero con aire de convulsión de percusión persistente. Bien es cierto que poco parece tener que ver con Jack, pero solo el propio guitarrista sabe de qué manera le inspiraron los asesinatos de Whitechapel para hacer esta canción, quizá pensara que mató a golpe de tabla de surf o a baquetazos rítmicos.

En 1961 Clarence Stacey, su hermano Charles y dos compañeros más, escriben una canción de nombre también ‘Jack the Ripper’, con aire algo confuso, pues parece no ser muy tenebrosa musicalmente, pero con una letra que le da un añadido de morbo con respecto a la instrumental de Wray. Esto se soluciona cuando el excéntrico Screaming Lord Sutch hace su aparición en la historia de esta canción y en la de la leyenda de Jack con su voz, mucho más desenfadada y mucho más rasgada. Musicalmente es una maravilla del garage rock de los 60,  la letra sigue siendo muy apropiada y, por supuesto, los disfraces con los que Screaming nos deleita le dan un gran punto a su favor. Será uno de los pioneros de este uso del disfraz que luego seguirán el ínclito Alice Cooper o los no menos amados KISS. Disfruten de la teatralización, del disfraz y, sobre todo, de la interpretación de la canción de Sutch.

En 1965 un Bob Dylan ya conformado como una figura mediática, decide introducirse en la capa del asesino de Whitechapel e incluirlo en una de sus canciones, aunque está lejos de representar demasiado para Dylan, pues esta es su única aparición hasta la fecha en alguno de sus temas. En ‘Tombstone Blues‘, perteneciente al Highway 61 Revisited, cantará: “A bald wig for Jack the Ripper who sits at the head of the chamber of commerce”. A Bob no le gusta perderse una.

Cinco años después, en 1970, la exitosa banda Black Sabbath lanza su disco Paranoid, uno de los más míticos y, en mi opinión, uno de los mejores, no en vano, alguna de las perlas que contiene es la pinchadísima ‘Iron Man’. Para la última canción del álbum, ‘Fairies wear boots’, se decidió incluir una pequeña introducción llamada ‘Jack the Stripper’, en clara alusión al asesino.

En 1976, en plena ebullición del movimiento punk en Inglaterra, Rob Halford y sus Judas Priest lanzaban junto al resto del Sad Wings of Destiny, ‘The Ripper’. La canción no es la mejor de Judas Priest, para qué nos vamos a engañar, el principio parece un poco arrítmico y los chillidos del bueno de Halford me parecen en la mayoría de casos innecesarios, y créanme cuando les digo que son multitud de chillidos. Mejor quedarse con ‘Breaking the law’.

Ya en 1977, con todo el “chamizo punk” montado, unos jóvenes en Suiza se adelantan a Luis Bárcenas en lo que a ser un punk suizo se refiere. Después de escuchar a los Sex Pistols con fiereza, unos jóvenes de Ginebra deciden formar su propio grupo con nombre Jack & the Rippers. La banda no está del todo mal, es divertida en lo musical y bastante movida, pero son también son algo blanditos, y eso junto a un ritmo algo acelerado a veces crea un poco de sensación de que algo no encaja. No se quedan solo en la anécdota, pero por los pelos.

Fantasmagórica imagen de Jack el destripador distribuida por un periódico de la época, contribuyendo con su amarillismo a la forja del personaje que hoy conocemos.

Ya en los años 80, concretamente en el 84, aparece el fenómeno Spinal Tap con el falso documental This is Spinal Tap dirgido por Rob Reiner. Spinal Tap es un grupo ficticio de heavy metal que es una auténtica caricatura, buena fe de ello da el monumento de Stonehenge casi aplastado por un enano (hay que verla para saber de qué hablo). Durante su gira en el documental, después de multitud de disparates musicales y con intención de abrir sus horizontes, idean la composición de una ópera-rock sobre Jack el destripador llamado Saucy Jack, título inspirado en una de las cartas que, supuestamente, el destripador mandó de su puño y letra. Evidentemente nunca se hizo, aunque Spinal Tap sí que hizo multitud de conciertos, convirtiéndose en objeto de culto, con canciones que, aunque deliberadamente ridículas, son, en gran medida, bastante buenas. Aunque, como ya he dicho, nunca hubo intención de hacer Saucy Jack, sí se grabó una canción con ese nombre y con una letra bastante irónica donde se sentencia por fin al asesino en serie con un “You’re a naughty one Saucy Jack”.

Nick Cave and the Bad Seeds también hicieron su contribución a la leyenda musical de Jack. En su álbum Henry’s Dream, incluyeron una canción llamada ‘Jack the Ripper’, en la que se aúna el espíritu del post-punk de varios años atrás con la voz al borde del alarido de Cave y con unos coros que le dan un aire absolutamente tenebroso y tétrico, justo lo que se espera de una escena, aunque sea musical, de ese Londres victoriano criminal y misterioso. Muy recomendable. El mismo año en que se lanza el Henry’s Dream, 1992, la banda de Lemmy Kilmister, Motörhead, publica en su March ör Die una canción llamada también ‘Jack the Ripper’. La canción es una más de Motörhead, guitarras que atruenan y Kilmister haciendo gala de garganta resistente, nada nuevo bajo el sol.

El año siguiente, Morrisey, haciendo más de un lustro que se habían disuelto los Smiths, saca al mercado un disco de nombre Beethoven Was Deaf, donde aparece una canción llamada ‘Jack the Ripper’, como verán, no se quebraban demasiado la cabeza. La canción, sin ser mala, es un poco soporífera; tampoco es que Morrisey sea el más animado del vecindario, pero parece querer conseguir una calma tensa, como de terror psicológico, que no acaba de concretarse. En su favor decir que la letra es una de las mejores por ser una de las más sutiles al hablar de los asesinatos de Whitechapel.

Otros grupos se han interesado por Jack el destripador desde entonces, multitud de grupos de metal (y sucedáneos de los que no sé nada) han tomado por nombre al mismo Jack o elementos pertenecientes a su mitología, o han adornado con la sangre vertida en 1888 sus, ya de por sí, sangrientas canciones. The White Stripes, por ejemplo, también se han interesado versionando una de las primeras canciones de las que he hablado, la de Screaming Lord Sutch, pero sospecho que es más por un interés musical por la canción que por el tema del que trata, aunque, sin saberlo, siempre nos vemos atraído a este tipo de cosas y los White Stripes no serán una excepción.

Jack el destripador cesó su actividad sangrienta el 9 de noviembre de 1888, con el asesinato de Mary Kelly y su posterior mutilación. Ese día murió el ser humano pero nació una leyenda para el mundo del arte, con uno de los más horribles asesinatos jamás perpetrados nacieron cuadros, libros y canciones, que hoy suenan para nosotros como banda sonora de la demencia humana, como recordatorio de lo que somos y de lo que podemos ser.

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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