Calamaro: reivindicación de un artista libre y valiente

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Calamaro se arma de guitarras y gafas de sol, desenfunda acordes y melodías y dispara, con sus versos, medias verónicas, amigos ausentes, salmones que nadan contra la aburrida corriente, bohemios, rehenes, ausencias, todo ello en doce pasos -con permiso del Cuino Scornik, letrista y cómplice habitual-, o en los pasos que sean, él sabrá.

El argentino cotiza musicalmente al alza en un tiempo en el que la música rock y, particularmente, la que se hace en el idioma de Cervantes y José Hernández, está infestada de números rojos, hipotecas basura, escenarios vacíos y discos apilados en almacenes gélidos, formando rascacielos con cajas de cartón. El año pasado publicó Bohemio, un disco, dicen, conceptual. Yo no sé si al último trabajo de Calamaro se le puede aplicar tal adjetivo -no se me da bien la metafísica-; sí sé que me parece un disco serio, sobrio, con un discurso más o menos -palabras más, palabras menos- argumental y coherente, maduro, reflexivo. A canciones como “Rehenes”, “Bohemio” o “Plástico fino” le sobran las papeletas -o los motivos, que diría Sabina– para convertirse en greatest hits, o como se diga en inglés.

El músico finalizó hace unos días su (primera) etapa de la gira española. En julio vuelve a los escenarios: visitará Sevilla, Fuengirola, Valencia o Madrid. Me dicen que los conciertos de Calamaro funcionan, que el repertorio es generoso, potente, tradicional y vanguardista, que circulan temas de Bohemio, de discos anteriores en su etapa en solitario, amén de canciones de cuando Los Rodríguez, qué tiempos; que la empatía es total con su nueva cuadrilla de músicos; que el público no aplaude por compromiso, que disfruta y sale saciado de buena música.

Cabe recordar todo esto ante la manada de hienas que han querido destripar -metafóricamente, al menos- al autor de “Paloma” o “Carnaval de Brasil” tras su última reivindicación juancarlista y taurina. Calamaro, provocador y valiente, ya renunció a la progresía en un programa de televisión, y desde entonces, la caterva bienpensante y yuppie no le ha perdonado una. El argentino se encuentra en un gran momento profesional aunque, ¿para qué hablar de ello, cuando se puede hacer sangre desde la intolerancia y la persecución?

Me da igual que Calamaro sea juancarlista o republicano, amante de la tauromaquia o antitaurino, que se cepille los dientes con Colgate o con Licor del Polo, que sea más de rubias o de morenas, que desayune leche con Cola Cao o huevos con chorizo. Sí me molesta que se linche virtual y/o mediáticamente a una persona a la que admiro por expresar públicamente su ideología y sus aficiones, más aún, desde la hipocresía, la demagogia y la bandera de la “pura” democracia; que, manipulando sus palabras, se le quiera utilizar políticamente; que haya medios que olviden que Calamaro es un profesional y que se centren en el apunte rosa y en el ‘tuit’ descontextualizado.

Viva la libertad de pensamiento y de expresión siempre, no solo cuando interese al personal.

Firmado: un republicano al que, sin ser antitaurino, no le gustan las corridas de toros.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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