Calamaro, un taurino ‘juancarlista’ que no se fía de Pablo Iglesias

Calamaro, el pasado 5 de junio en Las Ventas | @Barksdale666
Calamaro, el pasado 5 de junio en Las Ventas | @Barksdale666

Decía Umbral que “el crucificado inocente, el ser doliente de la España cínica, es el toro”. De pequeño, cuando mis padres me llevaban a la plaza, insultaba a los toreros, a los banderilleros y al picador. Años después, sin declararme aficionado a la tauromaquia -eso nunca-, protesté por su prohibición en Cataluña. En este sentido, opino que, como las drogas, las corridas de toros deberían/deben ser legales, eso sí, cada uno se las coma con su pan.

El miércoles se celebró en Las Ventas, catedral madrileña del toreo, la corrida de la Beneficencia, espectáculo en el que, como recuerda Raúl del Pozo, “participan los reyes -desde los Absburgos-, destinado a recoger fondos para hospitales”. Ya ven: a falta de una política fiscal coherente, la sangre de los toros llena las arcas de la Seguridad Social.

Participaron El Juli, Iván Fandiño y Alejandro Talavante. El Rey Juan Carlos I acudió, saludó y fue aplaudido, vitoreado, etcétera. Las ágoras piden república; los ruedos, tronos. Entre quienes se encontraban en Las Ventas y aplaudieron estaba Andrés Calamaro, reconocido admirador de ese arte en el que, según Hemingway, “el artista está en peligro de muerte constantemente”.

El argentino, bloguero constante, ha publicado en su web un artículo titulado Principio de libertad, en el que escribe que, cuando el padre de Felipe VI ocupó su localidad, “todos le aplaudimos, incluso republicanos decididos a ser simpáticos y agradecidos con un hombre que consagró su vida al servicio de la corona”. Recuerda que nació en “una república que, entre otras cosas, torturaba, asesinaba”, y añade que España “vivió la libertad, la modernidad” o “el europeísmo inclusivo” durante el ‘juancarlismo’.

Además, Calamaro aprovecha para dar un ‘toque de atención’ al líder de Podemos, Pablo Iglesias: “Prometí lealtad a este señor cuando me fue dada mi segunda nacionalidad y aquí estoy respetando lo prometido. Por izquierdas no me corre casi nadie, ni siquiera el ‘coletas’”. Y añade después: “No termino de creerme una serie de tendencias por el simple hecho de ser tendencias, que cada uno coma lo que quiera y vaya las veces que quiera a ver los toros para siempre. Se llama principio de libertad”.

¿Saben qué? Creo que Calamaro, en parte, tiene razón. El Rey elegido por Franco no tardó en convertirse en supuesto garante de la democracia, bajo esa capa de maquillaje llamada “monarquía constitucional”, durante la que España se modernizó, europeizó, drogó y fornifolló. ¿Qué hubiera pasado con una república? Eso entra en el cajón de los futuribles. Las cosas han cambiado desde el 78 y, en mi opinión, la abdicación de Juan Carlos I pone a huevo una demanda lógica y democrática que, durante un tiempo, ha estado hibernando, pero que ahora vuelve a efervescer: es necesario -si bien no urgente- un referéndum para elegir nuestro modelo de jefatura del Estado.

Imagino que Calamaro estará de acuerdo con esto último. Suena la torera “El tercio de los sueños”.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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