Nacho Vegas resituado: aferrarse al pasado es morir

Vegas, actuando en Joy Eslava
Vegas, actuando en Joy Eslava

Tengo un importante dilema desde que acudí, el pasado sábado 17 de Mayo, al último paseíllo madrileño de Nacho Vegas presentando su última entrega, Resituación, en la discoteca Joy Eslava. Ese importante dilema no es otro que el de no saber con certeza si fue el concierto que más me ha gustado de Nacho Vegas o el que menos. Tiene muchos puntos a favor y algunos en contra que pasaré a detallar.

Sin duda fue un concierto totalmente diferente a los que estamos acostumbrados los seguidores de Nacho que llevamos un mínimo de 8 años acudiendo a cada cita, pero claro, es que, como ya adelanté en el artículo sobre su single “Actores poco memorables”, estamos ante una transición “vegasiana”, si se me permite el término, ya que Resituación es un disco que no tiene nada que ver con lo que conocíamos hasta ahora. Antes Nacho Vegas alimentaba su inspiración y la ansiedad de sus seguidores con esos universos personales llenos de sombras y contextos hostiles que aderezaban  amargas emociones.  Por el contrario, en esta entrega Nacho ha dejado de explotar a ese personaje politoxicómano, melancólico, solitario y de rara ambigüedad sexual para dejar ver a la luz a la persona, un individuo corriente y comprometido socialmente. Un atisbo de ese cambio se empezó a notar en sus anteriores trabajos: La zona sucia y  el EP Como hacer crac.

Partiendo de esa base se puede llegar a la conclusión de que, por lo tanto, estamos frente a un Nacho distinto. ¿Quizá nuevo?  No creo. Quizá el Nacho que debía llegar a ser y es algo que se nota desde el primer minuto de concierto en el que, en vez de empezar con canciones densas y oscuras como en anteriores giras (creo recordar que lo hizo con “Cosas que no hay que contar” al presentar La Zona Sucia y con “Dry Martini” en El Manifiesto Desastre) lo hizo con los ritmos tropicales, casi de verbena popular, y versos armados de “Libertariana Song” y además, ojito, empieza el concierto mirando al público mientras canta, algo que era menos frecuente en anteriores giras, en las que no daba las “Buenas noches” hasta casi llegar a los bises.

Si hay algo que me gusta de los conciertos de una nueva gira es deleitarme escuchando escuchando las revisiones en directo de esos temas nuevos que he podido disfrutar en el disco y, en ese sentido, Nacho nos dejó bien satisfecho. Interpretó Resituación casi al completo, dejándose reservadas la instrumental “Indefensos”, el  rocanrol con acento beat y casi ye-yé de “Un día usted morirá” y la melancolía clásica de Nacho que se deja ver en este disco a modo de “Luz de Agosto en Gijón”.

El concierto contó con invitados el artista Pablo Und Destruction que ejerció de telonero y el flamante Coro de Ladinamo del Patio Maravillas de Lavapiés con quién interpretó las dos canciones que le decoran, y qué bien decoran esas voces, la coreada “Polvorado” y la atendida “Run Run”.

Sin duda, hay un acierto en cada gira de Nacho Vegas y es que siempre hay cambios en el equipo principal, lo que aporta una sonoridad totalmente distinta de una gira a otra y es algo que se agradece. En ésta, particularmente, creo que, gracias a la nueva incorporación de Joseba Irazoki a las guitarras eléctricas, el sonido es más contundente y rockero que en los tiempos en los que quien acompañaba a la guitarra era Xel Pereda, , quién, siendo un maravilloso músico, aportaba, no obstante, un sonido más folk, más apropiado para los conciertos acústicos.

Dicho todo esto parece que fue un concierto maravilloso. Pues si, lo fue. La gente coreaba todas las canciones nuevas y recibía entre ovaciones los (pocos) clásicos de su discografía que dejó entrever.  Ahí se origina mi incertidumbre y mi dilema, en algunos contras. Efectivamente, como he dicho, fue un concierto muy buena con una ejecución brillante y con el mejor Nacho Vegas que jamás he visto de involucración y conexión amistosa con el público sin embargo fue un concierto muy breve. No llegó a las dos horas. Un solo bis de dos canciones. Y, sobretodo, algo casi imperdonable en un fiel seguidor de Nacho Vegas: no interpretó ni una sola canción de la que muchos consideramos su obra maestra: El Manifiesto Desastre.  Se escucharon “Taberneros”, “La gran broma final”, “Perplejidad”, “Como hacer crac”, “Nuevos planes, idénticas estrategias” y “El hombre que casi conoció a Michi Panero” como únicos éxitos anteriores del asturiano pero ninguna canción de este álbum que, sin duda, le brindó las mejores críticas del público y el sector.  A cambio se agradece que no se realizase ese clásico inciso totalmente acústico, que solía ser él y su guitarra interprentando “Canción del extranjero”, ya que en un concierto tan potente, esa parte tan solitaria y tenue bajaba mucho la erección del público.

En fin, no vamos a ser “tiquismiquis”, fue un concierto maravilloso y repleto de grandes canciones pero a uno le queda ese sabor agridulce que provoca el quedarse con las ganas de escuchar canciones tan maravillosas como “Detener el tiempo”, “Dry Martini”, “Morir o matar” o “Crujidos”, todas ellas incluidas en El Manifiesto Desastre.

Nacho ha roto con un pasado de personaje para mostrar, en el escenario y en tu equipo de música, a la persona.

Me gusta el cambio. Me gusta Nacho Vegas.

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