“Doolittle” de los Pixies: gran obra surrealista de la contemporaneidad

doolittle

El pasado 17 de abril se cumplían 25 años del lanzamiento del disco más elogiado del grupo estadounidense. Nosotros, pese al evidente retraso, no queremos dejar de reseñar tal magna obra musical, que ha valido de acicate musical a muchos grupos del panorama rock estadounidense.

Recuerdo haber escuchado a los Pixies por primera vez gracias a un colega que conocía del instituto, de estos que son como hermanos, y sin los cuales tu vida sería completamente diferente a tenor de lo que narro. Por aquella época él hacía vida en Salamanca, donde se juntó con un puñado de personajes que debieron descubrirle una infinidad de grupos de los que hasta entonces no teníamos constancia alguna. Habíamos atravesado los años de cerrazón punk más duros de nuestra juventud, que a alguno nos duraría más que a otros, cuando sentí la desazón por descubrirme como un ignorante chico de provincias asentado en la capital del estado. En el vacío de mi existencia, me vi obligado a comenzar un duro proceso de apertura mental hacia nuevos modos de expresión, que a día de hoy está a punto de culminar, y que incluía como no, la de expandir mis  horizontes musicales.

En este contexto me encontraba, cuando en medio de una mala borrachera de noche veraniega, de estas que pasas encerrado en casa para obviar la existencia de una ciudad que apesta, a mi compañero se le ocurrió decir que cogiera su iPod que tenía conectado a unos altavoces y pusiera a los Pixies. No recuerdo con certeza la canción que empezó a sonar, quizás alguna del psicodélico Surfer Rosa, pero recuerdo bien la sensación que me produjo y que a día de hoy mantengo cuando escucho a los Pixies, la de soltar el cuerpo y empezar a bailar cual poseso endemoniado. Comencé entonces a interesarme por  la música del grupo de Boston. A los pocos meses me toparía con el CD de la doble edición del Come on Pilgrim y el Surfer Rosa en una tienda de segunda mano de Madrid (debería ser delito deshacerse de un disco de los Pixies), aunque no sería hasta finales de 2012 cuando me compraría, en un comercio de cuyo nombre no quiero acordarme, los discos Bossanova y del que será materia de análisis, Doolittle.

Doolittle es, a día de hoy, y a la espera del lanzamiento de su nuevo disco, el mejor trabajo del grupo. En él, la psicodelia creada a partir de guitarreos rápidos, agresivos y repetitivos, propia de muchas de las canciones de los discos anteriores, comparte su protagonismo con canciones más melódicas y lentas. La calidad sonora, bastante mejor que la de los anteriores trabajos, refleja el grado de maduración musical de un grupo que en apenas tres años se había hecho un hueco en el panorama musical, más en el del viejo continente, donde siempre han sido más apreciados (valga como prueba el que este y el anterior trabajo se hayan publicado en el Reino Unido antes que en EEUU).

Puede que parte de la culpa de que se repita aquello de que nadie es profeta en su tierra, lo contengan las letras de las composiciones. Alejadas de lo que consideraríamos legible  a simple lectura, se hace necesario hacer una inmersión en ellas para comprender lo que se nos está contando. Partiendo de la base de que el guitarrista, cantante y compositor de casi todas las letras, Black Francis, es un reconocido admirador del movimiento surrealista, uno ha de saber que  llegar a entender una obra surrealista puede llegar a ser un ejercicio harto difícil. Si algo he aprendido en estos años de carrera, es que el surrealismo es un acto de manifestación del subconsciente sin mediación de la razón. Si en la escritura de una letra, poniendo en práctica los principios surrealista, entra en juego la subjetividad de un artista, será necesaria el estudio o al menos el conocimiento de la mentalidad de este. Retomando la idea, y siendo un poco sucio en eso de que el movimiento surrealista fue más intenso en Europa que en América, y que sus más célebres artistas provenían del primero, no me cuesta entender que los Pixies hayan tenido aquí tan buen recibimiento.

Abre el disco la canción llamada, “Debaser“, que proviene del verbo “to debase”, que significa algo así como degradar o envilecer. La letra está basada en una de las más conocidas obras surrealistas, Un perro andaluz de Luis Buñuel, donde se hace referencia a la escena del corte del ojo (slicing up eyeballs).

http://img.irtve.es/imagenes/perro-andaluz/1355997105040.JPG

Le sigue “Tame” (mansa en castellano), una de las más desgarradoras y alocadas gracias a los gritos y a los perturbadores gemidos de Black Francis, como si se tratara de un pervertido sexual. La letra habla del amansamiento en el que se encuentran algunas mujeres y que les impide mostrar su verdadera naturaleza, forzadas por una sociedad machista que les oprime y les obliga a ser una simple cara bonita.

Wave of mutilation” (ola de mutilación) es una de las más melódicas y alegres, lo cual contrasta con su temática: la muerte y la mutilación. Francis en alguna ocasión ha mencionado algo sobre ella, parece ser que cada verso atiende a una locura proveniente de su cabeza (al parecer leyó algo sobre un empresario japonés que se arrojó al mar en su coche con su familia dentro), así que como dijimos, si el surrealismo es un ejercicio de liberación del subconsciente, puede ser difícil comprender el sentido total, si es que tiene.

I bleed” (sangro), puede hacer referencia a un estilo de vida alienante, esclavizado a obligaciones sociales para tener un hueco en la sociedad, pero queda como mera reflexión filosófica sin intenciones subversivas.

Here comes your man” (aquí viene tu hombre), es sin duda uno de sus grandes éxitos. Esta canción, sacada como sencillo, fue acompañada del correspondiente videoclip. En él, los integrantes de la banda, en protesta quizás por verse forzados por el productor a grabar el tema para el disco (canción que ellos consideraban muy comercial y pop) aparecen sin gesticular palabra alguna y mirando constante a cámara, reforzando la sensación surrealista. Es de menciona que las imágenes distorsionadas que aparecen, nos remiten a algunas de las fotografías de Kertész.

http://cruvi.cl/blog/wp-content/uploads/2011/10/andre-kertesz-6.jpg

Monkey gone to heaven” (mono ido al cielo), no creo que sea necesario centrarse en ella a pesar de que es uno de los mejores temas, puesto que hay abundante información en internet. Como bien es sabido, trata sobre la relación del hombre con la Tierra y la destrucción de esta.

Mr. Grieves“, otro canto sobre la muerte. “Grieves” significa afligirse, y se menciona la muerte por ahogo de una chica. Puede que simplemente se explique mediante una historia el derecho que tiene cada uno a vivir la muerte de un ser querido como algo pasional sin que nadie venga a ofrecerte consuelo.

Crackity Jones” es un canción escrita para relatar la experiencia con un compañero de piso loco con el que Francis vivió en Puerto Rico. No me centraré en ella puesto que en internet está bastante bien detallado y no puedo hacer interpretación sobre ello.

Si “Here comes your man” resulta ser pop y comercial, “La la love you” lo es aún más. No obstante, es de extrañar que la simpleza de la letra, la cual es un canto amoroso sin más, tenga encaje alguno en la discografía de los Pixies. Asumo que por su hilaridad, su recurrencia a clichés amorosos como: “I love you, pretty thing” y silbidos de piropos, es una mofa de las habituales y manidas canciones de amor que no dicen nada.

No. 13 Baby“, parece ser otra letra muy personal donde se narran recuerdos e impresiones de mujeres que han quedado grabadas en la mente del músico y les ha dado esta salida.

There goes my gun” (por ahí va mi pistola) tiene un aura muy inquietante. Todo parece indicar que se trata una reyerta con arma de fuego de por medio, vuelta pues, a la temática de la violencia y la muerte.

Hey“, creo que es una de las más enigmáticas canciones de los Pixies. Menciona en varias ocasiones la palabra prostituta, la cual se puede identificar con meretriz (“whore” en inglés, título inicial del disco), y esta a la vez con la meretriz de Babilonia, figura del Apocalipsis que representaba al diablo. Su nombre completo es el de “Babilonia la grande, madre de prostitutas y abominaciones de la Tierra”. Entiendo que utiliza esta historia bíblica para hablar de una relación, comparándola con el mismo diablo. (Hey, must be a devil between us). Quizás sea arriesgado seguir interpretando, teniendo en cuenta mi nivel de inglés, que esté hablando de que a pesar de todas las infidelidades, estén condenados a estar juntos (we’r chained, es decir, encadenados) en base a las siguientes elucubraciones. Se menciona una nombre propio, Mary (María), en alusión a la Virgen María, que como sabemos, tuvo un hijo fuera del matrimonio, (And Mary, ain’t you tired of this?. María, ¿no estás cansada de esto?), como si le echara en cara la “infidelidad”. (‘Uh’ is the sound that the mother makes when the baby breaks) Gracias a la magnífica página Urban Dictionary, he conseguido saber qué podría significar “the baby breaks”. “On break baby” es tener un hijo con otra persona mientras has roto temporalmente con tu pareja. Uh, es una simple interjección que se pronuncia al no tener palabras para responder a algo porque no tienes argumento suficientemente bueno como para justificarte. Esta es mi interpretación, pero creo que es algo bastante abierto a cada uno.

Silver” es sin duda la canción más enigmática y delirante del disco, tanto por su letra tan simple como por su fantasmagórica música. Esta letra, escrita por la bajista Kim Deal, seguramente se trate de algo muy personal que no alcanzo a entender. ¿Sugerencias?

La canción que cierra el disco, “Gouge away” es una referencia bíblica más, en concreto a la historia de Sansón. Resulta demasiado simplista reducirlo a ese significado, es más que seguro que Francis lo utilice como vehículo de expresión de otra idea, como la de una relación pasada.

El diseño del disco no se queda atrás en materia de participar en el juego surrealista. Lo primero, la portada, en la que vemos a un mono con un halo en su cabeza. El interior, es un juego constante con el fan, la presentación de las letras no atiende al orden de las canciones del disco, situándose emparejadas además, una pudiéndose leer con normalidad, y para la otra, con un tamaño de fuente más pequeño, ha de ser girado el libreto 180º para poder leerse. Además, la contraportada ha de ser girada en círculos para leer el orden las canciones. Para más inri, el fondo con un efecto de óxido, le da un toque de ensoñación que pone ciertas trabas a la hora de entender correctamente las letras, como si de un sueño se tratarse. Mención aparte tienen las composiciones fotográficas, elaboradas por el fotógrafo Simon Larbalestier, que las realizó para que guardaran sentido con las letras.

Es por estas razones por las cuales considero que Doolittle no es que sea simplemente un buen disco, es que creo que es una obra de arte al mismo nivel que lo es una película de Buñuel o un cuadro de Dalí, capaz de abstraer ideas, sentimientos o temores. Yo con Pixies he tenido mis momentos en los que he llegado a enloquecer con sus canciones tras haberlos escuchado durante horas, al más puro estilo Charles Manson.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Javier Garrido

Javier Garrido nace en Talavera de la Reina y se muda a Madrid, donde se licencia en Comunicación Audiovisual. Sus diversos fracasos musicales no le resignan y reincide con asiduidad. Enamorado del cine, aprendiz de fotografía y dejado con la literatura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies