Paco Ibáñez, pasado y presente de lucha, vuelve a dejarse oír por Madrid

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Quince años que se dice pronto, llevaba sin pisar Madrid el que a mi parecer es el genio más grande que ha dado la canción protesta de este país. No obstante, no me las daré de listo diciendo que ya era hora, porque lo cierto es que supe el dato por boca del mismo Paco subido ya en escenario. Es más, considero que no llevo apreciando su música los suficientes años para verme con la autoridad moral suficiente para emitir tal juicio.

Lo primero que uno se pregunta es por la razón que lleva a un músico de su talla no dejarse ver durante tanto tiempo por los escenarios de la gran urbe o por los de plazas aledañas.  A poco que seas espabilado, llegas a la determinación de que quizás no ha sido voluntad suya si no más bien las de otros, las que no han permitido que nos visitara tan a menudo. Para reforzar  mi teoría subrayaré  que para una vez que se deja ver, tenga que ir, sin desmerecerla para nada, a la ciudad de Fuenlabrada, aunque al menos con la satisfacción de haberlo hecho llenando una sala para más de 750 personas. Podría llevarme otro artículo el triple de interesante, el escribir una reflexión sobre la relación que puedo establecer entre la pérdida de identidad cultural y poca perspectiva de pasado del pueblo mesetario, y el escaso número de conciertos que Paco Ibáñez realiza por aquí. Por el contrario, resulta estremecedora la ingente cantidad de recitales que realiza en Francia o en las regiones catalanoparlantes, por lo menos en lo que a los últimos años respecta.

Espero que habiendo dicho esto, sean ustedes capaces de entender a que a lo que en verdad me refiero es que somos los números uno en eso de olvidar quienes fuimos para saber a dónde vamos. Me duele en el alma lo olvidados que tenemos a ciertas glorias musicales de este país, glorias que escribieron la banda sonora de un período de la historia de España que concluyó, nos dijeron, con eso de que ya vivíamos en democracia. Es aquí donde quiero hacer un paréntesis. Uno tiene que aguantar  que le llamen viejo sólo porque le guste rememorarse en la música del pasado para encontrar la inspiración con la que afrontar el presente y saber que todo esto no es nada nuevo. Sea como fuere, desde el respeto y el cariño me siento un poco por encima del que me considera un nostálgico.

Sepan estas personas, que allá por 1.955 titulaba Gabriel Celaya uno de sus poemas con la lapidaria frase de  “La poesía es una arma cargada de futuro”. Pues bien, no podría encontrar frase más certera y sutil para resumir lo que arriba he expuesto. Este poema, musicalizado por Paco Ibáñez y convertido en uno de sus mayores éxitos, es la muestra más evidente de que la poesía no entiende de paso del tiempo. ¿Cómo es posible si no que versos de Quevedo y del Arcipreste de Hita puedan encontrar sentido a día de hoy?

Si tuvieres dinero tendrás consolación, placeres y alegrías y del Papa ración, ganarás Paraíso, ganarás salvación: donde hay mucho dinero hay mucha bendición. –Arcipreste de Hita

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero. -Quevedo

Creo que ahí residió la genialidad de Paco Ibáñez, el hacerse valer de estos versos para criticar tan inteligentemente el franquismo, ya que este, apelaba a la grandeza del glorioso Imperio Español, y a los poetas más apreciados de la literatura española, para construir su naturaleza. Este hecho supuso un jarro de agua fría para el régimen, que le metió a la lista de artistas molestos.

Sea como fuere, lo cierto es que Paco fue a Fuenlabrada y allí que fui yo no sin antes pelearme con la página de compra de entradas. El estar allí solo, pues no conseguí convencer a ninguno de mis amigos, y con un auditorio que rondaba los 50 en media de edad, me permitió tener la oportunidad de tener tiempo para reflexionar sobre qué maravilloso era que un chaval joven pudiera vibrar con las letras al igual que lo hacía aquella gente mayor. Para esta ocasión, cantaba el artista a los poetas latinoamericanos, concierto enmarcado en la gira de presentación del disco con la misma temática sacado allá por el 2012. Aunque lo cierto es que eso era lo de menos, Paco estaba allí para repartir caña como buen rebelde que sigue siendo y cantar sus más grandes éxitos, haciéndose valer para dar comienzo, de “Coplas a la muerte de su padre” para cantar a  los asesinados por los fascistas. Prosiguió con canciones como “Déjame en paz amor tirano”, “Amarga la verdad”, “El enamorado y la muerte” o “Romance del pastor desesperado”.

No le faltaba tiempo a Paco, que entre canción y canción siempre tenía la ocasión para hacer crítica política para introducir sus poemas o por simple placer. Así, desde la más absoluta sinceridad siempre, te contaba que este Papa no era diferente a los anteriores, que si estaba harto de aquellos que llamaban pro-etarra por haber mostrado sus simpatías a la banda en el pasado, que cada cultura tiene su lengua y que tiene derecho a expresarse en ella como hacían los vascos o que si Hugo Chávez era un payaso.

Prosiguió su recital centrado ya a los poetas latinoamericanos como Pablo Neruda, Alfonsina Storni o Nicolás Guillén. Para ello, se valió de un grupo de músicos que le acompañaron en algunas canciones, en concreto, con César Stroscio al bandoneón, Mario Mas a la guitarra, Gorka Benítez al saxo y de Horacio Fumero al contrabajo. De este bloque son las canciones de “Me gustas cuando callas “, “Te recuerdo como eras en el último verano”, “Yo seré a tu lado” “Quisiera esta tarde” o “Soldadito Boliviano”.

Me sorprende y asombra la gran lucidez mental y aguante físico que luce el artista que con sus casi 80 años, se permite estar durante dos horas –con quince minutos de descanso- con pie subido a la silla al más puro estilo trovador y con un manejo tan preciso en su complejo guitarreo. Y digo grande para su edad porque ya va perdiendo facultades, y sus lagunas temporales, cosa que él mismo admitió varias veces, junto con algún que otro acorde mal dado en alguna ocasión, me hizo pensar que quizás no me quiera arriesgar a esperar otros quince años hasta que vuelva por Madrid.

Terminó su actuación con las letras de  poetas como Alberti, Goytisolo, Celaya, León Felipe o Lorca, del cual se lamentó no haber podido conocer porque seguro que habría podido hacer tan buenas colaboraciones como hizo con el primer poeta de esta lista. Sonaron pues entre otras “Como tú”, “Ya no hay locos”, “Canción del jinete”, “Palabras para Julia”, “Córdoba lejana y sola” y todavía se permitió regalarnos una versión para cantar el cumpleaños, alejada del ritmo anglosajón del “Happy Bithday to you”.

Terminó la actuación no sin antes cantar “Andaluces de Jaén” y el que ya es un himno para los que luchan, “A Galopar”, con un público levantado de sus butacas y palmeando a ritmo de trote. Lamento no obstante, que se dejara “La mala reputación” tema versionado del que fue su maestro Georges Brassens.

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Aquí dejo pues constancia escrita del paso de Paco Ibáñez por Madrid, dando buenas razones de por qué lo considero uno de los más grandes, tanto en lo musical como en lo político. En lo musical porque es uno de los pocos que se ha mantenido fiel  a sus inicios musicales. En lo político porque se ha mostrado siempre crítico con todo, como debe hacer todo gran artista,  quizás influido por los ideales anarquistas de su padre. Tanto es así que se ha ganado sonadas críticas por parte de la derecha y así como por grupos de la izquierda y seguirá siendo denostado por aquellos a los que les duele sus declaraciones sobre lo catastrófico que resulta el sistema capitalista, su ofrecimiento a ser un soldado de Cataluña o sus simpatías hacia el 15-M reflejado en el concierto improvisado que ofreció en la acampada de Barcelona.

Así pues, Paco, sigue galopando y siendo inspiración para las nuevas generaciones.

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Javier Garrido

Javier Garrido nace en Talavera de la Reina y se muda a Madrid, donde se licencia en Comunicación Audiovisual. Sus diversos fracasos musicales no le resignan y reincide con asiduidad. Enamorado del cine, aprendiz de fotografía y dejado con la literatura.

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