El hombre que casi conoció a Nacho Vegas

Nacho Vegas
Nacho Vegas

Ocurrió así.

De pronto amanecí en un inmenso corredor. Miré a ambos lados y vi solamente puertas. Tras una de ellas le encontré. Apenas tenía ojos, sólo una densa cortina de pelo y humo y un cigarrillo en lugar de boca. Los que me conocen saben que no aguanto bien el alcohol. Esa noche había batido mi record de las tres copas. Ebrio de brugal y mitomanía, me abalancé sobre aquel hombre como una adolescente al grito de “¡¡¿eres Nacho Vegas, verdad?!!”. Sobre su rostro demacrado se adivinó una leve sonrisa. Me presentó a su amiga, una tal Amparo que dijo: “no hay más que alivio y dolor”. También estaba allí Marlene, que no dijo nada. Se limitó a hacer garabatos en una pizarra que llevaba colgada del cinturón. Mi cara creo que era de perplejidad. Nacho Vegas me miró a los ojos y me explicó que tenían un ambicioso plan que consistía en sobrevivir. Salimos de allí tras despedirnos de la camarera colombiana que nunca ha reparado en mí. Nacho conducía. “¿Dónde vamos, Nacho?” pregunté. “Más al fondo”, respondió. Obviamente luego se hundió más y más y más… etcétera. Por la niebla supuse que avanzábamos hacia el norte del norte. Yo me preguntaba “¿esto es real o es un engaño más de los que ha urdido el demonio conmigo?”. Mientras nos alejábamos hacia donde nadie alcanzaba a ver me contó cosas muy íntimas sobre el Ángel Simón y la gran broma final que le había organizado Cristina. Estaba a punto de decirle que hay ciertas cosas que no hay que contar, cuando nos cruzamos con otro coche. Me pareció que su conductor era clavado a él: la misma mirada, las mismas ropas caras. Al volvernos le vimos estrellarse.  Nosotros seguimos recto hasta el Mercadona de Pumarín, donde Nacho insistió en adquirir “un precioso ojo de venado”. Por fin llegamos a la casa gris. Subimos a su apartamento. Me sudaban las manos y había ojos puestos en mí. Me sorprendió la voz de Amparo, a la que ya había olvidado. Marlene también quería jugar conmigo en la niebla. Gang Bang. Nacho me susurró que era medio maricón y que se meaba en la cama hasta los diez. Dijo algo sobre mi piel, me besó y yo cerré los ojos.

Cuando los abrí de nuevo volvía a estar en Madrid. Juré no volver a beber. Miré alrededor. Creo que era el último en la fiesta. Encontré un ejemplar de La Razón abierto por la página donde anunciaban que Nacho Vegas estaba a punto de lanzar Resituación, su nuevo disco. Cerré el periódico y pensé: “es hora de recapitular”…

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies