“Narrow way”: las últimas pinturas negras de Bob Dylan

Bob Dylan, en un concierto reciente
Bob Dylan, en un concierto reciente

La filosofía que destila Bob Dylan en sus canciones, en general, pasa por el cinismo y el escepticismo, por el puñetazo y la caricia. En esta cuatricomía ideológica, tan alejada de izquierdas/derechas, progresistas/conservadores -bendito sea-, se sitúan, a excepción de la simpática y sencilla “Duquesne Whistle”, todos los temas de su último disco de estudio, Tempest, en el que se paladea un mensaje auténtico, abstracto y preciso, inigualable.

Así, por ejemplo, encontramos la tercera pista de Tempest, que se llama “Narrow way”. Se trata de un blues de unos seis o siete minutos, con una melodía muy clásica, pegadiza, un poco sucia. El estribillo dice: “Es un camino largo, es una larga y estrecha vía. / Si no puedo subir a tu nivel, seguramente tendrás que bajar al mío algún día”. Previo a este, Dylan, en cada estrofa, cuelga un cuadro, deja un relato breve -me gusta concebir esta canción como una especie de libro de relatos conceptual, o como una pequeña exposición de arte-, en el que el cielo no es precisamente azul y cantan los pajaritos: más bien, el cielo está gris y, sobre un roble seco, grazna un buitre con restos de sangre coagulada en el pico.

Por ejemplo, la primera estrofa:

Voy a caminar por el desierto, hasta que esté en mi sano juicio.
Ni siquiera pensaré en lo que dejé detrás.
De todas formas no hay nada allí que pueda llamar mío.
Vuelve a tu casa, déjame en paz.

Tras una crítica puntual e histórica a los británicos -desde que “quemaron la Casa Blanca, hay una herida sangrante en el corazón de la ciudad”, Dylan dispara un reproche desesperado a la religión, sintiéndose traicionado, incluso, por un ángel:

Mira hacia abajo, ángel del cielo,
ayuda a mi alma cansada a levantarse.
Besé tu mejilla, he arrastrado tu arado
Me rompiste el corazón, yo era tu amigo hasta ahora.

Dylan le pilla el gusto a la metralleta y carga contra aquellos que perdieron la cabeza “por una copa de vino y un trozo de pan”, contra el colonialismo y contra EEUU, “un país duro para permanecer vivo”, donde “las espadas están por todas partes”. Aún así, finaliza la canción centrándose en una mujer, y tras despotricar de sus amantes, el tipo se pone tierno: “Pon tus brazos alrededor mío, donde pertenecen”, o, poco después: “Puedes cuidarme mientras duermo, besar las lágrimas que lloro”.

Feliz Día Mundial de la Poesía.

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comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Un comentario sobre ““Narrow way”: las últimas pinturas negras de Bob Dylan

  • el 5 diciembre, 2014 a las 4:09 am
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    ¡Estupendo comentario! ¡Qué gusto dar hallar este tipo de escritos en la web! ¡Y en mi propio idioma! La verdad, contra lo que muchos dicen, el disco de “Tempest” se me hace maravilloso. Es un nuevo terreno explorado por alguien a quien crees que lo ha explorado todo (Y no lo digo por su larga letanía en “Tempest”, canción que titula el álbum).

    Haciendo hincapié en “Narrow Way” protagonista de este escrito, considero que Dylan mientras explora nuevos terrenos vuelve a aquello que en su juventud había hecho en letras como “Desolation Row”, que es, como bien dices, relatar pequeñas historias enlazadas a un estribillo. En cada estrofa nos cuenta algo distinto ¡Como “Relatos Salvajes” la película! Y mientras tanto carga con todo lo que quiere. Aún así, el terminar con una mujer es una respuesta fisiológica, probablemente irreverente (O al menos así lo interpreto). Es decir, mientras más descontentos tengas en tu vida amorosa/sexual más pendiente estarás de las trastadas de los políticos, la religión y de la sociedad ¿Será posible que tenga razón? ¡Quien sabe! ¡Sólo el viejo Dylan!

    ¡Saludos!

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