“Prometeo”, de Extremoduro, sonando en el Museo del Prado

'Prometeo encadenado', de Rubens y Snyders, 1611, Museo del Prado
‘Prometeo encadenado’, de Rubens y Snyers, 1611, Museo del Prado

El pasado 20 de enero fui al Museo del Prado. Me tocaba cubrir la inauguración de una exposición muy interesante, Las Furias. De Tiziano a Riberaque permanecerá en la maravillosa pinacoteca hasta el 4 de mayo de este año y en la que podemos encontrar, entre un total de 28 obras, al póker más famoso de los moradores mitológicos del Hades: Ticio, Tántalo, Sísifo e Ixión. Entre estos, se cuela Prometeo.

Este último no es un personaje intercambiable con ninguno de los llamados ‘Furias’: mientras estos recibieron un castigo merecido, Prometeo fue condenado por robar el fuego de los dioses y entregárselo a los hombres en su beneficio. Comparen el motivo de este castigo con el de Ticio, quien sufrió una pena similar, pero por violador.

La tortura de Prometeo es más o menos conocida: Zeus envió un águila para que se comiera a diario el hígado del condenado. Siendo éste inmortal, su hígado se regeneraba cada noche, y al día siguiente, el ave rapaz regresaba para devorárselo, y así. La imagen que ilustra este artículo es Prometeo encadenado, de Rubens y Frans Snyers, y la podemos encontrar en la exposición antes citada.

Ante este cuadro, inevitablemente, se me vienen a la cabeza los siguientes versos de Robe, melodía incluida:

Me regaló una herida, cierra de noche, abre de día;
“No sufras, Prometeo”, me dice siempre que la veo.

Será porque soy de la LOGSE, será porque no tuve un buen profesor de Cultura Clásica -que lo tuve- en su momento, I don’t know, pero reconozco que la primera inmersión mitológica que tuve respecto a Prometeo se la debo a Extremoduro. La primera vez que yo supe algo de este pobretico condenado fue cuando escuché “Prometeo”, la segunda canción de Agila, en la que Robe extrapola, con dureza, la condena del personaje mitológico al amor doliente, crónico, palpitante y rojo.

Me revuelco por el suelo y me revienta la polla
de pensar en ti: me desangro y riego tu jardín.

Estamos ante una gran canción de desamor, uno de los mejores temas de uno de los mejores discos de la banda -ya, por entonces, casi que también- de Iñaki Antón, el Uoho bendito, que se encargó de la producción y los arreglos del disco, y cuyo bálsamo se nota en cada pista. La escuchamos ya:

Un último apunte: Los versos “No me levanto ni me acuesto día / que malvado cien veces no haya sido” pertenecen al poeta Miguel Hernández.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies