Pedro J. Ramírez, según Francisco Umbral

portada-elmundo
Portada de ‘El Mundo’ el día de la muerte de Umbral

Como si del Santo Grial se tratase, conservo en mi biblioteca, cada vez más caótica, un texto que me regaló Raúl del Pozo este verano. Se llama “Un coño en la solapa” y es el canto que le hizo a la muerte de Francisco Umbral, un tipo que convirtió el columnismo en un género literario, un genio cruel, enfermo e inigualable. El título del artículo se refiere a una anécdota que narró el propio Umbral en Amores diurnos (1979). Cito al periodista de Cuenca:

Un día (…) necesitaba una flor para la solapa y le pidió a una niña, con risa de recreo de monjas, la flor de su vulva con el tallo vaginal. Con tan rosada flor en la solapa asistió a una cena donde había académicos. Pero fue el Nuncio de su Santidad el que le dijo: “Pero si eso que lleva usted en la solapa es un coño”. Tal vez por esa historia y otras parecidas Paco se murió sin entrar en la Academia.

A lo Zola, yo me acuso de haberme convertido originalmente en lector de El Mundo, no por sus exclusivas, sino por el amor a la literatura de sus columnistas. Mi etapa de lector amateur de periódicos arrancó en el estío del año 2007, cuando me faltaban un par de meses para comenzar el primer curso de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. En el entorno familiar me decían: “Tienes que leer los artículos de Umbral”. Yo leí las columnas de Umbral en El Mundo, literalmente, durante algo menos de un mes: el 28 de julio de 2007 publicó su último texto en la última del diario de Unidad Editorial. Se llamaba “Eugenio d’Ors” y finalizaba así: “Toda guerra promueve genios”.

Umbral murió el 28 de agosto de ese año. El Mundo homenajeó a su columnista estrella merecidamente, y tras un carrusel de 100 firmas que pasaron por la dacha de la que era dueño el autor de Mortal y rosa, finalmente esta fue ocupada por el tipo que le colgó el mote de ‘Bambi‘ al expresidente Zapatero; tipo que, de vez en cuando, me obsequia con una lección de sabiduría y veteranía sobre la materia que estudié y sobre el oficio que me da de comer, paella de por medio incluida. Raúl, o sea.

Vuelvo a primero de Periodismo con brevedad para decir que no tardo en engancharme a El Mundo, a su periodismo de investigación, a sus exclusivas, a sus historias, y que el periódico se convierte, poco a poco, en mi newspaper de cabecera. Me dice Antonio Lucas, tras una entrevista, que está orgulloso de trabajar en el “diario más anarca” -informativamente hablando, se entiende- de Madrid. Creo que el poeta tiene razón, y a los hechos me remito: El Mundo repartió hostias sin miramientos, quiero decir, verdades/exclusivas/noticias, desde que Pedro J. Ramírez lo fundara hace 24 años -y pico- hasta hoy mismo -lean la información de Fernando Lázaro sobre la AVT, por ejemplo-. El Mundo ha sido siempre un enemigo de los llamados “poderes fácticos” en España, desde que desvelara el crimen de Estado durante el Gobierno de Felipe González, hasta ayer mismo, cuando IndaUrreiztieta reventaran la agenda política nacional anunciando, once días antes que El País, que Luis Bárcenas pagaba sobresueldos en B a numerosos miembros del Partido Popular.

La semana pasada, Pedro J. fue “destituido” de la dirección de El Mundo. Los sumandos ‘Crisis económica + Presiones (del Gobierno, de la Casa Real y de la oposición)’ se cobraron en su resultado la cabeza profesional del periodista riojano. Sobre el asunto se ha escrito mucho estos días. Yo he querido investigar lo que decía Francisco Umbral sobre quien fuera su director en Diario 16, primero, y después en El Mundo. Umbral definía a Pedro J. Ramírez como el “director joven que ha demostrado ser el más vivo y urgente de la prensa nacional”. Escribe en Días felices en Argüelles: 

Pedro ha conseguido realizar la fórmula de todo gran director, que es esconder y difundir al mismo tiempo su propia personalidad, cuidándose de no ignorar lo que piensan los enemigos, las mujeres, los lectores, etc. Asimismo le preocupan a Pedro J. Ramírez los aspectos estéticos de su periódico, al que imprime una gran modernidad que le ha valido ganar numerosos premios internacionales de diseño, ilustración, etc.

En el libro antes citado, así como en La década roja, Umbral cuenta cómo fue fichado por el ya exdirector de El Mundo. El escritor había sido el columnista estrella de El País, pero en mayo de 1988, Juan Luis Cebrián se encabronó con él por una columna en la que despreciaba a Octavio Paz y a Mario Vargas Llosa. Umbral fue despedido y, un mes después, fichó por Diario 16. Cuenta el articulista que le pidió trabajo a Pedro J. a través de Manuel Leguineche -en paz descanse el maestro, recientemente fallecido-, y que fue Agatha Ruiz de la Prada quien lo fichó: “Tú no eres un fichaje de Pedrojota, tú eres un fichaje mío”. Ramírez le subió el sueldo y convirtió a Umbral en su columnista de referencia:

Pedro creía mucho en la columna diaria. “Tienes que ser un vicio para el lector, no faltar ni un día”.

En 1989, Diario 16 publicó importantes exclusivas sobre el crimen de los GAL y la implicación del Gobierno socialista en este tétrico asunto. Llegó la primavera y, según el propio Umbral, Felipe González descolgó el teléfono, habló con el gerente del periódico, Juan Tomás de Salas, pidió la cabeza del periodista a cambio de no cerrar el diario, y este se la concedió con un despido “por la vía rápida”. “Este sistema lo había llevado bastante bien el PSOE, como cuando El Independiente cayó en picado por una llamada de Alfonso Guerra recordándole al gerente que debían mucho dinero y les iba a cerrar por la deuda”, cuenta el columnista.

Umbral se marcha de Diario 16 y, tras una breve e incómoda estancia en ABC, vuelve a trabajar con Pedro J.. El escritor cuenta que tanto él como el periodista parieron El Mundo en una finca manchega de Agatha, donde también bautizaron a Cósima -hija de la pareja-. El 23 de octubre de 1989 nació el nuevo diario: “Del equipo naciente de El Mundo recuerdo a Manuel Hidalgo, Elvira Huelves, Emma Rodríguez, Natalia Escalada, Melchor Miralles y pocos más (…) El periódico era muy bonito y tenía un formato un poco distinto del de ahora”.

Umbral fue el espalda plateada, el macho alfa de los columnistas de El Mundo. Su primera columna estaba dedicada a su venerado amigo Camilo José Cela. Titulada “Comer, Joder y Caminar”, las primeras palabras del autor de La leyenda del César Visionario en el diario recién nacido fueron las siguientes: “Es leyenda que un día Cela explicó así sus iniciales -CJC-, “comer, joder y caminar”, convirtiendo los tres infinitivos en lema de su vida”. Umbral no se movería de El Mundo hasta pocas semanas antes de su muerte. El tipo que decía que escribía “como meaba” fue dueño y señor de una parcela bautizada “Los placeres y los días” -Umbral admiraba a Proust muchísimo-, donde diariamente nos obsequiaba con alguna joya tierna, cínica, lírica y/o cruel en la última página del diario de Pedro J. durante 18 años. La muerte nos arrebató a Umbral de El Mundo; la economía y los poderes fácticos, a Pedro J. Ramírez. El Mundo debe seguir siendo un periódico imprescindible en la democracia y en la vida. Concluyo este texto deseándole toda la suerte a los compañeros que trabajan en el que, en mi opinión, es el diario más importante de España, así como a su nuevo director, Casimiro García Abadillo.

Y ahora, a esperar noticias.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies