¿Es necesario estudiar Periodismo?

Facultad de Ciencias de la Información de la UCM
Facultad de Ciencias de la Información de la UCM

Jesús F. Úbeda. España es un país que huele a crisantemo y a ceniza; un tanatorio de parados en el que fuman puros el político corrupto, el banquero mentiroso, el yerno filosuizo del Rey y el cardenal antiabortista que tilda de rojo al Papa Francisco; una tierra que debiera ser fértil para la Literatura, como ocurriera en el decadente y contradictorio Siglo de Oro, y para el Periodismo, si bien esta última actividad no es vista con simpatía no ya por los malos de la película –en tal caso, se diría que la materia goza de buena salud-, sino por los súbditos del Jefe de un Estado monárquico, parlamentario y titubeante. Según el CIS de febrero de 2013, la del periodista es, tras la de juez (59,09), la profesión menos valorada por los españoles, obteniendo una nota de 59,01 sobre 100. Los propios profesionales de la información sobamos hasta el exceso una frase que se le atribuye a Tom Wolfe: “No le digas a mi madre que soy periodista; dile que soy pianista en un burdel”. Como la reina bruja del cuento, nos miramos al espejo, pero nunca encontramos a la más guapa del Reino.

La percepción social del Periodismo en España es un masaje de spa comparado con el síndrome doliente y crónico que padece la profesión. El último informe de la Asociación de la Prensa de Madrid refleja que, desde 2008 hasta la fecha, se han destruido 11.151 empleos en los medios -4.433, en 2013-. El mismo documento muestra que, en septiembre de 2013, 10.560 periodistas estaban registrados como parados. Se reducen los salarios, aumentan los despidos, mueren medios que una vez creímos imbatibles. Escribía Julio Camba en 1919, en un artículo titulado “La escuela de periodismo”: “Hay ya muchos periodistas que pagan puntualmente sus alquileres y que hacen 2 ó 3 comidas diarias”. En 2013, esto es un chiste de humor negro.

Julio Camba: Hay ya muchos periodistas que pagan puntualmente sus alquileres y que hacen 2 ó 3 comidas diarias”
Julio Camba: Hay ya muchos periodistas que pagan puntualmente sus alquileres y que hacen 2 ó 3 comidas diarias”

Pese al desolador ecosistema, la carrera de Periodismo sigue interesando a miles de jóvenes y las universidades continúan vomitando cada año nuevos (futuros) profesionales: entre 2008 y 2012 salieron de las facultades 13.800 nuevos licenciados en Periodismo –en 2012, 2.909-. Los bachilleres canalizan –al menos, lo intentan- su amor a la comunicación, a la información, a la curiosidad, a través de esta maltrecha aunque importante –y viceversa- rama de las Ciencias Sociales, matriculándose en una carrera que les preparará para una profesión sabiendo que, dado el panorama, no les va a solucionar el futuro. Le dice en Divinas palabras, de Valle-Inclán, la manceba Poca Pena a Lucero: “Tú mismo eres a titularte de cabra”. ¿Estamos ante un caso de masoquismo o ante uno de amor al arte? Declara para este trabajo Raúl del Pozo (El Mundo), reconociéndose “idealista”, que para que el profesional de la información salga adelante “solo hay una posibilidad: que crea que es el oficio más bello del mundo, que es una cosa tan importante, una aventura tan hermosa, tan ligada a la épica y a la imaginación, que hay que ser periodista por cojones”.

Estudiar Periodismo: ¿mejor en la universidad pública, o en la privada?

La carrera de Periodismo se puede estudiar en una treintena de universidades repartidas por toda la geografía nacional. Según el ránking 50 carreras elaborado por el diario El Mundo, los tres mejores centros para estudiar Periodismo son, por este orden, la Universidad de Navarra, la CEU San Pablo y la Complutense de Madrid. Las dos primeras son privadas; la tercera, pública. ¿Tiene algo que ver la tipología de la universidad con la calidad de su enseñanza? El profesor Ángel Rubio Moraga, de la Complutense, no se fía de este ránking: “Estos estudios siguen un dudoso criterio de eficiencia científica basada, casi siempre, en las posibilidades que el profesorado tiene para publicar o no en revistas ‘cualificadas’. En fin –añade-, me reservo mi opinión más ‘dulce’ sobre esos ránkings”. Por su parte, el profesor Joaquín Sotelo González, de la Complutense, no cree que se imparta mejor Periodismo en la universidad privada que en la pública: “Al contrario: esos datos de El Mundo son interesados, porque ellos tienen intereses directos en esas universidades que mencionan”.

El profesor Sotelo defiende que la universidad pública “ha sido, es y esperamos que siga siendo el referente de calidad en la enseñanza superior en nuestro país”. Discrepa el profesor Juan Cantavella, de la Universidad San Pablo CEU: “Claro que en alguna universidad privada, como esta a la que pertenezco, se enseña mejor Periodismo que en la mayoría de las universidades públicas, porque se ponen más medios y entusiasmo”.

Tampoco existe el acuerdo entre profesores de la dicotomía “universidad pública/privada” cuando se toca un tema que afectó a los primeros, pero no a los segundos: los recortes en Educación. De hecho, para Ángel Rubio, los problemas de los centros públicos se pueden resumir en dos palabras: “recortes, que afectan sobremanera a la enseñanza pública, y masificación, que afecta como a ninguna otra universidad a la Complutense y, en particular, a la facultad de Ciencias de la Información”. Más optimista se expresa Sotelo: “Los recortes nunca son bienvenidos y afectan a la calidad, pero la universidad pública sigue siendo todo un referente de garantía y prestigio a nivel internacional”. Finalmente, Cantavella declara que “tampoco los recortes de última hora en los centros públicos tienen que influir en lo que es la dinámica normal de una enseñanza”, pidiendo no buscar “excusas fuera de lugar”.

Enseñar y aprender Periodismo

Los estudiantes de Periodismo de la Complutense apodan a Ángel Rubio como “La voz”, debido a su tono vocal sereno, grave y radiofónico. Este profesor responde con crudeza cuando se le pregunta si la carrera prepara adecuadamente al estudiante: “No, indudablemente. Hay un claro alejamiento entre lo que la sociedad demanda y lo que la universidad ofrece”. Rubio dice que si bien esto ocurre en casi todas las carreras, “en Periodismo, en particular, existe un rechazo de la propia profesión a la formación periodística”.

El periodista Antonio Lucas (El Mundo) habla de su etapa universitaria: “En la Complutense fue la carrera más absurda del mundo, como hacer cinco veces COU, una cosa ridícula”. El último Premio Loewe de Poesía señala que “ha habido una mala pedagogía del Periodismo, puramente teórica, casi de vitrina”, y lamenta que, al menos en su época, “el estudiante tiraba cinco años de carrera para luego salir sabiendo menos de lo que sabía”. Cristina Pardo (LaSexta) estudió en la Universidad de Navarra y afirma que la carrera “no me mató la vocación, pero tampoco me la aumentó”. La periodista que cubre la información del PP en los informativos de este canal de Atresmedia dice que a ella le daba un poco igual la carrera, que “lo que quería era hacer prácticas y verme en el terreno”, y referente a los profesores, cuenta: “Con el paso de los años me acuerdo de un profesor que sí marcó la diferencia con el resto, pero del resto no guardo ningún recuerdo especial. Tengo más referentes en el colegio, por ejemplo, que en la facultad”. Por su parte, el corresponsal de Antena 3 en Roma y en El Vaticano, Antonio Pelayo, recuerda que en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid tuvo “buenos, regulares, malos y malísimos profesores, pero se notaba muy bien la diferencia entre los que seguían en la brecha y los que o nunca habían estado en ella o la habían abandonado hace tiempo”. Bárbara Ayuso (Libertad Digital), quien estudió en el CEU, dice que la carrera le pareció “inútil”, pero que no le hizo plantearse una vocación que se inició en su infancia. “Me replanteé la necesidad de estudiar esa carrera, pero nunca la de abandonar el Periodismo. Pero porque tenía una vocación sólida y un poco irracional: si acabas estudiando Periodismo de rebote o no teniéndolo muy claro, la carrera te quitará las ganas, seguro, porque saca lo peor de la profesión”. Recupero para la ocasión un fragmento de la entrevista que le hice durante mi etapa de estudiante a Concha García Campoy, abeja reina del Periodismo español: “Cuando yo estudiaba, era una carrera muy floja que tenía muchísimos agujeros. Me parece que Periodismo es, desafortunadamente, una de esas carreras que tienen una especie de “menor grado de especialización”. Es muy generalista, y hay muy poco contacto con el mundo real”.

Concha García Campoy: (Periodismo) "Es muy generalista, y hay muy poco contacto con el mundo real”
Concha García Campoy: (Periodismo) “Es muy generalista, y hay muy poco contacto con el mundo real”

Por otro lado, estudiantes y periodistas recién licenciados/graduados en varias universidades consideran, a grandes rasgos, que la de Periodismo es una carrera superficial, una especie de Trivial Pursuit que te prepara para saber un poco de todo y un mucho de nada, en la que se imparten con tesón asignaturas inservibles mientras se pasa de puntillas por muchas otras que, en teoría, serán de mayor utilidad para el futuro profesional de la información. Bernabé Sánchez-Minguet se licenció en 2011 por la Universidad de Navarra y, actualmente, trabaja en TVE. Este periodista dice que los profesores de su universidad “están muy implicados en sus asignaturas” y “se toman con seriedad su función dentro y fuera de las aulas”, aunque las materias “pecan de repetitivas y da la sensación de que siempre se parte de cero en muchas de ellas y explican conceptos muy similares”. Javier Romero (esRadio), licenciado por el CEU San Pablo, declara que “hay asignaturas que no sirven para nada”, “simple relleno”, y aunque dice que en su centro el nivel de los profesores es notable, también señala que entre estos hay “mucha mediocridad”, siendo “pocos los realmente brillantes”. Ester Muñoz, quien estudió en la Complutense, lamenta que los estudiantes “salimos de la universidad con muchas carencias, ya sea por la falta de prácticas o por la necedad de algunas asignaturas con sus correspondientes notables”. Germán Rodríguez Páez, un recién licenciado por la Complutense que puso en práctica la “movilidad exterior” enunciada en el Congreso por la ministra Fátima Báñez, lamenta desde Polonia que “la mayoría –de los docentes- fueron mediocres, funcionarios acomodados con poco o ningún entusiasmo y conocimientos obsoletos que contagiaban su abulia al alumnado”. Le pregunto a Antonio Lucas si maquetó con tipómetro, responde afirmativamente, y le cuento que yo también lo hice. “¡A tu edad, todavía con tipómetro! Imagínate: eso es como si hoy, a un estudiante de Odontología, te pones a explicarle cómo se extrae una muela con unas tenazas del siglo XVI”, apunta el columnista del diario de Unidad Editorial.

Los propios profesores reconocen que el alumno habitual no acude motivado a clase. Ángel Rubio dice que “esto hace que el profesor se replantee muchas cosas, como su método, su forma de dar las clases”, y que “siempre es más fácil, como en el fútbol, dudar del entrenador que no de todo el equipo”. Joaquín Sotelo, pese a ser uno de los profesores de la Complutense que más fomenta la curiosidad de sus alumnos, planteando trabajos que van desde documentales sobre la globalización hasta reseñas sobre una exposición de los World Press Photo en Madrid, percibe “cierto ambiente de hospital, cierto pesimismo o desánimo en los alumnos”. Por su parte, Juan Cantavella sostiene que “este no es un problema de los estudios de comunicación, sino en general del alumnado universitario”. Y apunta también hacia los alumnos: “Hay un porcentaje de personas muy motivadas que aprovecha ávidamente lo que se le ofrece, mientras que otros, y no son pocos, acuden por obligación y se evaden con cualquier excusa”.

En lo referente a las asignaturas, los profesores defienden las que cada uno enseña, considerándolas útiles para el ámbito periodístico: Cantavella imparte Redacción Periodística; Joaquín Sotelo, Estructura y Sistema Mundial de la Información; Rubio es un pluriempleado: “Historia del Periodismo Universal, Historia del Periodismo Español, Multimedia… La lista es larga. Y sí, las considero útiles ya que, de otra forma, mi desmotivación a la hora de darlas sería palpable”. Por otra parte, en el caso de los estudiantes, reina cierta anarquía: mientras unos defienden asignaturas más teóricas como Historia del Siglo XX o Teoría de la Información, otros prefieren materias más prácticas, como Técnicas de la Entrevista o Redacción.

Las prácticas: malditas cuando no las hay

El historiador griego Diógenes Laercio fue quien atribuyó a su tocayo más conocido, Diógenes el Cínico, la siguiente frase: “El movimiento se demuestra andando”. Parafraseándolo, podríamos decir que la mayor parte de –por no decir que todos- los periodistas y estudiantes de Periodismo coinciden en que la materia no se aprende estudiando la evolución de la linotipia o los tipos de documentación audiovisual que existen, sino a través de las prácticas. Antonio Pelayo las considera “indispensables”, y afirma que sus “mejores profesores fueron los profesionales con los que trabajé los primeros años de mi actividad profesional”. “También fue muy importante mi salida al extranjero como corresponsal, donde aprendí “otra” forma de hacer Periodismo”, añade.

Cristina Pardo recuerda que en la Universidad de Navarra hizo muchas prácticas porque este centro “tenía muchos medios, un estudio de radio espectacular, y nos venían a dar clase Pedro Roncal, Colmenarejo o González Ferrari”. Bernabé Sánchez, que estudió en la misma universidad, considera que esas prácticas no fueron del todo adecuadas, debido a que las clases superaban “el medio centenar de personas”: “Los medios son buenos, la atención por alumno es buena comparándola con otras universidades, pero aun así, es insuficiente”. Cantavella dice que en el CEU se le da “mucha importancia” a las prácticas.

En este sentido, el panorama que encontramos en las universidades públicas es mucho más yermo, desolador, pobre. Ester Muñoz dice que, “en cuanto a televisión, no podemos llamar prácticas a pasar un día en un estudio. Más bien pareció una excursión. Si hablamos de escribir, en algunas asignaturas nos hacían escribir artículos de opinión, reportajes o entrevistas. En cuanto a radio, dos días en un estudio para locutar una noticia no podemos llamarlo prácticas: apenas tuvimos tiempo para mejorar nuestros fallos”. Francisco Ríos, aún estudiante, lamenta que en la Complutense “hay muy poca práctica”, y que realmente aprendió el oficio en unas prácticas hechas en TVE: “Fueron maravillosas a la par que realmente de formación, ya que no cobraba, pero sí estaba en una escuela de periodismo en tiempo real”.

Los profesores de la Complutense son conscientes de la situación. Así, Joaquín Sotelo dice que, en materia de prácticas, “se hace todo lo que se puede y lo mejor que se puede con los recursos disponibles”, matizando que “todo es mejorable”. Por su parte, Ángel Rubio señala otro problema: “Cuando se ofrecen dichas prácticas, la gente se lo piensa mucho y siempre esperan que les va a salir algo mejor. O, en el peor de los casos, piensan que no van a tener tiempo para trabajar, ir a clase, o salir con los amigos. Debería haber más prácticas, eso está claro, y de mayor variedad. Pero a veces nos llevamos desagradables sorpresas cuando vemos la falta de respuesta ante algunas de ellas”.

Es necesario estudiar Periodismo

En este tipo de trabajos conviene regatear a las batallitas para evitar que el lector se encuentre con un ejercicio de biografía, vanidad y/o pedantería. En ¿Qué es filosofía?, Ortega y Gasset explicaba que el filósofo, para encontrar la verdad de las cosas, debía formatear su disco duro, olvidarse de sus experiencias y conocimientos. Quien escribe, sabiéndose no-filósofo, ha pasado de largo por la lección de Ortega para afirmar, mezclando en una ensalada de ideas la suya propia con la de las personas entrevistadas, que es necesario estudiar Periodismo. Dice Raúl del Pozo: “Cuanto más se estudie, mejor. Yo vengo de una época romántica, bohemia, en que creíamos que ser periodista se aprendía en las esquinas, como la prostitución, en las carreteras, en las comisarías, en las casas de bomberos, como lo de Primera plana, y todo eso que habíamos visto en las películas. Pero, realmente, creo que estaba equivocado: cuanto más se sepa, mejor”. Cualquiera le lleva la contraria al maestro.

Eso sí, si bien digo que es necesario estudiar Periodismo, añado a renglón seguido que la carrera debería estar mejor planteada. Los propios profesores así lo creen: Ángel Rubio opina que “la carrera debe mirar más hacia el ámbito de las Nuevas Tecnologías, sin perder de vista el presente y el pasado de los medios”; Joaquín Sotelo “reforzaría la formación en idiomas y en el diseño y desarrollo de proyectos”. Los alumnos y los periodistas recién licenciados o graduados demandan más prácticas y piden una poda de asignaturas repetitivas o innecesarias. Dice Germán Rodríguez: “Dejaría la carrera en tres años, dando la posibilidad a la gente de especializarse luego en otra cosa, estudiando un máster”. También hay quien opina, como Javier Romero, que “debería ser una carrera complementaria”.

¿Qué aconsejan los periodistas consultados? Cristina Pardo apuesta por “hacer prácticas desde el minuto 1 en el que se pueda”. Bárbara Ayuso va por la misma dirección: “Solo hay dos cosas indispensables, la lectura, y pelarte el culo en una redacción. No es un cliché: aprenderás más en media hora en cualquier medio de comunicación que en las doscientas fotocopias que te dejaron ayer en reprografía”. Antonio Lucas sostiene que “hay que leer mucho, hasta la saciedad, no solo ya periódicos, sino literatura, ensayo, poesía… para conformar las herramientas básicas del mirar y del escribir”. Y remato la faena con Raúl del Pozo: “Hay dos cosas esenciales. Una, los idiomas: no se puede salir al mundo sin ellos. Yo he dado la vuelta al mundo y es muy difícil andar por él si no se sabe idiomas. Y dos: tener oído para el turbión de palabras. Hay que meterse en la atmósfera, en la gran tempestad de las palabras y los vocablos, ser un ladrón de oído, de la lengua, y llenar la cabeza de vocabulario, y las manos, y bailar con las palabras en el ordenador”. Amén.

Fotograma de 'Primera plana', de Billy Wilder
Fotograma de ‘Primera plana’, de Billy Wilder

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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