Miley Cyrus: la reina del esperpento en la industria musical

Miley Cyrus
Miley Cyrus

No sé si escribir sobre Miley Cyrus es escribir sobre música, del mismo modo que no sé si sus actuaciones, sus escándalos, su vida no-privada, están más cerca de publicaciones musicales serias, como Rolling Stone, o de programas televisivos de esos que, como camaleones, cambian de color rosa al amarillo en menos de lo que Bolt se recorre los 50 metros en carrera. Es innegable que el ‘producto Cyrus’ ha alcanzado la cumbre económica -que no cultural- en ese ecosistema tan gris y dorado, tan caótico y tan antidarwiniano -salvo excepciones- que es el mundo musical. Allá donde tantos buenos grupos o solistas perecen por no poder pagarse un disco, un concierto o una promoción, Cyrus mea sobre Herbert Spencer y se proclama reina guarrona de La Comarca, mueve un poco el culo, saca la lengua, y se forra.

Hay quien sostiene que Miley Cyrus es una candidata lógica para engrosar la lista del Club de los 27, formada por una serie de cantantes que, por hache o por bé, murieron a esa edad, entre los que se encuentran verdaderos ases de la música internacional como Jimi Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain o Amy Winehouse. En primer lugar, yo no se lo deseo -ni a ella ni a nadie: morirse a los 27 debe ser una gran cabronada, y a los 28, y a los 29, etcétera-; en segundo, no creo que la guarrona Cyrus haya entrado en una espiral autodestructiva -ella señala como referentes a Madonna y a Britney Spears-, y en tercero, hay que señalar una diferencia urgente entre estandartes como Hendrix y Cobain con respecto a Miley Cyrus: los primeros alcanzaron la fama y la gloria gracias a su talento, los escándalos vinieron durante y después, pero la clase, la genialidad, el carisma, siempre supuraron, siempre se respiraron; en el caso de la ex Hannah Montana, payasadas del tipo friki de Crónicas marcianas ha habido muchas, pero demostraciones de talento, las justitas.

En 2013, Cyrus ha sido noticia por perrear medio desnuda en la noche de los MTV Video Music Awards, por ir disfrazada con una red blanca que tapaba con dos parches sus pezones en el Festival de Música de iHeartRadio, por fumarse un porro en los MTV Europe Music Awards, por enseñar las tetas como felicitación navideña en su perfil de Twitter o, la última, por besar a una bailarina de Britney Spears durante un concierto. También ha publicado nuevo disco, Bangerz creo que se llama, aunque es mucho más difícil enterarse de esto. La ‘show-woman’ -me cuesta catalogarla como cantante- declara que una cosa es su profesión y otra su vida privada, que no está obsesionada con el sexo, y recurre a una comparación filmográfica: “¿Nadie sabe lo que es, por ejemplo, el rock and roll? En casi todas las películas hay por lo menos una escena de sexo y todo el mundo sabe que los actores están simplemente representando a un personaje. Eso mismo hago yo, actuar”.

Miley, tía, tampoco es eso. Para empezar, en el rocanrol -yo españolizo el vocablo- hay mucha más carga musical, literaria y artística -en el rock bueno, digo- que en tus canciones. Por poner un ejemplo: a Nico, en los conciertos con la Velvet Underground, no le hacía falta enseñar una teta para poner el vello de punta cuando cantaban “Femme fatale”. Por otro lado, si una lo que ofrece es polémica, se hablará de esa polémica por narices -es una de las pocas cosas que aprendí en cinco años de carrera de Periodismo-; si ofreces un producto musical en condiciones, estando en la posición social/económica en la que estás, inevitablemente, si es bueno, se hablará de ese producto musical en condiciones. Ya lo escribió fetén el fabulista Iriarte:

Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano;
pues si en dándola paja, come paja,
siempre que la dan grano, come grano.

Haz lo que quieras, Miley, pero, sin ponerme en plan juez de Tú sí que valesLa voz, atiende una cosa: te he escuchado versionar a Bob Dylan y me has gustado. Si en 2014 me haces un disco en condiciones y eres noticia porque has hecho un buen trabajo musical, tú di que el primero que te alabará será el menda; en caso contrario, olvídate de cualquier texto, porque Acordes Modernos, pese a su anarquía temática, no es ni será un blog ni rosa ni amarillo, como esas publicaciones que viven de tus escándalos gilipollescos. Feliz año, guapa.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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