Pequeña postal de Madrid con melodía de Sabina

Puerta del Sol
Puerta del Sol

En Madrid se mezclan el ADN del vagabundo que duerme en un somier de cartones en la glorieta de Bilbao y el de la guiri que vomita el garrafón ingerido en exceso en un pub de Malasaña; el de la pija serrana que se limpia el culo con pañuelos perfumados de lavanda y el del perroflauta que pinta en una sucursal de Bankia “Ladrones hijoputas”; el del escritor hipster que pretende ser maldito pero que se queda en hipster y el de la rumana que pide, con su bebé en brazos, “una mangiana, una mangiana”, en un tren de la línea 6 del Metro.

Madrid es una autopista ilógica y transitada de amor, sexo, desamor y castidad no deseada. Las parejas pasan de los cines, por caros, y se meten mano en los parques, en mitad de las calles, en los portales, en los cuartos oscuros de los garitos de Chueca, en la clasista pista de baile de la antigua Pachá -ahora, Teatro Barceló-, escondidas en los árboles frondosos del parque del Oeste, en los fríos y angostos pisos de estudiantes, y hasta, dicen, en los baños de la Fnac, en plan aquí te pillo y lo que sigue. Madrid es un tipo de gimnasio con la camiseta ajustada, un yonki desahuciado del amor, un soldado de Lacoste engominado y el hijo de la infanta Elena repartiendo fliers en la calle Arenal para que las menores de edad, escasamente vírgenes, acudan a la fiesta light de Joy Eslava. Madrid es también una musa guapa e interesante que madruga, una activista de Femen enseñando sus tetas en el Congreso de los Diputados, una psicópata en potencia, una cuarentona en busca de yogurines y una monja leyendo una revista del corazón.

Madrid es la calle Preciados enferma de capitalismo, el Retiro convertido en un confesionario, un botellón en la plaza del Dos de Mayo, un paseo por Tribunal en busca de la caña perdida, un monopatinero -mierda de palabro el de skater– hostiado en la plaza de Isabel II, dos enamorados ilusos besándose frente al feo templo de Debod, un chocolate con churros poético en el Café Comercial, un grupo de japoneses fotografiándose frente al monumento quijotesco de Plaza de España, y una vieja paseando a su perrito por Argüelles, convirtiendo a la calle Rodríguez San Pedro en un peligroso campo de minas blandas. Madrid es un desayuno informativo en el hotel en el que dormía Camba, un almuerzo con Raúl en El Puchero, allá por Plaza de Castilla, una media verónica mortal y fallida en Las Ventas, un policía deteniendo a un músico ambulante sin licencia, un segurata búlgaro, antipático y kingkonero en una discoteca de Huertas, y una tortuga anfibia comiendo pequeños crustáceos en el falso bosque tropical de la estación de Atocha, donde siempre suena una canción de Sabina.

Y claro que sí: mi Madrid siempre es mejor contigo.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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