Antonio Lucas: “Es necesaria una poesía en la que el poeta se vea como lo que es: un ciudadano”

Antonio Lucas
Antonio Lucas

El periodista y poeta Antonio Lucas transcribía una entrevista con Marío Vargas Llosa en la redacción de El Mundo, cuando recibió un telefonazo de la Fundación Loewe para informarle de que su última obra, Los desengaños, había recibido el Premio Internacional de Poesía. Desde la Fundación le rogaron “confidencialidad”, y Lucas, encontrándose en la mayor fábrica de exclusivas del Periodismo español, se sintió como en un “campo de minas”, digirió en silencio el galardón y tuvo los dos primeros “orgamos tántricos” de su vida.

P: ¿Qué mata más: la duda o el desengaño?

R: Impulsa más la duda. El desengaño no mata. Son dos conceptos muy impulsivos, dos buenos motores de explosión.

P: ¿Cuándo empiezas a escribir Los desengaños?

R: Los poemas que tienen un carácter más cívico, desde una percepción de ciudadano más alerta frente a la situación de la vida y el presente, hace cuatro años; los que tienen más que ver con un desengaño sentimental, hace año y medio.

P: Son 37 poemas, tienes 37 años. ¿De qué te has engañado?

R: Para empezar, de mí mismo. Los desengaños no es una afrenta contra nadie. Es una afrenta, principalmente, contra mí. Luego, de muchas cosas del presente, que son horribles, muy feas, lo que estamos viviendo todos.

P: Dicen que las crisis son un buen caldo de cultivo para hacer literatura.

R: Son buenas cuando son personales. Las sociales también son muy generadoras de percepciones distintas, a veces, más valientes. Pero cuando una crisis engloba demasiada gente dentro, sería muy grosero decir que es favorable para los cuatro que escribimos. Hay cientos de miles de personas en situaciones lamentables como para celebrar que eso pueda ser salvífico para la Literatura. Pero cualquier sensación de incertidumbre, desamparo, es un buen estímulo.

P: En el libro confluyen la crisis política, económica, social con una crisis personal. ¿Hay espacio para la ilusión?

R: Hay lugar para la esperanza. El libro habla de los desengaños, pero no promulga el fracaso. Está escrito con un enorme entusiasmo: de palabras, de conceptos, muy lírico. Es curioso que el libro mío que tiene una raíz más doliente, a la vez, ha recibido el mayor triunfo: un premio.

P: ¿Qué tipo de poesía nos encontramos en Los desengaños?

R: Está dentro del cauce de mi poética: nace de una voluntad irracionalista, de una actitud irracionalista a la hora de enfrentarse a la imagen poética. Se apuesta por la imagen, la emocionalidad, por esa carga de profundidad que tienen metáforas imprevistas. A la vez, se vincula con una percepción menos abstracta del mundo, más centrada en un presente que daña, que tiene mucho de salmuera, que se ha convertido en una nitroglicerina feroz que está haciendo saltar las costuras de una sociedad que entendíamos, más o menos, como equilibrada.

P: Consideras que la poesía no es solo un ornamento y que debe ser una forma de contrapoder. ¿Has hecho poesía social en Los desengaños?

R: No exactamente. La poesía es una gran forma de contrapoder. En el Siglo de Oro hubo mucho poeta de corte, pero muchos de los grandes fueron insumisos: Quevedo terminó encarcelado en León por arremeter contra el poder de aquel tiempo. La poesía siempre ha tenido el punto inflamable, ha sido sospechosa de los poderes instituidos. Es necesaria una poesía en la que el poeta se vea como lo que es: un ciudadano. La vida no pasa por un hombre que escribe poemas sin mancharlos, sin impregnarlos de su ceniza, alpechín, de su pequeño detritus. Eso se metaboliza dentro del poema.

 

De Rimbaud a la “inmensa minoría” de JRJ

 

P: Sé que te encanta Rimbaud. ¿Cuáles son tus referentes poéticos?

R: Muchos. Rimbaud encarna una figura muy extraordinaria dentro de la Literatura: primero la precocidad; luego, el absoluto genio a la hora de entender los lenguajes poéticos establecidos. Deflagra los canales establecidos: se pone un cinturón de dinamita y lo va activando en cada poema. Luego, su aventura vital: un tipo que a los 19 años deja de escribir poemas, se va a Abisinia, se convierte en traficante de armas y de esclavos, luego regresa… Es un escritor incalculable. Luego hay muchísimos referentes: todos los clásicos españoles, como Quevedo o San Juan de la Cruz; los románticos ingleses y alemanes; el surrealismo, donde hice nido; toda la poesía del 27 española; los maestros del 50 como Caballero Bonald; los novísimos… Algunos hoy, además de maestros, son grandes amigos, como Caballero Bonald. Y no quiero olvidar a Claudio Rodríguez.

P: ¿Puede seguir empleándose la poesía como arma política y de forma efectiva?

R: Sí. Inevitablemente, la poesía es una sustancia que se hace con la vida. La vida no es un argumento literario. Si la temperatura ambiente del país, de tu entorno, va chunga, va con traspiés, la poesía está ahí. Es una gran forma de decir “no”. Incluso los que no han utilizado el poema como una pedrada, sino que han establecido otros códigos poéticos, como el maestro Juan Ramón Jiménez, que estableció un código estético que muchas veces es un aldabonazo contra el mundo que le ha tocado vivir. Con plantear una nueva percepción sensible del mundo, ya está haciendo una gran labor de rebeldía, con no aceptar lo inaceptable.

P: La poesía tiene prestigio, pero no tiene público. El crítico José Corredor Matheos dice que “lo complicado no es escribir poesía, sino que se lea”. ¿Cómo se cura esto?

R: Esta idea viene de Juan Ramón, quien decía que escribe para la inmensa minoría. Esto se cura con una mejor base educativa. La poesía es tremendamente accesible, está en cualquier cosa. La gran poesía que siempre ha funcionado, si te das cuenta, es algo que está en nosotros. Falta una gran pedagogía sobre los beneficios de la Literatura: de abrir mundos, de ensanchar tu propia óptica, de saberte entender en algunos estados carenciales. La poesía es una gran brújula, un lanzallamas, una navaja suiza, un “voy contigo”, y eso forma parte del itinerario biológico de un hombre.

 

El menosprecio a las Humanidades

 

P: Antes se recitaban poemas de memoria en los colegios.

R: A mí me parece una buena pedagogía que los chavales aprendan de memoria los poemas. El ejercicio del arte, si te das cuenta, es por imitación. Si en los colegios hubiese una mayor voluntad de hacer que las Humanidades formase parte ya no solo de la asignatura evaluable, sino del comportamiento que puede tener un niño/adolescente a la hora de enfrentarse al mundo, nos iría mucho mejor. La Literatura es un gran arma para salir a las calles, para saber enfrentarte a muchas cosas: casi todas las claves de la vida están en los libros. Hay un déficit absoluto en la Educación en España por el desafecto que ha habido hacia las Humanidades, uno de los principales motores de laminación de la Educación. La sospecha por las Humanidades, la necesidad de generar ciudadanos científicos, ciudadanos técnicos, que son importantes y necesarios, pero no existe la posibilidad de entender la Física si no tienes una capacidad de abstracción, que muchas veces te la da la Literatura. Todo tiene que ver con la escasez de seriedad a la hora de plantear ciertos programas educativos y con la absoluta sospecha que tienen los poderes, sobre todo este Gobierno actual, en las Humanidades.

P: ¿Por qué las instituciones no potencian las Humanidades?

R: Tiene que ver con la capacidad de rendimiento económico que muchas veces tiene la Cultura frente a otros oficios. Muchas veces pensamos que las Ciencias son un aval de futuro importante: lo son cuando cierras las puertas a otros estudios de Letras. La dejación de los poderes públicos por la Cultura lo están ocupando instituciones privadas: un ejemplo es la Fundación Loewe, que ha apostado por la poesía y por la danza. El horror es que las instituciones públicas las dirigen, en muchas ocasiones, políticos o amiguetes que no tienen ni puta idea de lo que significa la Cultura. Son una panda de ágrafos, de analfabetos. Eso es lo que vemos en la mayoría de los políticos españoles, que están muy por debajo del nivel cultural de la ciudadanía. Tenemos la generación más nefasta de políticos. Son ‘low cost’ y nos están saliendo carísimos.

P: “¿Y para qué los terribles héroes?”, que escribes en un poema de Los mundos contrarios.

R: La mayoría de ellos son una tropa sospechosa. Si no son delincuenciales en sí mismos, están amparando delincuentes, como hemos visto en el caso de Fabra. Cuando hablo de los héroes hablo de los héroes feos que las sociedades hacemos de vez en cuando, gente absurda: héroes de guerra, salvadores de patria…

P: ¿Qué te parece la política cultural de Wert?

R: No existe. Wert se ha dedicado a otros menesteres, como intentar joder la Educación y la universidad pública por todos sus frentes, destrozando la posibilidad de algunos estudiantes que no pueden financiar sus becas… En el caso de su secretario de Cultura, José María Lassalle, es un alfeñique, un tipo que no existe. Ocupa el cargo hasta que le toque salir. Es el drama de la política de siempre. En el caso de Lassalle y de Wert, han aceptado sin levantar la voz que la cultura esté gravada con un 21%, y el fútbol con un 10%. Afortunadamente, al margen de ellos, y gracias a su gestión, empieza a haber una cultura de calle mayor: la gente empieza a montar sus pequeñas aventuras. La gente nunca va a renunciar a la Cultura. Madrid está en un momento muy efervescente. Los festivales están llenos, las pequeñas salas de teatro siguen teniendo una cierta fidelidad…

P: ¿Dónde te encuentras más cómodo: dando cera desde la Poesía o desde el Periodismo?

R: En ningún sitio. No me gusta estar todo el día dando cera, aunque no lo puedo evitar. Primero, si no tuviese que hacerlo, las cosas irían medio bien; segundo, no me considero el lobo feroz. Lo que pasa es que no sé hacerlo de otro modo. Si supiera escribir del mar y de los peces, lo haría, pero no me sale. Creo que la labor de un periodista y de un poeta es la de tener una lucecita de alerta. No hay que perder el referente de tu momento y hay que estar muy implicado.

P: ¿Temes represalias?

R: Sé que las cosas que hago me van a pasar factura. Sé que en ciertos ámbitos del poder me miran como una mosca cojonera. Los ajustes de cuentas, a ciertos niveles, suelen ser bastante crueles. Pero también sé que trabajo en un medio de comunicación ‘anarca’ y poderoso a la hora de establecer una independencia. Me pagan por hacer las cosas que hago, me dan una libertad absoluta para hacerlas, y disfruto de un momento de entusiasmo. Dar cera es mi forma de ser, pero también me la doy a mí mismo. Soy un tipo que intenta, permanentemente, revisarse, dudar mucho de sí mismo.

P: Parafraseando a Celaya, ¿seguirá siendo la Poesía un arma cargada de futuro?

R: No le queda más remedio. Como decía Antonio Gades del flamenco: “No tiene más remedio que tener futuro porque está cargado de pasado”. La poesía está tan impregnada de Historia, de evolución, progreso y aventura, que no le queda más remedio que tener un pie en el futuro. La poesía no viene a anunciar nada, sino a decir lo que somos, y ese decir lo que somos es un presente continuo.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies