“Neighbours”: el gran rock vecinal de Rolling Stones

Portada de 'Tatoo you'
Portada de ‘Tatoo you’

Se pregunta Mick Jagger en “Neighbours”, la quinta canción del disco Tattoo you:

-Have I got neighbours?

Se pregunta a sí mismo, sí, pero yo le respondo por mí:

-Yes! -pronunciado “lles” por culpa de mi catetismo angloparlante.

No contento con mi respuesta, repite el cantante de The Rolling Stones su cuestión, como si estuviéramos en un interrogatorio policial en alguna comisaría del centro de Madrid un sábado por la madrugada, porque te han pillado tomándote una copa en mitad de la calle y te pretenden colocar una pena del copón, que piensas tú: si lo llego a saber, casi que me meto a etarra o a grapo, y me sueltan junto a otros 200 compañeros en unos años, y… mejor no sigo por este tema.

Decía que vuelve a preguntar Jagger:

-Have I got neighbours?

Le vuelvo a contestar:

-¡Lles! -así, directamente, en inglés manchego.

Como en esta canción compuesta Jagger y Keith Richards, mis vecinos también llaman al timbre todo el día y toda la noche. Mejor dicho, lo hacían. Cuando ensayaba con mis músicos en casa, siempre a horas legales -a la normativa me remito-, o bien el vecino del pasillo paralelo se presentaba en mi casa, o bien el vecino de arriba pateaba su suelo/mi techo, o bien el vecino de abajo pedía a voces, desde el patio interior, que nos calláramos de una puta vez… Ahora que mis guitarras tienen telarañas, mis vecinos no se me quejan de nada.

Yo tampoco. Lo malo es que tengo motivos de sobra como para convertirme en Chuck Norris en Commandos (o como se llame el film).

“No es nada extraño que nosotros nos rebelemos y luchemos”, cantan los Rolling, tocan los benditos Rolling, ay, en la simpática “Neighbours”. Mis “Neighbours” son mucho más cañeros, brutales y, desde luego, ruidosos que los de los Rolling. A saber: el remix diario incluye:

  1. Una obra que dura ya, al menos, tres años. Y digo “al menos”, porque el día que me instalé en mi actual piso había ruido de taladros y mazos, tal y como lo hay hoy. El ruido ha sido permanente, constante. No se ha detenido ni un solo día. Yo tengo la teoría de que es el espíritu constructor de Gallardón. Ya saben que, mientras el actual ministro de Justicia era alcalde, no había semana que no se levantara una acera o se hundiera un túnel en la M-30. Cuando el tipo ascendió al Gobierno central, se pasó a cosas más del estilo aborto, manipulación de la Justicia, etcétera. En mi opinión, la vena inmobiliaria de Gallardón se transformó en un ente independiente que habita en las paredes de mi edificio. Quizás la mejor solución a estos ruidos pase por un exorcista. Preguntaré por el número del mejor exorcista gallardoniano que existe: Esperanza Aguirre.
  2. El llanto de un bebé. Una vecina ha sido recientemente bendecida con un retoño o retoña, no le he mirado el sexo, ni ganas. El crío llora, es decir, que expulsa lágrimas por los ojos mientras grita como un condenado y moquea. Su madre, en lugar de optar por ponerle un chupete y mecerlo en su habitación, ha decidido utilizar los pasillos del primero -el piso en el que vivo- para consolar al infante.
  3. El llanto de un perro. Unos vecinos bastante cabrones -literalmente- se marchan de casa y dejan encerrado a su perro en el balcón que da al patio interior de mi piso. Creo que son los del bloque de al lado. El animal llora desconsoladamente hasta que regresan del trabajo, de la sauna o del puticlub, no sé. Podrían ocuparse mejor de su mascota. Su llanto y sus ladridos se clavan en el alma. A veces me gustaría que el can se transformara en el Cujo de Stephen King y le diera una lección a sus dueños.
  4. Una gata en celo. Contra la naturaleza no se puede luchar, pero yo creo que lo de la gata de mis vecinos de abajo es ya ninfomanía. Una vez al mes, durante tres o cuatro días, al anterior coro episcopal se le une un: MIIAAAAUUUUUU, MIAAAAAAUUUUUU, MIAUUUUU. Al final de la jornada, más que una gata maullando parece Sabina cantando por Ainhoa Arteta.

Y los Rolling, ay, los Rolling:

Neighbours, neighbours, neighbours
Do yourself a favour
Don’t you mess with my baby
When I’m working all night
You know that neighbors
Steal off my table
Steal off my table
And doing alright, alright, alright…

Y yo, tan paciente y tan desconsolado, sin poder leer, dormir, y demás verbos, en paz.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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