La guapa de las Pussy Riot, carne de Siberia

Nadezhda Tolokonnikova
Nadezhda Tolokonnikova

Nadezhda Tolokonnikova, la guapa de las Pussy Riot, ha sido trasladada a una prisión de Siberia, el infierno blanco del mundo, cementerio soviético y post-soviético del que nos dio buena cuenta Aleksandr Solzhenitsyn en su Archipiélago Gulag, una crónica eterna del horror gélido en el norte de Eurasia.

El Servicio Federal Penitenciario ruso informó con brevedad y con austeridad lingüística, puesto que los tiranos son enemigos de la literatura, de que Nadezhda, la amazona nórdica de la mirada valiente y la camiseta del “No pasarán“, fue trasladada hace aproximadamente un mes a una “colonia penitenciaria” -maldito eufemismo- situada a unos 3.600 kilómetros al este de Moscú. Thomas Jefferson dijo, en un arranque sabio y cargado de populismo yanqui, que cuando los gobiernos temen a la gente, hay libertad, y que cuando la gente teme al gobierno, hay tiranía. La Pussy Riot se armó de libertad y, sobre ella, cayó con aplomo el brutal peso de la tiranía, de la vileza, de la dictadura enmascarada de la Federación Rusa. En la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, Nadezhda y sus compañeras abofetearon la tiranía del Putin cachas gracias al Photoshop y totalitario, y a la bella musa/rusa su descaro, su lucha, su grito, su protesta, le ha salido más cara que a nadie.

La guapa de las Pussy Riot se declaró en huelga de hambre en septiembre para reclamar su traslado debido a que, según denunció, había sufrido amenazas de muerte y unas condiciones de vida inhumanas. Los carceleros con despacho oficial contaron el 18 de octubre que la activista había sido trasladada a otra prisión, negándose a informar oficialmente del lugar del traslado a familiares, ni siquiera a su marido.

Dicen en África, donde la Selección Española de Fútbol alardeará de ‘tiki taka’ dándole el gusto al dictador Obiang, que los dictadores son como los cocos: siempre terminan cayendo. Lo malo es que la tarea de los héroes va mucho más allá, no se limitan a agitar un árbol cocotero -que, como mucho, te tira un fruto a la cabeza-: se enfrentan a un ente inmenso, oscuro, violento y secretista. Nadezhda, a sus 24 años -mujer de mi quinta-, decidió pelear, sin violencia, contra el monstruo final  del videojuego, el más difícil y poderoso. Putin la ha enviado a Siberia, “condenada a pudrirse en las cárceles y a ser sepultada en las nieves”, Kropotkin dixit. Nadezhda Tolokonnikova, la guapa de las Pussy Riot, estaría mucho más guapa todavía en libertad.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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