Mi resplandor

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Anoche tuve una experiencia extrasensorial, en plan Pitita Ridruejo con la Virgen de El Escorial. A mí, el mundo de lo paranormal siempre me ha tirado para atrás, como las canciones de Auryn. Cuando decidí estudiar Periodismo, jamás se me pasó por la cabeza ser como Iker Jiménez Sandro Rey. Mis intereses siempre han sido más terrenales. Si ya en este mundo hay demasiadas cosas de las que preocuparse, como para ponerse a investigar/explorar el otro, madonna, qué tostón. Para eso, ya digo, están los videntes y/o los heroinómanos. Yo solo escribo artículos, voy a desayunos informativos, publico reseñas, etcétera, y con eso me basta.

Pero anoche sí: tuve una experiencia extrasensorial. Stephen King lo llama “resplandor“; Willie, el encargado de mantenimiento del colegio de Los Simpsons, dice “resplandior”, no sea que le caiga una demanda por plagio. La última novela del maestro de la literatura de terror -culturetas, es lo que hay- se llama Doctor Sueño. Es la segunda parte, esta es fácil, de la renombradísima El resplandor, obra en la que, a grandes rasgos, un tipo se encerraba en un hotel habitado por unos espíritus bastante cabroncetes junto a su esposa e hijo; los fantasmas le lavan el cerebro al tipo, y este decide matar con un mazo -en la película de Kubrick, con un hacha- a su familia.

¿Qué es el resplandor? Según Dick Hallorann, el cocinero negro del Hotel Overlook, hay muchas personas que pueden tener premoniciones, comunicarse por telepatía, mover objetos, ver a un ahorcado donde el resto de los mortales solo ven una habitación con pelusa acumulada de cinco o seis semanas, y así. El resplandor es el pack que incluye todo, y uno lo recibe desde el nacimiento. No está a la venta ni en la teletienda ni en El Corte Inglés. Hay sujetos que resplandecen mucho, otros que menos, y otros que no resplandecen nada. Conforme escribo estas líneas, me doy cuén de lo absurdo que puede resultar construir un texto sobre un hecho real basándome en las claves de una novela de ficción, pero ya llevo más de 300 palabras tecleadas -tacatacatacatá, me apetecía poner una onomatopeya-, y como que paso de retrotraerme, ¿saes?, que diría una de estas hijas tan famosas de Isabel Preysler, de abandonar mi relato.

Sufrí -no sé si es el verbo más adecuado para hablar de este tipo de fenómenos, pero es que uno es casi virgen en la materia- mi primera experiencia extrasensorial a eso de las seis y media de esta madrugada, tras llegar a casa, después de haberme comido los mocos en El Caladero, una discoteca que suelo visitar con cierta frecuencia -los puertas búlgaros hasta me tratan de usted y me quitan la chaqueta-. Es un antro decadente que está por el centro de Madrid. No hay que matricularse en ninguna carrera para deducir que mis amigos y yo vamos porque hay muchas guiris, que son como los bancos de sardinas de la noche madrileña: hay muchas y son comestibles, aunque algunas tengan raspas.

Bueno, pues anoche no hubo banquete sexual, sino más bien una hambruna subsahariana. Total, que llegué al edificio, vi a mi vecina dar el primer paseo matutino del domingo -¡ay, los viejos!-, subí las escaleras, un escalón, cinco escalones, al octavo, un descansito, no veas la hostia que te da el garrafón de El Caladero, tú, escalé hasta el decimoquinto escalón, me incorporé y, golpeándome en zig-zag con las paredes, por fin conseguí llegar a mi puerta, meter la llave en la cerradura, girar, pim, pam, pum, toma Lacasitos, entré a casa, y ¡zasca! Un resplandor.

No caí por ningún túnel psicodélico con relojes, como Alicia en la novela de Carroll, ni tampoco se me apareció un ente similar a Tony, el misterioso niño que se le aparece a Dan Torrance y a Abra Stone -la co-protagonista de Doctor Sueño, una niña que también tiene un resplandor del copón y que quiere ser devorada por los “demonios vacíos”; si quieren saber más, compren la novela, que es cojonú-. El mío fue un resplandor de bajo presupuesto: cerré los ojos, y me vi con 35 años en Milán, con un trabajo fijo, una mujer bellísima por esposa y vivienda propia. Algo a lo que puede llegar todo el mundo en España, modo ironía on, ¿eh, ministro Montoro? En mi resplandor, mi cónyuge me preguntaba -en italiano- si me apetecía ir a tomar un aperitivo a i navilli, y yo le respondía: “Sì, tesoro. Aspetta un minuto. Devo telefonare a Fede. Azienda le cose“. Así, según mi experiencia extrasensorial, dentro de once años viviré en el extranjero, estaré comprometido, tendré un trabajo bien remunerado y una casa propia. Ay, mai, que diría Amador el de La que se avecina.

La doctora Melfi de Los Soprano me diría que mi resplandor es una alucinación etílica del ‘yo’ freudiano que proyecta patatín, patatán -la psicóloga de la familia es mi hermana, no yo, así que ella sabrá mejor-. La semana pasada estuve en Milán, una ciudad que no es fea, aunque tampoco sea un bellezón, con un Duomo precioso, un castillo imponente, unas tiendas carísimas y unas mujeres muy guapas y muy serias. Me hospedé en casa de mi amigo Fede -de nuevo: gracias, tanto a ti como a tu padre-, quien me advirtió: “aquí, ligar es una prueba olímpica. Si en Madrid hay que trabajar para liarse con una chica, aquí hasta deberían pagarte un sueldo por la tarea”. Es cierto: visitamos a unas amigas que, aquí en Madrid, me conocieron en ‘modo Velociraptor‘; ellas, desde el principio, fueron muy amables, muy hospitalarias, pero noté al resto del clan como a la defensiva. Luego, vieron que no, que no vestía camisa hortera, que bebía con moderación, fui cortés, servicial, y hasta toqué la guitarra -por primera vez desde septiembre-. Cantamos una canción de Battiato, el “Voglio vederti danzare”. Estuve muy cómodo en ese matriarcado. Luego, en los paseos: la mayoría de las niñas eran guapas. Pero guapas con clase, con elegancia. No eran como las golfas de El Caladero. Y pensé: cuando queme todas las naves de Madrid, regresaré a Milán a sentar la cabeza.

Pero, según mi resplandor, para eso todavía faltan once años.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Un comentario sobre “Mi resplandor

  • el 21 noviembre, 2013 a las 7:02 pm
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    Wow qué locura, me gustaría vivir eso, creo jaja o a lo mejor me asustaría mucho. A mí me encanta El Resplandor, es uno de los filmes online que más he visto y me fascina, creo que tiene una idea muy original, pero es mejor que el libro en cuanto a simbolismo y complejidad.

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