“Ábreme el pecho y registra”: recuerdos de un concierto de Extremoduro

robe-envivoRecuerdos del concierto de Extremoduro en el EnVivo del año pasado, concierto que cierra el festival, el show más esperado de todos, con el temor de que llueva y de que se suspenda, con el ansia de ver a la mejor banda de rock española del momento, y esa fe que mueve montañas y espanta a la lluvia, y el concierto de Extremoduro que ya lleva su buena hora y pico, y la peña desgañitándose con temas poco habituales, y que se sorprende cuando Miguel, el bajista, se marca un punteo extraño que precede a un potente y poderosísimo instrumental, que se interrumpe cuando Robe canta lo siguiente:

El cielo estaba rojo como una amapola,
los ojos también rojos de no haber dormido,
la luna me ha dao el toque:
¡niño estoy muy sola!
me arrojo y me despierto al dar contra el bordillo.

Buala, pienso, esto sí que no me lo esperaba, y mucho menos me lo esperaba así: Extremoduro está cantando “Abre el pecho y registra”, un tema poco habitual en los directos, una de mis canciones favoritas, residente en Agila (1996), el que es, en mi opinión, el primer disco mayúsculo de mi tan admirada banda. De nuevo instrumental. El Uoho, sublime, como toda la banda, sí, pero es que escuchar y también ver a Iñaki Antón tocar la guitarra es cosa como de otro mundo. Este tío ha sido elegido por los ángeles -qué ángeles, no sé- y toca mucho mejor que ellos.

Hoy me siento, al pensar, como una foto en la pared
y no respiro pa no hacer ruido
y no cambio de postura
y si te paras a mirarme: castigo,
reviento y no quiero hablar.

Si todo me sale de color rosa,
te prometo que esta noche tú no duermes sola,
si nada me sale, ¡vete a hacer puñetas!
y aún me debes mil rabietas.

Y yo que me desgañito con los que son, para el menda, algunos de los mejores versos de Robe:

Cada vez que me ves soy más guarro y más perro
y cada vez que te vas muero un poco más,
cada vez que me ves metido en tu pensamiento
es que reniego del tiempo hasta el final.

La cosa es tan perfecta -para mí, digo, viva la subjetividad- que uno no se para a pensar: “Ojalá yo hubiera escrito/compuesto esto”. No. Simplemente te desgañitas, saltas como Cristiano Ronaldo mientras bailas, alzas un brazo señalando al cielo y piensas en que los conciertos perfectos existen y que son los de Extremoduro.

Finaliza la canción con unos versos de Sor Kampana, Antonio Belarte, poeta maldito. En el disco está citado. Robe es un tío legal. En el concierto no recita, sino que ruge:

Ni vertiendo polvo
en el cajón de los sueños
consigo ahuyentar las pesadillas
que pueblan mis borracheras,
largas noches de descontrol
y fuego perdido,
pequeñas y fieras alimañas
que devoran mi vida
hasta contaminarse.

Y así, recordando, consuelo mi mono de conciertos de Extremoduro.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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