“Despierta”, de Bunbury: el himno de la hora de la verdad

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El ritmo del lunes te despega de la cama como una espátula seca en forma de alarma infernal de teléfono móvil. Son las 6:45. Hace dos días, a esta misma hora, todavía bailaba un tema latino, del estilo “zúmbale, mi amol”, en una discoteca de Granada con vistas a la Alhambra. Pero hoy toca enfundarse el uniforme rutinario, ir a trabajar y despertarse, despertarse, despertarse.

Uno, que siempre se levanta con el pie izquierdo a esas horas, cambia diariamente de canción para incorporarse a la jornada, por eso de no pillar manías, fobias y derivados. Lunes, 6:45, enciendo el ordenador, tecleo “Youtube”, escribo “Despierta Enrique Bunbury”, todo de seguido, porque el buscador no entiende de comas ni demás signos gramaticales. Hago clic en el Play y aparece el periodista Iker Jiménez, presentador de Cuarto Milenio. La cámara enfoca, desenfoca, y zasca, oscuridad: el plató del programa metamorfosea en un escenario desértico y nocturno, en el que figuran un barco y un televisor. Alarma nuclear. No esperamos buenas noticias. Pum, no me jodas: hablan Rajoy, Merkel y Obama. Quiero escuchar a Bunbury, pienso, no ponerme de mala hostia. Entonces, el músico aparece de las tinieblas. Porta una barra y golpea la tele. Agarra la guitarra, reaparece intermitente Iker Jiménez, y empieza lo bueno.

El riff me recuerda durante décimas de segundo al de “Slow train coming” de Bob Dylan, aunque no tarda en balancearse y adquirir forma propia. Unos tipos vestidos con monos de trabajo se arman bajo un paisaje que recuerda a los que frecuentaban, en Los renegados del diablo, la gran familia de asesinos creada por Rob Zombie. Qué va: el vídeo está rodado en Algeciras y en Sevilla. Se va a liar gorda. Bunbury cambia el traje de fuego del Licenciado cantinas por un estilo más rockero: viste de cuero, porta una guitarra eléctrica -yo siempre lo he visto con acústicas- y esconde su mirada bajo unas gafas de sol en las que se refleja una luz rosada. “Despierta, todo ha cambiado, nada es como habíamos imaginado”. Bunbury me ha tirado un suculento anzuelo en el primer verso y ya me ha enganchado a su canción.

El cielo se torna apocalíptico y Bunbury canta con la voz y arenga con los gestos delante del ya citado barco, en el que puede leerse “God is love”. Televisores por las calles, bares y casas, niños embelesados en una carretera, adultos zombies en taburetes y sofás. Y la patrulla de las sombras, armadas, que empieza a correr.

Un sacerdote anciano y barbudo toca a emergencia en la algecireña iglesia de la Palma, y la patrulla que dispara a matar a todos los televisores, hogar de políticos con rostro extraterrestre. Cuidado: no son cajas tontas, sino cajas que atontan. Iker Jiménez alerta de las guerras del petróleo y de los intereses de las farmacéuticas, día, noche, y un parón musical que da pie a una parte más melódica, inédita en los últimos discos de Bunbury: “Despierta, despierta de una vez” canta el zaragozano acompañado, únicamente, de un sintetizador, teclado o lo que sea. Tocan Los Santos Inocentes pero esa parte de “Despierta” te traslada a Pequeño y al Pequeño Cabaret Ambulante.

Como el final violináceo y dramático. Unas naves extraterrestres dominan el cielo de un planeta inundado, en el que no se sabe si superviven los seres humanos y en el que habitan, en sus profundidades, televisores con políticos monstruosos. Bunbury y Alexis Morante dejan con hambre de más y uno piensa en el mediometraje -o como se diga- de Licenciado cantinas: The Movie. A ver si repite.

Acaba la canción, desayuno. La televisión me observa desafiante.

Voy a la cocina y agarro un rodillo de madera…

Hoy te sientes distinto
porque eres distinto.
Lo que fue siempre lo mismo
hoy cambió.
Permanecía oculto en ti
y ahora está tan claro,
es un día soleado
y no hay confusión.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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