“Leopard-skin pill-box hat” desvirgando la noche de Bilbao

dylan-bilbaoAntonio Cambronero y un servidor tenemos nuestros encuentros (in) formales en restaurantes de comida rápida. Siempre quedamos por Sol y blasfemamos contra la dieta mediterránea tomando un menú en el McDonald’s o en el Burger King, dependiendo de las ofertas que nos dan los paquistaníes/chinos/negros que nos encontramos por las calles de la zona. Como sabéis los lectores habituales de Acordes Modernos, tanto Cambronero como un servidor somos muy dylanianos. Yo le contaba al jefe/amigo que, hace seis años, cuando estudiaba primero de Periodismo, pude haber ido a un concierto de Bob Dylan en Cuenca pero que, por entonces, el menda no lo admiraba tanto, prefirió ahorrarse los 50 y pico euros que costaba la entrada, y se lo perdió. Lo consideraba un error biográfico de la hostia, y le lloraba la historia hasta el hastío. Cambronero, jefe/amigo, que decía, Cambronero, digo, se comprometió a invitarme al próximo concierto que Dylan hiciera en España. Tal evento se produjo el 11 de julio de 2012 en Bilbao.

No recuerdo dónde compró Antonio las entradas; sí sé que le dije: “oye, quédatela hasta el día del concierto, no sea que la pierda y joda el chiringuito”. El 11 de julio de 2012 cayó en miércoles. Al día siguiente iniciaba mis vacaciones, y la odisea que me esperaba no era, precisamente, chica. En 48 horas tenía que hacer el siguiente trayecto: 1) abandonar la redacción de Libertad Digital, periódico en el que trabajo, a las dos del mediodía; 2) coger el autobús a Bilbao a las 15:30 en Avenida de América; 3) coger el autobús rumbo a Madrid a las 00:30 horas de la noche; 4) llegar a las 5/6 de la mañana, mí no recordar del todo, ir a casa, coger la maleta (ya hecha) para viajar, a las 15:00 horas, a Almería, con mis amigos de Granada; 5) estar a las 8, otra vez, en la redacción de Libertad Digital, y 6) lo que he dicho antes: ir a toda hostia a Atocha para subirme al tren. Yo creo que este tipo de cosas solo se pueden hacer en condiciones con mi edad. Luego, ya, la salud se resiente.

Uno sabe que abandona Castilla y que entra el País Vasco gracias al cielo y al paisaje. En cuestión de segundos, el primero pasó del azul claro y despejado al gris tormentoso; el segundo, del amarillo seco y cereal al verde húmedo del bosque norteño. En South Park hacen una broma parecida, pero a la inversa, respecto a Nebraska.

Disfruté de Bilbao poco, copón, por culpa de las prisas: me arrepiento de no haber ido a Bilbao en sí, aunque no me arrepiento de haber ido a Bilbao solo por asistir a un concierto de Dylan. En la estación de autobuses me esperaban el matrimonio Cambronero y unos amigos suyos. Dimos un paseo por la ciudad, muy breve, porque Dylan es puntual de la hostia y había que irse echando leches a la explanada del Guggenheim. Allí, 7.500 almas esperábamos que el genio de Duluth comenzara su ‘show’. Antonio, Mari Carmen y el menda nos pusimos muy cerca del escenario, escorados en el lateral izquierdo. Creo que fue a las nueve de la noche en punto cuando sonó esto: “Damas y caballeros, permítanme presentarles al poeta laureado del rock’n’roll. La voz de la promesa de la contracultura de los sesenta. El chico que forzó al folk a meterse en la cama del rock. Que se atavió de maquillaje en los setenta y desapareció en el humo del abuso de sustancias. Que emergió para descubrir a Jesús. Se le consideró una figura acabada al final de los años 80, y de pronto cambió de marchas publicando algunas de las mejores canciones de su carrera desde finales de los 90. Damas y caballeros, el artista de Columbia Records, Bob Dylan”.

Acto seguido, trajeado, elegante, con un sombrero blanco, apareció el artista al que más admiro de todo el mundo. Recuerdo que, cuando vi a Leonard Cohen por primera vez, me emocioné; con Dylan, en cambió, me sentí petrificado, como una estatua de sal. Me impuso tanto que, durante unos segundos, no supe cómo reaccionar. Luego empezó a sonar “Leopard-skin pill-box hat“, y se abrió la veda al desgañite, al aplauso, al babeo y a la veneración. Con este tema del genial Blonde on blonde, Bob Dylan desvirgó la noche de Bilbao.

(La grabación, evidentemente, no corresponde al concierto al que acudí. Si algún lector tiene vídeos/grabaciones, por favor, ¡¡¡háganmelo saber!!!)

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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