La noche en que Dylan violó a la música folk

“La gente es idiota por naturaleza, perezosa por naturaleza, cobarde por naturaleza”.

(Henry Miller, Trópico de Capricornio)

“El folk se destruyó a sí mismo. Nadie lo hizo por él”.

(Bob Dylan, entrevista concedida a Paul J. Robbins para L.A. FREE PRESS en 1965)

1newportEl 25 de julio de 1965, una masa enfurecida abucheó hasta la afonía a Bob Dylan, provocando que a este se le hincharan las venas del cuello y abandonara el escenario del Festival de Folk de Newport (Rhode Island, EEUU). El público -¿respetable?, no sé yo, en este caso- más purista no le perdonó al músico de Duluth (Minnesota) que cambiara la típica guitarra acústica folkie por una Fender Stratocaster y que saliera al escenario acompañado de una banda de rock. Imagino el suceso siendo parodiado en Los Simpson, con los violentos más reaccionarios –y viceversa- prendiendo fuego al escenario y volcando coches.

Newport podría haber metamorfoseado en Springfield con relativa facilidad si el cantautor Pete Seeger, consagrado y rojo, hubiera conseguido el hacha que buscó y pidió incansable, iracundo e indignado. Como Jack Nicholson en El resplandor de Kubrick –en la novela de Stephen King, Jack Torrance emplea un mazo como arma-, Seeger quiso utilizar un hacha no para descuartizar a Dylan, tampoco es eso, pero sí para destrozar el equipo, como mínimo, para “cortar los cables”, declara en el documental No Direction Home de Scorsese, casi de un modo entrañable.

El presentador del festival, Peter Yarrow, o el propio Seeger justificaban la colérica reacción de los indignados con el mal sonido que consiguió Dylan con su banda de rock en el escenario. El primero señala, con razón, que al haber una batería había que subir el volumen del resto de los instrumentos y que, claro, la distorsión era excesiva y ensuciaba demasiado el audio global. Por su parte, Seeger afirmaba: “No sé entendía la letra. Yo estaba frenético. Dije: ‘Quitad esa distorsión’. El sonido era tan áspero que no se entendía una palabra. Fui corriendo al sistema de sonido: ‘Quitadle distorsión a la voz de Bob’. ‘No, lo quieren así’. Dije: ‘Joder, es horrible. No se entiende. Si tuviera un hacha, cortaría el cable del micro ahora mismo’”.

Es cierto que el sonido obtenido durante la actuación de Dylan no fue el mejor pero, pese a la oposición de Alan Lomax, uno de los organizadores, el sábado 24 actuó otra banda en formato eléctrico, la Paul Butterfield Blues Band, y no se armó tanto revuelo. El propio Dylan, en una entrevista concedida a Nora Ephron y a Susan Edmiston titulada Positively the dream en 1965 y recogida en Dylan sobre Dylan (Ed. Globalrhtym, 2008), declaraba que en el festival de Newport “estropearon -¿quién?, no lo aclara- el sonido. Ya no les gustaba lo que iba a tocar y me estropearon el sonido antes de que empezara”.

Dylan violó ante los sumos sacerdotes del género y ante sus feligreses más devotos al folk más tradicionalista y conservador –no ideológica, pero sí musicalmente- en el Festival de Newport. Un año antes, el cantautor había abofeteado a sus admiradores más políticos con Another Side of Bob Dylan: harto de etiquetas como “profeta” o “voz de una generación”, optó por hacer un disco compuesto, sobre todo, por historias de amor/desamor, entre las que destacan “To Ramona” y “It ain’t me, babe”. El 22 de marzo de 1965, Columbia Records publica Bringing It All Back Home, un trabajo en el que, por primera vez, el músico introduce, casi de manera matemática, instrumentos eléctricos en temas que podrían pasar por tradicionales, como “Subterranean Homesick Blues” o “Maggie’s Farm”, alternándose estos con otros en acústico, como “It’s all over now, Baby Blue” o “Mr. Tambourine Man”. La guinda de esta evolución/revolución se llama “Like a Rolling Stone”, que vio la luz en forma de sencillo el 20 de julio de 1965, “la mejor canción de todos los tiempos” según la revista Rolling Stone y sobre la que, incluso, se han escrito libros (como el de Greil Marcus, Like a Rolling Stone. Bob Dylan en la encrucijada, también en Globalrythm).

(Quise haber escrito más y mejor, pero la calor, un bebé recién llegado al bloque de pisos en el que vivo y el taladro del vecino de arriba me han impedido continuar/revisar como quisiera. Aún así, feliz día a todos los dylanianos y un abrazo fuerte a las víctimas del accidente de trenes en Santiago de Compostela)

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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