Tom Waits, “You can never hold back spring” y Roberto Benigni

waits-tigre-nieveLa Sharon me pregunta por qué la llamo “la Sharon”, reprochándome que aquí, en Madrid, en la universidad de la que se ausenta y en las discotecas que frecuenta, todo el mundo le dice de “Sharon”, de “francesa”, de “guiri” y de “guarrilla”, salvo yo, y añade que si voy de chulo o qué, que ella es Erasmus, pero decente. Yo le digo que es cosa de mi pueblo, de mi Castilla-La Mancha, donde a las mujeres se las nombra con un artículo determinado siempre, por cosa de costumbre, de siglos, de José Bono, de vaya usté a saber, que soy periodista, no filológo hispánico.

La Sharon es más suelta de lo que ella me dice, pero a uno le gusta que su musa o, mejor dicho, la mujer que le acompaña en la cama, se ponga el traje moral de Santa Teresa de Jesús, que entre en éxtasis, pero vestida de monja, casta y pura, especie en peligro de extinción. La Sharon es una hembra de lince gabacho con el chichi rasurado y perfumado -y qué bien huelen los perfumes franceses, oigan-. Mi Sharon, que no es mía ni de nadie, como todo lo público, se viene conmigo al día siguiente de pegársela, de tajarse hasta hostiarse por las escaleras del Palace -de la discoteca, no del hotel-, de liarse -es un suponer- con tipos más morenos, más de gimnasio, más hormonados y más feos que yo, que no me lo cuenta ella, pero sí su teléfono móvil.

La Sharon ejerce de romántica y me toma -equivocadamente- por bohemio, por poeta maldito. Por eso va en bolas por mi casa, pisando pelusas y pidiendo que le ponga la calefacción, que hace más frío que en Versalles. No me pide opio porque todavía está de resaca. Se mete en la cama cagándose en mi madre, por el frío, digo, y yo le digo que coja todas las mantas que quiera, pero que de subir la calefacción nanay, que luego quien paga la factura del gas soy yo, con mi sueldo miserable, y no ella, ni su padre, ni Baudelaire -que, hasta donde sabemos, nunca fue cliente de Gas Natural-.

Me dice la Sharon que me va a poner una peli que me va a gustar, porque sale cantando Tom Waits, y yo continúo enamorándome de esta julái, qué lista es, cómo me torea, cómo me maneja, cómo me enchocha y, sobre todo, qué culo tiene. Vemos El tigre y la nieve, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni, que hace de Roberto Benigni, pero de poeta. A mí lo que más me gusta es que sale Tom Waits, al piano, cantando una canción casi tan hermosa como la Sharon, “You can never hold back spring“, que se puede encontrar en el segundo CD de Orphans, una colección que incluye canciones inéditas, rarezas y demás especies extrañas.

Les dejo, que la Sharon empieza a meter mano en plan guarro.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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