El Gran Wyoming: “La gente consume la mentira a sabiendas porque es lo que quiere oír”

Estimados lectores:

Voy a dejarles la primera parte de la entrevista que, hace unos años, le hice a El Gran Wyoming. La situación, lamentablemente, si ha cambiado algo ha sido a peor. En muchos sentidos, considero que es un texto intemporal y, sobre todo, que merece mucho la pena no por las preguntas de un servidor, sino por las respuestas del entrevistado.

Espero que les sea de su agrado.

Hay personas que impresionan radicalmente. El motivo de la sorpresa suele ser, en general, llamativo (tan llamativo, que te marca para bien o para mal). Llevando la situación al extremo más desagradable: ¿quién le diría a los estadounidenses que los afganos a los que ellos entrenaron durante la Guerra Fría les atacarían el 11 de Septiembre? Y, llevando la situación al extremo más agradable –aplicado a mi modesta persona-, destacaría la entrevista que le hice a D. José Miguel Monzón, o Chechu, o Gran Wyoming, o Guayo…

Asistí como público a su programa, El Intermedio, a mediados del pasado marzo. Al acabar el show, me dirigí a él y le planteé la entrevista de la siguiente forma: “Wyoming, además de guapo, soy estudiante de Periodismo…” Me comentó que sería complicado y que pasaría una buena parte del tiempo ensayando. En definitiva, Miguel Sánchez Romero, el director del programa, me facilitó su correo electrónico, y programamos una entrevista en medio de ese Mare mágnum de inconvenientes. Por motivos de trabajo, pedían por favor que la entrevista fuera breve. En realidad, no duró más de 15 minutos. Sin embargo, se aplica de pies a cabeza aquello de: “lo bueno breve, dos veces bueno”. No imagino la extensión de la entrevista plasmada en papel si Wyoming y yo hubiéramos estado una hora hablando. Daría para un gran libro. El tema de la entrevista fue el éxito; el desarrollo de ella, ahí lo tienen.

Wyoming, en su pequeño camerino –una percha, un pequeño armario y un par de canapés-, respondió a las cuestiones de una forma totalmente seria, inteligente, reflexiva y completamente lejana a sus satíricos e ingeniosos chistes. Wyoming me sorprendió. Sinceramente, lo subestimé: jamás llegué a pensar que era tan inteligente, que estaba tan preparado, que iba a contestar así. Contestó desde la profundidad que sus chistes guardan, pero sin el maquillaje del humor.

P: Defíname el “éxito” aplicado a su persona.
R: El éxito. Mmm… desde el punto de vista social significa que tienes todas aquellas cosas que, cuando no tienes éxito, no puedes conseguir. ¿De qué hablamos? Hablamos de tiempo, hablamos de dinero, hablamos de chicas… Todas esas cosas estupendas el éxito te las proporciona. ¿En qué consiste el éxito? Mmm… tiene más facetas y es que te conviertes también en un objeto social que celebrar; la gente te lleva a sitios en los que no pintas nada sólo porque piensan que van a ganar algo, y luego te pasas la vida haciéndote fotos con desconocidos. Todo el mundo lleva una cámara encima y te haces fotos. Entonces ese es el impuesto revolucionario, que es un coñazo porque la gente te aborda. La ventaja es que en la hostelería todo el mundo te trata muy bien, te dan una buena mesa y quiere que salgas contento de su restaurante. Eso es lo bueno.

P:¿La felicidad es la clave del éxito, o al revés?
R: No, no está claro dónde está la clave… La felicidad es un… El secreto de la felicidad es saber administrar la vida que le toca a uno, que puede ser tan desgraciao tanto en el éxito como en el fracaso. Pero, tiene que saber tener inteligencia suficiente para administrarlo bien, y disfrutar y ser conscientes de lo que está ocurriendo. Y entonces, pues eso. Pero vamos, el viejo axioma de que el dinero no hace la felicidad…

P: Devuélvalo (Risas).
R: …la miseria tampoco. O sea, el dinero puede colaborar a que si alguien tiene un proyecto en que su felicidad consiste, por ejemplo, en conseguir cosas, pues el dinero le va a ayudar sin ninguna duda.

P: Ser guapos e inteligentes está muy bien, ¿pero cuánto pesa el dinero?
R: Hombre, en la sociedad en la que vivimos, absolutamente materialista, el éxito sin dinero no existe. Van siempre paralelos. O sea: uno tiene éxito; automáticamente ingresa. Es más, nadie se creería que un hombre en la ruina es un hombre de éxito, sino un perdedor (por desgracia).

P: ¿Parte del éxito de algunos es darwinismo social al revés? Es decir, ¿por qué hay tantos periodistas con carrera en el paro y Kiko de Gran Hermano llena las pantallas?
R: Existe eso y ahora más que nunca, porque antes el factor fama iba asociado a solamente a la buena fama. Es decir: la mala fama incluía que, socialmente, uno fuera marginao o denostao. Ahora no. Ahora uno puede salir en televisión por ser un cabrón. Y eso le hace que sea un personaje de televisión que hace ese papel y le convierte también en otro sujeto, como decíamos antes, objeto social a celebrar exactamente igual que el que tiene buena fama. Y esto está creando modelos sociales que son una auténtica desgracia para la sociedad. Que tú pones la televisión, y en el 80% de los debates, la gente que sale son auténticos desgraciaos. Y gente que no aporta nada y que nunca ha hecho nada. Pero parece ser que la sociedad reclama ese tipo de personajes porque les hace sentir mejor que ellos, se sienten mejor que lo que ven en televisión, y eso le cura el complejo de inferioridad y les dará cierta autoestima, supongo. “Yo soy mejor que ése”, con lo cuál se sienten más aliviaos. No lo sé. Pero desde luego es una aberración que va a trastornar el sentido ético de nuestra Historia.

P: Ole (risas). ¿El Pocero de Seseña es la prueba actual de que la teoría marxiana de la plusvalía aún sigue vigente?
R: Bueno, evidentemente y cada vez es mayor la diferencia porque, claro, la plusvalía, entendida como la diferencia entre lo que uno produce y lo que obtiene por producirlo (que es lo que gana el empresario), cada vez es mayor. O sea que los beneficios de las empresas son, cada vez, infinitamente mayores mientras que la gente que produce ese beneficio está en una situación de inseguridad también mayor. Es muy difícil que una persona de 20 ó 24 años haga un proyecto de vida. Imposible, totalmente. No tiene ninguna seguridad; no tiene ninguna estabilidad ni siquiera aquél que no tiene grandes ambiciones (no sólo aquél que no quiere llegar tan lejos y que quiere estar tan tranquilo) no le ofrecen la posibilidad. Y no se la ofrecen porque en el mundo empresarial, tal y como hoy existe, nadie quiere tener lastres, nadie quiere tener empleados; quieren una especie de colaboradores espontáneos, fortuitos y ocasionales, que le hacen rico a corto plazo, pero de los que se puede prescindir sin ningún problema. Y esto ha complicado mucho la situación.

P: Otra clave del éxito puede ser engañar al pueblo, manipular la información. En ese sentido, doctor Monzón, ¿cuál es el estado de salud de los medios de comunicación españoles?
R: Bueno. Mmm… peor que nunca, creo sinceramente. Relacionado con lo que decías tú al principio de esta pregunta… el hecho de lo que hablábamos… es que las cosas tienen una relación causa – efecto siempre. Cuando hablamos de que no salen más que estúpidos y delincuentes en la televisión y gentuza, tiene un peso social luego. Es decir, baja el código moral de la gente. No hablo de la moral religiosa, sino del código ético real (de lo que es el sentido de la honradez, la gente no sé qué, y tal). Entonces, ¿qué es lo que ocurre? Que la gente, por ejemplo: la palabra es una cosa que se ha perdido. Lo de la palabra, totalmente. Mmm… Entonces ahora la prensa trabaja y se inventa bulos, y se inventa historias, y miente deliberadamente. O sea, que hay periódicos que llega la mañana, reúne a la gente y les dice cuál es la mentira que… Hombre, no se trabaja así… no se dice el adjetivo nunca, pero se les lleva para que conduzcan, para que inventen una serie de historias, como por ejemplo: el paradigma de estos últimos años ha sido “El Mundo” con todo el tema del 11-M. ¡Es que eso es la hostia! Lo que han llegado a decir, que si una cinta de la “Orquesta Mondragón” de que si es una clave o no sé qué… Gilipolleces de un calibre. Y van de gente muy seria, con un prestigio periodístico… ¡Qué vaya! Y no lo han perdido: esto es lo triste. ¿Por qué? Porque están fabricando información para gente que quiere que le cuenten eso.

P: ¿Por ejemplo?
R: La gente consume la mentira a sabiendas porque es lo que quiere oír. Quiere que oficialicen lo que él quiere escuchar. Es decir, yo quiero decir que, por ejemplo, pues esto del 11-M. Yo quiero decir que… A mí me viene bien pensar que Zapatero está detrás del 11-M y que es el cerebro intelectual del atentado. Y quiero que alguien me lo cuente porque si lo pienso yo sólo, en el bar me van a llamar gilipollas. Entonces yo necesito que un periódico me lo certifique como si fuese un notario. Entonces ahí tienes un periódico que te da la mentira que tú quieres para tú consumo interno y poder defender que hay que cambiar las cosas de otra forma. Esto, por ejemplo, es nuevo. Esto es absolutamente nuevo. Todos los periódicos siempre han tenido su línea editorial y una ideología, y han visto las cosas desde una forma subjetiva, es decir: vendían opinión, que eso es de lo que se trata, y cada uno elige. Pero no la mentira sistemática, al punto que se ha perdido el sentido de la verdad. Totalmente. Yo he estado con periodistas, señores mayores, incluso periodistas de mucho prestigio, y yo estaba alucinao escuchando las cosas que decían. “La verdad, ¿dónde está la verdad?”. Ese tópico de que tú vas a un kiosco y ves las portadas de los diarios… ¡Cojones! ¿Dónde está la verdad? Basta con no mentir. Es que es tan sencillo como eso: basta con no mentir. Pero el que no sabe dónde está la verdad y dónde está la mentira, ya tiene un serio problema. Y si además se dedica a informar y a vender periódicos, pues ya el problema es gordísimo. Pero creo que al nivel tan bajo que ha llegado el Periodismo actualmente (no en calidad de narración, sino en calidad de interpretación), yo no lo había visto nunca. Es decir, con Franco se prohibía y se censuraba, pero estas cosas no ocurrían. Lo blanco era blanco y lo negro era negro. Estaba todo clarísimo.

Guayo y yo

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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