‘Tempest’, el nuevo disco de Dylan: un bendito fracaso religioso

El músico estadounidense Bob Dylan (Duluth, 1941) publicará el próximo 11 de septiembre Tempest, su trigésimo quinto disco de estudio, que incluye una decena de canciones nuevas y de composición propia –excepto “Duquesne whistle”, coescrita junto a Robert Hunter, exletrista de The Grateful Dead-.

Dylan deseaba que Tempest fuera un disco religioso, “pero no tenía suficientes canciones religiosas. Lo que quería hacer eran canciones intencional y específicamente religiosas. Exige mucha más concentración hacer diez temas con el mismo hilo conductor que el disco finalmente salió”, declaró en la edición estadounidense de Rolling Stone. Así, el único tema que podría pasar por gospel en Tempest responde al nombre de “Long and wasted years”, una canción intimista en la que Dylan reflexiona sobre el sentimiento de culpa.

Por lo demás, el cantautor ha hecho con su disco –lo ha producido él mismo, bajo el pseudónimo de Jack Frost- lo que le ha dado la gana. En general, Tempest es un LP de folk, con melodías que oscilan entre el blues, el folk y la balada, y en el que Dylan ha mezclado canciones que oscilan entre los tres minutos –“Soon after midnight”- y los catorce –“Tempest”-.

Para grabar Tempest, Dylan se ha rodeado de su cuadrilla de músicos habitual: Charlie Sexton y Stu Kimball, a las guitarras; Tony Garnier, al bajo; Donnie Herron, al steel guitar, y George Receli, a la batería. Además, el músico de Los Lobos, David Hidalgo, aporta acordeón, violín y guitarra.

El Titanic, John Lennon y un asesino en serie

No encontramos mucha religión en el trabajo, pero sí mucha literatura intemporal, mucha filosofía y mucha oscuridad. El disco empieza con “Duquesne whistle”. La canción más comercial, ligera y pegadiza es una historia de ferrocarriles que alude al pitido del tren de la localidad de Duquesne. La melodía arranca con una añeja combinación de piano, teclado y guitarra acústica que podría enmarcarse, perfectamente, en una película de cine mudo. En cuanto la batería marca el ritmo, entra en tromba el resto de la banda, transformándose la canción en una especie de country-swing con ligeros toques de jazz.

A partir de la segunda canción, Dylan se vuelve más misterioso e hila más fino. Tempest continúa con “Soon after midnight”, una balada que, musicalmente, entra muy bien por los oídos, pero en la que no queda muy claro si el cantautor habla de un amor “con la reina de las hadas” o de un estado de ánimo que oscila entre el miedo, la depresión y la venganza: “Mi corazón es temeroso, nunca está alegre, he estado en el matadero”.

Aunque en Tempest no hay canción protesta, sí que hay un par de temas que rezuman ironía, crítica social y mala leche a punta de pala. En el blues “Narrow Way”, Dylan dice que “este es un país difícil para sobrevivir, las cuchillas están por todas partes y están destrozando mi piel”. Después, en “Early Roman Kings”, una historia de rencores y traiciones ambientada en la Antigua Roma, pero perfectamente aplicable a cualquier época, Dylan atiza a los “emperadores romanos”, que primero “destruirán tu ciudad y, después, te destruirán a ti”. La canción, que melódicamente recuerda a espuertas a Muddy Waters, cuenta con el acordeón de David Hidalgo.

Literatura intemporal, decíamos antes. En “Pay in blood”, Bob Dylan relata la crónica de una venganza en la que “pagará con sangre, pero no con la mía”; en la intensa y oscura “Scarlet town”, describe un pueblo maldito, y en “Tin angel”, cuenta la historia de un triángulo amoroso y menciona a Henry Lee Lucas, un asesino en serie estadounidense.

La canción que da nombre al disco, “Tempest”, es un cantar de gesta compuesto de 45 versos que dura 14 minutos en el que Dylan relata, a su manera, cómo se hundió el Titanic –mención a Leonardo di Caprio incluida-. “La gente va a decir: “No es muy verídica”. Pero a un compositor no le importa la veracidad. Lo que le importa es lo que debería haber sucedido, lo que pudo haber pasado. Eso es su propio tipo de verdad”, dijo el compositor al respecto. Para la melodía, el cantautor ha confesado que se basó en una canción de la Carter Family, “The Great Titanic”: “Una noche estaba tonteando con esa canción. Me gustó la melodía (…) Tal vez me apropie de esta melodía. Pero, ¿a dónde voy con ella?”.

El disco termina con “Roll on John”, una elegía a John Lennon en el que Dylan cuela versos de canciones de The Beatles como “Come together”, “Ballad of John and Yoko” y “Slow Down”. El disco finaliza con un “que tu luz brille, sigue adelante, ardiste de forma muy brillante. Vuelve pronto, John”.

(Gracias a Antonio Cambronero y a Guillermo Carvajal por facilitarme el material)

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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