Adiós, Chamana

Noche, guateque y danzón se van, con Chavela, al cielo. No sé si optará por la vía precolombina o por la cristiana, ya qué México es muy azteca pero también muy de Virgen de Guadalupe, y la Vargas, pese a su origen costarricense, es más mexicana que Pancho Villa, que el Distrito Federal y que José Alfredo Jiménez, -ay, qué bien cantó sus rancheras.

Ponme la mano aquí, Macorina, ponme la mano aquí. No se me escandalicen los dioses, ni los santos, ni los beatos, que la dama que marcha a lo más alto, por lo más alto, posee un grueso historial de copas y de mujeres. Muéranse de envidia los coros de ángeles, que la sacerdotisa Chavela, la Chamana Vargas, derrocha voz e interpretación hasta el último trago, en el que nos vamos.

Se nos fue la Vargas, carajo, y lloramos su muerte, no tan bien como La Llorona, ya que esta no llora como nadie. Lloramos desde Madrid, donde Chavela se agotó y fue ingresada, después de homenajear a Lorca y de dormir donde durmió Lorca, en la Residencia de Estudiantes. En México, la muerte le dio la puntilla.

“Chavela se fue y lo hizo como las grandes: con su medallón de chamana y con su jorongo rojo puesto. Viva #LACHAMANA”, escribió su gente más cercana en la cuenta de Twitter de la artista poco después de que se apagara la voz de una mujer guerrera.

Un coro de mariachis llora, en la Puerta del Sol, tu muerte. Yo soy el del guitarrón.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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