Crónica formal del concierto de Dylan en Bilbao

La liturgia dylaniana se saltó el comienzo de la misa, que es el siguiente:

“Damas y caballeros, permítanme presentarles al poeta laureado del rock’n’roll. La voz de la promesa de la contracultura de los sesenta. El chico que forzó al folk a meterse en la cama del rock. Que se atavió de maquillaje en los setenta y desapareció en el humo del abuso de sustancias. Que emergió para descubrir a Jesús. Se le consideró una figura acabada al final de los años 80, y de pronto cambió de marchas publicando algunas de las mejores canciones de su carrera desde finales de los 90. Damas y caballeros, el artista de Columbia Records, Bob Dylan”.

La introducción de los conciertos de Dylan, adaptada de un texto sobre el cantautor publicado en un periódico estadounidense, me parece que en 2002, no fue narrada en Bilbao. Salió su banda, salió él, y sin mediar palabra, sin un “buenas noches”, sin un “hola Bilbao”, sin ningún saludo, vamos, arrancó una edición más del Never Ending Tour, con un poderoso “Leopard skin pill-box hat”, del Blonde on blonde. El público de la explanada del Guggenheim empezó a babear.

Se le vio al de Duluth muy contento, socarrón, sonriente, bailarín –más cerca de Chiquito de la Calzada que de Fred Astaire, en este aspecto-. Había que conocerse muy bien el repertorio de Dylan para adivinar qué canción cantaba: maravillosas e irreconocibles resultaron las versiones de “Man in the long black coat” –de Oh, mercy-, muy tex-mex, encaminada en el rock sureño, de frontera; y de “Things have changed” –de la BSO de Jóvenes prodigiosos-, más country que la versión bluesera original.

Maravillado me dejó la versión de “Tangled up in blue”, del Blood on the tracks: la primera parte, en acústico, con un punteo ligero de eléctrica; la canción va creciendo en ritmo y en cuerpo hasta que Dylan cierra la estrofa –iba a decir estribillo, pero no me atrevería a decir que esta canción lo tuviera-, y zas, golpazo a la batería, y a hacer rocanrol.

Dylan, que comenzó el concierto en el órgano, tocó estas tres últimas canciones de pie, sin guitarra y sin teclado alguno, pero con su armónica. El de Minnesota estaba en su salsa, y no paró de bailar, de moverse, de interpretar. “Aquí estoy yo y mis huevos”, le faltó decir –en inglés, claro-.

Después, Dylan tomó las riendas del piano para tocar dos canciones de Modern Times –el disco que me enganchó-: “Rollin’ and Tumblin’” y “Spirit on the water”, seguidas por “Summer Days” –de Love and theft– y por todo un himno: “A hard rain’s a-gonna fall”. Hasta este momento justo del concierto, este tema fue el más coreado por el público.

Tras “A hard rain’s a-gonna fall”, Dylan tocó “High water (for Charley Patton)” –también de Love and theft–  y  “Simple twist of fate”, con la que, pa’ qué negarlo, “me se” puso el pelo de punta. Fue en el único tema en el que pudimos ver al cantautor tocando la guitarra. Al final de la canción, se quedó él solo tocando y se equivocó. No se dio cuenta ni Cristo, pero se equivocó. Y lo mejor de todo, es que ese error sonó de maravilla.

A excepción de “Can’t wait” –de Time out of mind– con el que el público se apalancó un poco, el remate del concierto fue una gramola de himnos: “Highway 61 revisited” –Antonio, con motivo, la confundió al principio con “Maggie’s farm”: los acordes son similares-, “Thunder on the mountain”, “Ballad of a thin man” –en el que Dylan cantó con efecto eco, a lo Bunbury con los Héroes del Silencio-, y las más aplaudidas, cantadas, saltadas, lo que quieran: “Like a rolling Stone”, “All along the watchtower” y, como único bis, “Blowin’ in the wind”.

Hasta aquí, la crónica formal del concierto. Mañana ya les cuento otras cosillas.

 

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

3 comentarios sobre “Crónica formal del concierto de Dylan en Bilbao

  • el 12 julio, 2012 a las 1:02 pm
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    Lo que más me gusta de Dylan es que hace un concierto cada tres días desde hace cuarenta años, y alli donde va y aparece, las gentes del lugar lo tienen que ver como un “gran evento”, debido a esas imagens figurativas de los años sesenta y setenta que tiene el gran público, de las cuales sacan su idea de lo que van a ver, para encontrarse despues con un gruñón que solo está ahi para batir todos los records, como si estuviera ensayando en el garaje de su casa, junto con todos los bootlegers que registran las cosas y la musica a la espera de ese supuesto hecho “unico” que puede ocurrir en el momento mas inesperado. Tendriamos que agradecer a Dylan el hecho de haber hecho del mundo su garaje personal, y que tarde o temprano pase pro aqui o por allí para poder acercarnos a uno de sus ensayos casi diarios, para ver “si nos toca algo desde la última”, desde aquel “Million Dollar Bash” de Londes del año 2005, o desde “Like A Rolling Stone” de Brasilia” de este año 2012…

    – ¿Qué tal señor Dylan, va a hacer algo en el concierto de esta noche?
    – No lo sé, diria que no depende de mi, yo me dejo llevar en el escenario y si viene algo inspirado ahí estarán mis bootlegers para registrar la historia.
    – Y el resto del publico.
    – ¿Ah es que hay mas público?…

    – Gracias por todo Señor Dylan.

    -_______________________________________________—

  • el 12 julio, 2012 a las 11:30 pm
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    Gran crónica, si señor. Acompaño la (mucho mas modesta) que he enviado esta mañana a mis compañeros del foro Stereo Zone.

    Hola a todos,

    Acabo de llegar de Bilbo, aún en estado de shock después de asistir ayer un memorable concierto de Bob Dylan, resulta muy difícil expresar en palabras las tremendas emociones que se experimentan cuando te enfrentas cara a cara con la genialidad pura y dura, Dylan en la explanada del Guggenheim estuvo soberbio, como no le había visto desde hace mucho tiempo, en realidad tan solo la primera vez , 1989 Madrid, experimenté las vivas, intensísimas, sensaciones de ayer, dos conciertos radicalmente diferentes, dos universos creativos.

    Ver a un ARTISTA, un CREADOR, en acción es impagable, muchas veces en las reviews de expectingrain.com – boblinks.com de algunos sus conciertos el (los) comentarista(s) lo describen como presenciar a Leonardo, Picasso o Van Gogh pintado la Gioconda, el Guernica o los Girasoles, es así exactamente, las interpretaciones de Can´t Wait, Highway 61, Simple Twist of Fate o Thunder on the Mountain en Bilbao fuero esto. En algunos momentos la conjunción con su expertísima banda no era perfecta, pero es que en muchos momentos Bob estaba en el presente-futuro y sus compañeros seguían aún en el pasado.

    Por increíble que parezca Bob ha vuelto a mutar, el Dylan que vi hace dos años en Barcelona, el mismo de hace cuatro en Hoyos de Espino (Ávila) y Granada , de hace seis en Donostia, y de hace 8 años en Alcalá de Henares (Madrid) YA NO EXISTE; lo grandioso es que Bob no se encierra en una crisálida, no se esconde, muta delante de su público, en vivo y en directo, y sus músicos deben irse acoplando al nuevo creador y director de orquesta. No solamente han cambiado drásticamente las canciones (el Can´t Wait de ayer no tiene absolutamente nada que ver con cualquiera de las interpretaciones que yo haya escuchado, dos presenciales e innumerables en disco) no es que haya dado una nueva vuelta al calcetín, ha tirado el calcetín y tejido otro completamente diferente con el único nexo común de +/- la letra, no es un arreglo diferente, la canción es otra, completamente nueva, terminada de escribir en ese mismo instante.

    Y ha mutado también como intérprete, ya no interpreta solamente con la voz (a lo Gassman), subiendo, bajando, recalcando, susurrando, lo hace con todo su ser, como un gran actor de teatro y de mimo a la vez, ha acentuado la vena chaplinesca, siempre presente desde sus comienzos en Greenwitch Village y le ha añadido un aire (en mi modesta opinión) a lo Maurice Chevalier, verlo con los prismáticos es toda una experiencia, os lo aseguro.

    No quiero extenderme más, tengo aún que madurar y asimilar esta tremenda experiencia, pero no quiero despedirme sin una (malsana) dedicatoria, “something is happening here but you don´t know what it is, do you Mr. Manrique?”

    Saludos.

  • el 27 julio, 2012 a las 1:23 pm
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    Si, estoy tambien de acuerdo con que solo el hecho de ver a Dylan y el poder decir a los nietos que uno le vio en persona, ya merece o lleva consigo todo ese centrifugado de emociones que se narran en el post anterior y que evidentemente todos los admiradores llevamos dentro. Yo creo que Dylan es tan amplio que abarca cualquira de nuestras opiniones y todas tienen un lugar correcto denro de esa amplitud. Felicitaciones por esta cronica y este espacio dedicado a Dylan en Bilbao. Ha sido más que un grato placer encontrarlo asi como leer los comentarios.

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